Martes, 8 de Abril de 2008

El premio Bruguera recae en una novela con personajes de "historia con minúsculas"

EFE ·08/04/2008 - 20:43h

EFE - El escritor José María Pérez Álvarez durante la presentación en Barcelona de su novela "La soledad de las vocales", galardonada con el III Premio Bruguera, en una edición en la que el jurado estaba integrado únicamente por la editora Esther Tusquets.

El escritor José María Pérez Álvarez recurre en su novela "La soledad de las vocales", galardonada con el III Premio Bruguera, a personajes de "la historia con minúsculas".

El autor ha señalado hoy en Barcelona que "inicialmente pensé que había escrito una novela terriblemente pesimista", pero el juicio que hizo Esther Tusquets, jurado unipersonal del premio este año, le llevó a matizar esta opinión: "todos los personajes mantienen unas esperanzas mínimas".

El premio, además, fue un acicate personal para el autor orensano, pues casi había tomado la decisión de dejar de escribir: "Prefiero vivir como lector que como escritor, y podría prescindir de escribir, pero no de leer".

Tusquets, a quien no le creó ninguna incomodidad haber sido jurado único, más allá de que no puedes eludir la responsabilidad en un grupo de jurados, ha dicho que resulta sorprendente "la extremada economía del decorado y, sobre todo, el hábil uso de la reiteración".

A su juicio, "no nos encontramos ante una novela triste, sino ante una novela implacable".

El narrador de "La soledad de las vocales" (Bruguera) vive en la pensión Lausana, un tugurio repleto de seres marginados y sin esperanza.

Allí conviven un tapicero serbio, una ex nadadora, un par de homosexuales, un pintor y un discípulo de James Joyce que intenta escribir una novela titulada "La memoria del olvido" y que comparte su habitación con el fantasma de una joven que se suicidó en el mismo cuartucho que él ocupa ahora.

Dejando de lado sus circunstancias personales, todos esos personajes son individuos derrotados y condenados a la soledad, "habitantes de la noche", remarca Tusquets.

Una de las imágenes que el lector retiene en su retina es el letrero luminoso de la pensión Lausana, al que se le van fundiendo letras, dejando apreciar la primera soledad de las vocales, idea que se extiende a otras palabras y silencios, a los sentimientos y al resto de habitantes del edificio.

Para su autor, "La soledad de las vocales" es una "novela coral, aunque esté narrada por una sola voz, porque agrupa en sí misma al resto de personajes, los asume hasta hacerlos protagonistas colectivos".

Pérez Álvarez ha desarrollado una escritura que, en apariencia, puede resultar experimental, pero sus recursos del párrafo corrido, la ausencia de mayúsculas o la supresión de los signos de puntuación son herederas, por ejemplo, "de las manos de Joyce" que añora uno de los protagonistas, y de tantos otros vanguardistas como Virginia Wolf o Samuel Beckett.

El autor gallego confiesa que tiene la impresión de que "autores de diferentes sitios estamos haciendo cosas similares, porque seguramente tenemos preocupaciones y tratamos temas parecidos".

José María Pérez Álvarez (O Barco de Valdeorras, Orense, 1952) trabajó durante diez años en un programa radiofónico de divulgación literaria en la Ser titulado "El libro de la semana", y en la actualidad colabora en la revista "Jano".