Domingo, 13 de Abril de 2008

Poniendo cara al sida en África

Una periodista recoge en un libro 28 testimonios de personas infectadas por VIH en el continente que más lo sufre

AINHOA IRIBERRI ·13/04/2008 - 21:30h

Anne Mumbi, que dirige una ONG en Zambia para huérfanos del sida. SHAYNE ROBINSON

En noviembre de 2007 el organismo de Naciones Unidas para el sida, ONUSIDA, hizo públicas sus últimas estadísticas sobre la enfermedad. El número de personas que convivían con el virus que causa la enfermedad, el VIH, ascendía a más de 33 millones. De ellos, 22,5 millones habitaban en la región de un continente: África subsahariana. Cuando se habla de cifras tan elevadas es difícil poner cara a una pandemia como el sida. Quizás sea más fácil así para la conciencia de occidente, donde, gracias al acceso rápido y fácil a los fármacos antirretrovirales, el sida se ha convertido en una enfermedad crónica. En África no lo es, y sólo en 2007 murieron allí de sida 1,6 millones de personas. 

En África sólo en 2007 murieron allí de sida 1,6 millones de personas

La corresponsal en el continente del diario canadiense The Globe and Mail, Stephanie Nolen, ha puesto su granito de arena para que Occidente mire de frente el drama del sida en África. Para ello, ha recopilado 28 testimonios de personas -con su fotografía- afectadas por el VIH, tanto enfermos como personas a las que la epidemia ha cambiado la vida sin sufrir la enfermedad.

Es el caso de Regine Mamba, quien pasó de ser una tranquila jubilada en un pueblo de Zambia a tener que hacerse cargo de más de 10 de sus nietos, tras morir tres de sus hijas de sida. O el de Agnes Munyiva, una prostituta keniata que es inmune al VIH y que, junto con otras compañeras, ha ayudado en distintas investigaciones para intentar desentrañar su secreto; el mismo que utilizan los negacionistas del sida para rechazar la transmisión sexual de la enfermedad. Pero incluso al hablar de enfermos, la autora de 28 historias de sida en África (Kailas Editorial, 2008) se cuida mucho de no generalizar. ¿Sabe el occidental medio, por ejemplo, que la adquisición de antirretrovirales en África es un problema hasta para las personas de clase acomodada? El testimonio de Ibrahim Umorú, que vendió todas sus pertenencias -tenía un buen sueldo como coordinador de seguridad de una compañía pesquera- para pagarse el tratamiento que necesitaba ayuda a hacerse una idea de la situación.

Regine Mamba pasó de ser una tranquila jubilada a tener que hacerse cargo de más de 10 de sus nietos

Nolen no duda en atacar a todos los agentes responsables de la epidemia en África: gobiernos corruptos, hombres para los que la opinión de su mujer no vale nada, farmacéuticas que sólo venden baratos -tras las fuertes presiones internacionales- los tratamientos de primera línea (que suelen generar resistencias)... Lo hace con conocimiento de causa: la periodista ha asistido a muertes provocadas por la enfermedad y ha conocido a hombres a quienes no les importa haberla contagiado. En sus nueve años de investigación, la autora ha visto incluso al enemigo con sus propios ojos: fue en un microscopio de un laboratorio de Bostwana. Hablar de lo que ha visto era, para ella, una obligación.

El camionero de las 100.000 amantes

“En África casi todo se transporta en camiones como el de Mohammed; el sida también”, escribe Stephanie Nolen al contar la experiencia de Mohammed Ali, infectado por el VIH que aún no ha iniciado tratamiento porque se encuentra bien. La periodista pasó tres días en el camión con Ali para estudiar la enfermedad en un colectivo profesional que dobla la incidencia de la población normal. El contacto con prostitutas para los que manejan un camión es, al parecer, muy común. “Algunos”, cuenta Ali, “necesitan dormir con una mujer todos los días”. Él mismo afirma que, a sus 48 años, se ha acostado con cerca de 100.000 mujeres. El sueldo de un camionero lo puede permitir. El Gobierno de Kenia instaló consultorios para que los conductores se hicieran la prueba del sida y Ali, que se encontraba bien, fue sólo por dar buen ejemplo. El resultado, positivo, parece haber cambiado su conducta. Su mujer, la legítima, está limpia del virus. 

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