Viernes, 4 de Abril de 2008

"El fraude en la ciencia existe desde siempre"

Entrevista al director de Nature Medicine, Juan Carlos López

AINHOA IRIBERRI ·04/04/2008 - 21:03h

Cuando se habla de la biblia de la ciencia es inevitable pensar en las dos revistas que ganaron el último Premio Príncipe de Asturias en Comunicación y Humanidades: Science y Nature.

Los grandes hitos de la medicina y la biología, entre otros campos, suelen publicarse en uno de estos dos medios. Pocos de ellos, no obstante, llevan sello español, circunstancia que ha motivado a la división latinoamericana de Nature a editar la guía Cómo publicar en Nature y en las revistas de Nature Publishing Group.

La guía fue presentada esta semana en la jornada Retos actuales en la publicación biomédica, celebrada en el CSIC con el patrocinio del laboratorio MSD.

Con este motivo visitó Madrid el director de una de las publicaciones más conocidas del grupo, Nature Medicine, Juan Carlos López (Oaxaca, México, 1966), que considera que llegó a este puesto por una mezcla de tenacidad y suerte, y que cambió hace ya varios años el laboratorio –es doctor en Neurociencia por la Universidad de Columbia (EEUU)– por la redacción en Nueva York de la publicación.

López reconoce que se publica poca ciencia española: “Es un parámetro difícil de medir según si se contabiliza que el trabajo sea 100% español, que tenga a todos los autores de esta nacionalidad o que provenga de un centro de este país. Respecto a esto último, sí sabemos que entre el 2% y el 5% de los trabajos que llegan tiene esta procedencia”.

Sin embargo, subraya la buena calidad y efectividad de la investigación española: “Si dividimos los trabajos recibidos por los publicados, el ratio es del 10%, que es similar e incluso ligeramente superior al de países que mandan muchos más estudios, como EEUU, que envía el 45% de los que recibimos. La calidad no es el problema en España, sino la cantidad”.

El director de Nature Medicine no tiene tan claro que la difusión de los últimos fraudes científicos –el caso más conocido es el hallazgo del coreano Hwang Woo-Suk de haber obtenido embriones clonados humanos y, a partir de ahí, líneas de células madre– haya mermado la credibilidad de las revistas científicas.

Recuerda que la mentira en ciencia “ha existido siempre” y pone como ejemplo el estudio de la memoria del agua; un trabajo francés que Nature publicó –junto al famoso editorial Creyendo lo increíble– que demostraba que las propiedades de un compuesto químico se mantienen en el agua independientemente de cuánto se diluya, la base de la homeopatía.

Tras su publicación en 1988, precedida de la promesa de comprobar el experimento a posteriori, una surrealista expedición, comandada por el director de la época, John Maddox pero que contaba con el ex - mago James Randi, visitó el laboratorio del autor, Jacques Benveniste, para, evidentemente, no conseguir replicar los resultados.

En su opinión, la posibilidad de fraude en su publicación es “mínima” dada la visibilidad que tienen los estudios: “Nosotros actuamos como en los controles fronterizos: paramos algún estudio al azar o si vemos algo sospechoso; también utilizamos software para detectar manipulación de imágenes”.

Conocedor de la ciencia española –estuvo dos años trabajando en el Instituto Cajal de Madrid– cree que las principales fortalezas del país se sitúan en los campos de la biología molecular, la genética y en la neurociencia: “Se está gastando dinero y está regresando gente de fuera de España pero hasta dentro de varios años no se verán resultados”.

Afirma que también se reciben muchos trabajos con firma española sobre cáncer pero cree que, en el campo de la oncología, “se avanza de forma muy gradual”.

Juan Carlos López rechaza cualquier acusación de sesgo y dice que no es más fácil publicar en el grupo Nature si se tiene un nombre: “En los últimos cuatro números de mi revista, el 75% de los estudios era de autores de los que no había oído hablar nunca”.

Para él, explica, la revista es como un restaurante, por lo que nunca haría nada para que su clientela dejara de ir. También se opone con fuerza a la posibilidad de que Nature se convierta en una revista de acceso abierto y defiende que las suscripciones son la única forma de mantener el negocio: “Si se pudiera acceder gratis a los estudios, aunque fuera más tarde ¿cuál sería el valor añadido de Nature?”.

El negocio explica también, para él, la financiación de la mayoría de los trabajos (sobre todo de medicina) por parte de la industria farmacéutica. No le parece mal, siempre y cuando haya transparencia.

Eso sí, si bien pueden financiar, no deben meterse en nada más, como intentó hacer recientemente el laboratorio Pfizer al pedir, sin éxito, a la revista New England Journal of Medicine que le desvelara la identidad de los revisores: “Ésta se debe mantener casi bajo cualquier concepto, como las fuentes de los periodistas; me alegro de la decisión de los tribunales”.

Cuatro falsos mitos sobre cómo publicar en Nature 

1. Hay que ser famoso

López insiste en que no tiene nada que ver ser famoso y en que se han rechazado estudios de gente conocida.

2. Hay que tener amigos

Cree que no hay que ser amigo del director pero sí se ha de ser parte activa de la comunidad científica.

3. Hay que hablar buen inglés

Aunque se agradece una buena redacción, afirma que ningún trabajo se ha rechazado por eso.

4. Mejor ‘white’ que ‘blanco’

No sólo no se rechaza un estudio por el origen hispano de un autor, sino que se rechazaría a un revisor que criticara este aspecto.

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