Domingo, 13 de Abril de 2008

Nubes que predicen seísmos

Un estudio de geofísicos chinos muestra extrañas formaciones nubosas en el epicentro de terremotos posteriores

MANUEL ANSEDE ·13/04/2008 - 21:40h

Una mujer contempla las ruinas de Haydar Abad, una localidad iraní arrasada por un terremoto el 31 de marzo de 2006. AFP

En diciembre de 2004, una rendija kilométrica se abrió en una nube posada a lo largo de la falla más activa del sur de Irán. Durante horas, la fisura permaneció petrificada en el cielo, a pesar del tenaz movimiento de las nubes cercanas. Dos meses después, un terremoto de magnitud 6,3 en la escala de Richter sacudió la región, provocando la muerte de más de 600 personas. El día de Navidad de 2005, las mismas nubes hendidas reaparecieron y, 64 días después, la tierra se revolvió en un retortijón de 6 grados Richter.

En ambos casos, según los geofísicos Guanmeng Guo y Bin Wang, de la Universidad de Nanyang (China), estas nubes extrañas, acompañadas por una subida de la temperatura, sobrevolaron el futuro epicentro del terremoto. Las nubes advertían de un inminente movimiento sísmico.

Estos investigadores han estudiado la formación anormal de nubes en la falla más activa de Irán, utilizando datos de satélites geoestacionarios. Su conclusión, publicada en el último número de International Journal of Remote Sensing, es que la salida de gases calientes desde el interior de una falla puede disipar el agua de las nubes, creando ranuras que actúan como chivatas de los terremotos.

"Como una serpiente"
El estudio del firmamento como herramienta para predecir terremotos es antiguo, aunque polémico dentro de la comunidad de sismólogos. El químico chino Zhonghao Shou, ya jubilado, sostiene que chinos e italianos ya escrutaban las nubes para vaticinar terremotos hace 300 años. Según Shou, la primera predicción exitosa de un movimiento sísmico aparece en la obra china Crónica del condado de Lon-De, de principios del siglo XVII: "Era un día soleado, el cielo estaba claro y azul. De repente, aparecieron hilos de nubes negras surcando el cielo como una serpiente. La nube permaneció mucho tiempo, lo que significaba que habría un terremoto". En opinión de este químico, el presagio se corresponde con el seísmo que asoló la provincia de Ningxia en 1622.

Desde hace una veintena de años, Shou, sin mucha credibilidad dentro de la comunidad científica, se jacta de haber predicho decenas de terremotos, incluido el de magnitud 7 que afectó a 370.000 iraníes en junio de 1990. El nuevo estudio de sus compatriotas Guo y Wang ha musculado sus tesis y ha reavivado el debate en torno a sus hipótesis.

El estudio del firmamento como herramienta para predecir terremotos es antiguo, aunque polémico

El portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología, Ángel Rivera, cree que el estudio de Guo y Wang "no es ninguna tontería, porque tiene fundamento físico". A su juicio, los gases que escapan de las fracturas de la corteza terrestre pueden formar nubes irregulares, pero sólo en ciertas condiciones atmosféricas. "Es un estudio serio, pero insuficiente. No me parece que pueda tomarse como un elemento clave para la predicción de terremotos", asevera.
La geofísica María José Jurado, del Instituto de Ciencias de la Tierra Jaume Almera (CSIC), tampoco es partidaria de universalizar las conclusiones del estudio de Guo y Wang. "Seguramente hay fallas que son observables gracias a las nubes, pero con el conocimiento del que disponemos hasta la fecha, no se puede generalizar", opina.

Jurado, que estudia el origen de los terremotos en la costa este de Japón, reconoce que, de momento, los movimientos sísmicos son impredecibles: "Sólo sabemos en qué zonas hay una alta probabilidad de que se produzcan. Si se pudieran predecir, ya lo habrían hecho los estadounidenses en la falla de San Andrés".

El obstáculo de la ionización

El investigador Friedemann Freund, del Centro de Investigación Ames de la NASA, en Moffett Field (California, EEUU), ha descubierto que cuando las fuerzas tectónicas ‘estrujan’ grandes volúmenes de roca, surgen corrientes eléctricas muy potentes que pueden permanecer en el aire durante horas o incluso días. Los geofísicos Guo y Wang creen que esta ionización podría estar implicada en la creación de las nubes anómalas que preceden a los seísmos. Pero se enfrentan a un obstáculo difícil de brincar: el conocimiento actual sostiene que los iones contribuyen a la formación de nubes, no a su desaparición. 


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