Domingo, 6 de Abril de 2008

Una romería se torna en un acto de apoyo a una lesbiana casada

La afectada amenaza con llevar su expulsión a los tribunales si la hermandad no la readmite

PATRICIA RAFAEL ·06/04/2008 - 21:28h

GUILLERMO SANZ - Miembros de la Hermandad, con camisetas de apoyo, llevan ayer a su Virgen durante la romería.

Pocos querían faltar al día grande de su patrona. Y menos este año cuando Abenójar, una localidad de 1.600 habitantes, ha saltado a los medios de comunicación porque el obispo de Ciudad Real obligó a la Hermandad de la Virgen de la Encarnación a que expulse a uno de sus miembros por casarse con la que ha sido su compañera durante más de 15 años. El obispo no contaba con que una mayoría del pueblo arropara a su vecina precisamente en este día.

A las 11 de la mañana muchos ya habían plantado sus toldos, mesas y sillas en unos terrenos junto a la ermita de la virgen. Como en cualquier otra romería no faltaban ni las barracas, ni los puestos de comida ni el escenario para la orquesta que tocaría más tarde.

Como todos los años esperaban a la Virgen que llegaría una hora después tras recorrer los 12 kilómetros que separa la iglesia de Abenójar. Lo diferente eran las decenas de camisetas verdes que lucían muchos habitantes del pueblo. Sobre una estampa de la Virgen se podía leer: "Encarnación sin discriminación".

Mostraban así su apoyo a María Rey, de 54 años, expulsada de la Hermandad el agosto pasado."Ha sido una decisión injusta y tenía que haberse hecho de otra manera", explicaba Felisa Fernández, también miembro de la hermandad. "Ya sé que la Iglesia Católica rechaza los matrimonios del mismo sexo", proseguía, "pero quien esté libre de pecado que tire la primera piedra".

Hace más de un año María Rey y su compañera, Dulce Fernández, decidieron formalizar su relación con una boda. En abril, tras ser elegida vicepresidenta de la Hermandad tras una votación en listas abiertas, el párroco le pidió que dejara su cargo al casarse con una mujer.

Carta del obispado

No hizo caso, pero poco imaginó que el cura, Federico Serrano, de poco más de 30 años, acudiría al Obispado. Así que en agosto la hermandad recibió una carta del obispado que la obligaba a expulsar a María por "escándalo público". La expulsaron pero la Junta directiva dimitió en bloque como protesta y ahora una gestora, presidida por el párroco, se encarga de ella.

María ha recurrido porque, según ella, no ha incumplido los estatutos. "No creo que me respondan, así que acudiré a los tribunales porque es una decisión discriminatoria". No ha sido la única expulsada. Otra mujer que había sido elegida Hermandad Mayor, según explican los vecinos, tuvo que renunciar porque estaba divorciada. También por indicación del párroco, quien ayer declinó hacer declaraciones "por ser un día de fiesta".

En Toledo, Juan Carlos Peñuela ha sufrido una discriminación similar. Tras refundar, junto a uno vecinos, la Cofradía de Nuestra Señora de los Desamparados de Toledo, en pocos meses fue expulsado de su Junta Directiva y, posteriormente, de la hermandad, informa Ramiro Varea.

Recibió una carta en la que le exponían que no reunía "las condiciones oportunas" para ser admitido entre los cofrades. La misiva sostenía que, para ser socio de la hermandad, sus miembros deben garantizar que "se conserva la integridad de la fe y de las buenas costumbres".

"No se admitirán a aquellas personas cuya actividad pública o privada no sea coherente con los postulados de la moral cristiana o pertenezcan a asociaciones condenadas por la Iglesia", añadía. Juan Carlos había sido antes presidente de la Asociación Bolo-Bolo, una agrupación de gays y lesbianas de Toledo.

Noticias Relacionadas