Sábado, 12 de Abril de 2008

Italia aspira al bipartidismo

Las elecciones que se celebran este domingo y el lunes decidirán si Veltroni y Berlusconi logran aglutinar a los partidos italianos

MAR CENTENERA GARÇON ·12/04/2008 - 20:09h

Berlusconi abraza a Alessandra Mussolini, nieta del dictador, diputada por la ultraderechista Alianza Nacional, que forma parte del nuevo partido del ex primer ministro italiano, Pueblo de la Libertad.

El sucesor de Romano Prodi en el centroizquierda italiano, Walter Veltroni, aspira a haber convencido a los italianos convocados el domingo y el lunes a las urnas de que es la inyección de aire fresco que la estancada política transalpina necesita. Su rival, Silvio Berlusconi, se presenta por quinta vez convencido de que la victoria que le han dado todos los sondeos se hará realidad.

A la espera de conocer los resultados, los italianos se preguntan si el nuevo Gobierno será capaz de reactivar la economía del país y dejar atrás su ingobernabilidad crónica.

De cara a estos comicios anticipados, tanto Berlusconi como Veltroni han intentado simplificar el atomizado panorama electoral italiano. El primer paso lo dio el ex alcalde de Roma, líder del Partido Democrático (PD), cuando dejó fuera de la nueva formación a los comunistas y a los verdes, tradicionales aliados en El Olivo, la coalición de Prodi.

Berlusconi reaccionó optando también por presentarse en solitario al frente del rebautizado Pueblo de la Libertad (PdL). Se desmarcó así de su ala más centrista; la personificada en Pier Ferdinando Casini, el líder de la Unión de Centro.

El objetivo de los dos grandes bloques es convencer al electorado de que son las únicas capaces de gobernar sin el apoyo de partidos pequeños.
Tanto Veltroni como Berlusconi pretenden cambiar la ley actual, aprobada en la recta final del segundo mandato del líder conservador para evitar- sin éxito- el triunfo de la izquierda.

La ley, conocida popularmente como "cerdada", consagró un sistema que prevé mayorías claras en el Congreso, pero no en el Senado. En esta última cámara, el premio de mayoría se otorga por regiones y un partido debería ganar en cada una de ellas para conseguirlo, lo que es casi imposible.

Los partidos minoritarios desaprueban un cambio que les restaría importancia y confían en que la enemistad de los dos grandes les impida llegar a un acuerdo.

Por el momento, tanto Veltroni como Berlusconi han incumplido su intención inicial: el primero se presenta junto al Partido de los Valores del ex fiscal de Manos Limpias Antonio Di Pietro, mientras que el segundo vuelve a contar con el apoyo de los independentistas, Liga Norte y Movimiento por la Autonomía.

Por ese motivo, la Izquierda Arcoiris calienta esperanzada en la banda, confiando en que Veltroni logre dar la sorpresa. Al otro lado del campo espera Casini, dispuesto a dejarse querer.

Berlusconi, un favorito de dudosa honradez

 De él, el periodista Indro Montanelli, que trabajó a sus órdenes, decía que era un "mentiroso profesional". Opinión que comparten sus detractores. Para ellos, Berlusconi, de 71 años, es un millonario corrupto sospechoso de excesivas cercanías con la mafia, que entró en política para evitar a los tribunales y obtener prebendas para su imperio.Para quienes lo admiran, el ex primer ministro es un emprendedor hombre de negocios, capaz de sacar al país de la crisis y aportarle estabilidad; no en vano el candidato favorito logró la proeza, poco frecuente en Italia, de completar una legislatura. De lo que no cabe duda es de que Berlusconi es un esteta. Quizás de dudoso gusto, pero un esteta. Más allá de sus retoques quirúrgicos y de las alzas de sus zapatos, ningún jefe de Gobierno puede jactarse, como él, de haber ordenado, en 2001, que colgaran limones en los árboles de Génova para embellecer la ciudad con motivo de la reunión del G-8.

Veltroni, un hombre bueno pero ambiguo.

 "Soy reformista, no de izquierdas", repite Walter Veltroni, quien se ha alejado de sus orígenes comunistas para asentarse en el centroizquierda con el recién creado Partido Democrático. Con 52 años, los mismos que Nicolas Sarkozy, Veltroni se identifica con la nueva generación que pide paso. Aunque fue viceprimerministro con Prodi y alcalde de Roma durante ocho años, el candidato del PD espera encarnar el deseo de cambio del país, como lo ha hecho Barack Obama en EEUU, de quien ha tomado prestado el eslogan electoral Sí, se puede. Para ello, habla de futuro, de diálogo e intenta no levantar nunca la voz, marcando distancias con los ataques deslenguados de su adversario, al que nunca nombra. Su buenismo le ha llevado a ser el único parlamentario italiano en renunciar a su sueldo vitalicio, que dona a una ONG africana. "Pero también"-una de sus frases más usadas y que refleja su ambigüedad-ha despertado dudas.

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