Miércoles, 9 de Abril de 2008

El ‘jefe’ triunfa... entre sus fieles

Algunos diputados mostraron poco entusiasmo

MARIA JESÚS GÜEMES ·09/04/2008 - 07:26h


Soraya Sáenz de Santamaría conversa con el presidente del PP, Mariano Rajoy, en presencia de Ángel Acebes. EFE

A primera hora, en el PP tenían la sensación de que Rajoy se la jugaba, que todos los ojos estaban puestos en él, más tras las palabras de Esperanza Aguirre. Pero algunos de los parlamentarios trataban de quitarle hierro al asunto y bromeaban entre sí: “¡Mira, yo no me voy a presentar al Congreso!”.

Tras escuchar a Zapatero, los dirigentes conservadores sabían que Rajoy lo tenía difícil. Veían al mismo presidente del Gobierno que en la legislatura anterior, pero también reconocían que había cambiado su tono. “Vamos, el abrazo del oso”, resaltaba un diputado. En el PP pensaban que Rajoy debía pedirle mayor concreción y presentar las alternativas de su formación.

En parte lo hizo. Pidió a Zapatero que no se fuera por “propósitos evanescentes” pero no enunció sus propuestas porque, a su ver, no le correspondía. “Ya me gustaría presentar mi programa de gobierno, pues eso significaría que estaría en su lugar, pero no he ganado”, comentó ante la Cámara.

A su salida, su círculo de confianza se apresuraba a impartir doctrina. Su jefe había estado “fenomenal”. Los suyos defendían su intervención inicial. Además, en el turno de réplica le habían visto “enérgico” y “contundente”.

Al abandonar el hemiciclo, Rajoy le comentaba a los periodistas que estaba satisfecho por su discurso y que no consideraba que en el debate de investidura se estuviera poniendo en cuestión su liderazgo al frente del PP, informa Efe.

‘Déjà vu’

Frente al entusiasmo de los suyos, algunos preferían pasar desapercibidos. No se mostraban tan ilusionados y no querían hacer comentarios, pero asentían cuando se les apuntaba que era un déjà vu: el mismo debate de los últimos años, los mismos protagonistas...

Sin embargo en la bancada del PP, donde no dejaban de aplaudir a su líder, se respiraba un cierto cambio. Las caras de la legislatura pasada se habían desplazado a otros puestos. Al lado del líder, gente más joven. Hasta Pizarro prefería permanecer en un segundo plano. Y la puntilla corrió a cargo de Miguel Arias Cañete quien, con los gestos, le decía a Zapatero que le echaba mucha cara al hablar de economía.