Sábado, 12 de Abril de 2008

Ya están limpios y transparentes

En la última labor de restauración de las dos obras se han eliminado los barnices oxidados y retomado el color original

PEIO H. RIAÑO ·12/04/2008 - 00:15h

GABRIEL PECOT - El delicado momento en el que el equipo de conservación trasladó los cuadros del '2 y 3 de mayo de 1808 en Madrid'.

Los dos cuadros que dan forma a los terribles acontecimientos sucedidos el 2 y 3 de mayo en Madrid en la memoria colectiva de este país, han pasado por una suerte de supervivencia absurda en la que la casualidad y lo ineludible siempre han jugado a su favor.

Durante la Guerra Civil española, en 1936, y con el fin de evitar daños, estos cuadros fueron embalados y trasladados en camiones a Valencia, junto a muchas otras obras maestras del Prado. En marzo de 1938 viajaron en ese camión a Gerona y fue en el trayecto cuando el camión chocó al atravesar el pueblo de Benicarló. Las dos obras sufrieron un fuerte golpe que rompió la tela en varios cortes horizontales. Los fragmentos del lienzo se perdieron en la carretera.

La tinta neutra

Con el final de la guerra, los cuadros regresan al Museo en septiembre de 1939. Allí se realiza la restauración de ambos, disimulando los daños y cortes del accidente y aplicando color nuevo. Como en el camino se quedaron partes del cuadro, se desconocía el color original así que los restauradores emplearon la técnica conocida como "tinta neutra": un color uniforme, que no moleste en exceso, se aplica en la zona perdida. Así llegaron hasta la última restauración finalizada la pasada semana.

El barniz que se aplicó en su última restauración, la de 1941, se había oxidado por el paso del tiempo. Perdió la transparencia y se volvió un velo amarillento que alteraba considerablemente la visión de los colores originales. Taly como afirma Enrique Quintana, Jefe del taller de Restauración del Museo, afirma que "eliminar la suciedad y el barniz amarillento supone para la pintura un procesosimilar al afinado de un instrumento musical, facilitando la comunicación entre autor y espectador".

"Se pueden apreciar detalles técnicos y pinceladas que permanecían ocultas"

Así que el equipo decidió aplicarse y rebajar los barnices pasados para recuperar la profundidad y transparencia. "Además se pueden apreciar detalles técnicos y pinceladas que permanecían ocultas", apunta Quintana. "Ahora la luz se percibe con toda su importancia y en todos sus matices". Por último, el Museo consideró que las "tintas neutras" interferían decisivamente y reintegraron la materia e las zonas perdidas, gracias a una buena documentación gráfica anterior a los daños.

La misma mano, dos sensibilidades diferentes 

Marquesa de MontehermosoGoya al servicio de los encargos de la nueva burguesía 

Su última obra pública la pintó en el año 1819: La última comunión de San José de Calasanz, momento que coincide con el período más cruel de la represión de Fernando VII contra los liberales, después de la abolición de la Constitución de 1812. A lo largo de esos años Goya se dedicó en cuerpo y alma a los retratos que le encargaba la corte y la burguesía. A pesar de haber satisfecho plenamente su ambición cortesana, donde triunfó como Primer Pintor de Cámara, Goya necesitaba esa fuente de ingresos para seguir adelante. Por eso no logró independizarse del todo de esos trabajos más amables y sencillos, sin dejar por ello de continuar su investigación psicológica en el retratado, fuera quien fuese, amigo o enemigo, ni dejó tampoco de aplicarle a los objetos una carga metafórica alusiva a las virtudes de los protagonistas. Esa fue la razón por la que los dibujos se presentan hoy como el soporte del Goya más libre y más universal. Con la sobriedad superó la anécdota del color y la pose.  

Goya íntimo, oscuro, crudo y mínimo en el trabajo más personal 

Sobrevivió a la muerte y la experiencia le hizo aplicarse en la independencia, en el amor y las miserias del hombre. Eso fue lo que pasó con un Goya renacido, tratando de no prestarse en cuerpo y alma a los servicios tal y como había hecho hasta el momento. Pero no lo consigue. Aún así pasa del mundo perfecto al mundo de la barbarie, de la corte a la guerra. El Goya que acababa de nacer atendía al hambre y el dolor que le rodeaban en aquellos difíciles años. Lo hizo sin alharacas ni fantasías cromáticas. Fue al hueso de las cosas, con la tinta china y el aguafuerte en los Caprichos, Desastres, Tauromaquia y Disparates. En ellos trazó la huella del salvajismo y la facilidad irremediable con la que el ser humano se vuelve bárbaro entre la barbarie. Pero esto sólo le alimenta y con eso no basta. La enorme coherencia de su trabajo le permitió seguir comiendo de los encargos que se sucedían sin parar y al tiempo mantener intacta su dignidad creativa. 

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