Sábado, 12 de Abril de 2008

Una labor sin reconocimiento laboral, social ni institucional

Los trabajadores piden un estatuto profesional y su integración en el INEM

M.H. ·12/04/2008 - 19:59h

Fabiana Basso y Toni Martínez, dos de los trece mediadores que tiene la red de La Caixa en Madrid. BLANA DEL AMO.

"Sufrimos un desfase porque no contamos con el reconocimiento social, ni institucional ni profesional". Así resume Carlos Giménez, catedrático de Antropología y director del Instituto de Migraciones, Etnicidad y Desarrollo Social de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), las deficiencias que sufre el colectivo de mediadores interculturales en España. Esta idea es el clamor general de los "bastantes cientos" de personas que se dedican a esta labor y denuncian "precariedad".

La prueba de que esta demanda es un sentir común se refleja en un documento elaborado en el I Encuentro de Mediadores Interculturales, celebrado hace un año en Valencia. Ya en su introducción se lee: "En España, la figura del mediador intercultural es todavía novedosa y, por ello, urge fomentar el reconocimiento profesional de esta práctica, así como un espacio propio de actuación".

Andalucía, Catalunya y Madrid fueron las pioneras en contar con esta figura: gracias a la ONG Andalucía Acoge; la cooperativa de profesionales Desenvolutament Communitari, y la Fundación de la UAM, con Giménez al frente, respectivamente. Así, la diversidad comenzó en su génesis y prosiguió en su formación, con distintos ensayos formativos. En resumen: las administraciones locales y los distintos sectores de la sociedad contribuyeron, pero los mediadores interculturales fueron una iniciativa de las entidades sociales y las universidades, aclara Giménez. Aunque los municipios recogieron el guante.

Una apuesta regulatoria

Ahora, toca dejar de dar bandazos. Para ello, piden un estatuto profesional y que el Estado reconozca su cualificación (competencias para el empleo que se adquieren con formación y experiencia) para entrar en el sistema del Instituto de Empleo (INEM).

El colectivo mueve ficha y lanza su propuesta. Los 150 medidadores reunidos en Valencia diseñaron un modelo en el que enmarcaban su labor en la familia de los Servicios Socioculturales y a la Comunidad, con la competencia general de ayudar a mejorar la comunicación, relación e integración social e intercultural entre personas o grupos culturamente distintos, gestionar conflictos en contextos multiculturales y favorecer la comprensión, el aprendizaje y el desarrollo de la convivencia. "Buena parte sólo consiste en preguntar tras escuchar, ni más ni menos", concluye Giménez.

Algunos 'peros' al modelo


Los inmigrantes agradecen la mediación, aunque destacan la poca historia de este sistema en España. "La experiencia es mínima", señala el vicepresidente de la Federación Estatal de Asociaciones de Inmigrantes y Refugiados en España, Esteban Cancelado. Dada la juventud de esta figura, demanda "mejor formación". El director del Centro de Estudios sobre Migraciones y Racismo de la Universidad Complutense, Tomás Calvo, cree "necesaria" esta función. Pero Calvo advierte de que, a largo plazo, puede ser "contraproducente" porque se delega la mediación en personas que no pueden tomar decisiones, sin fomentar esa "sensibilidad" en quienes sí que las toman, como los funcionarios.
La antropóloga de la Universidad Autónoma de Barcelona Laura Ferrera critica que esta figura es "una forma política de gestión de conflictos" mediante la cual la administración se saca responsabilidades de encima. 

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