Viernes, 4 de Abril de 2008

Cheque indígena contra el cambio climático

Los habitantes de las selvas tropicales solicitan su pedazo del pastel en el mercado de emisiones de carbono para ayudar a mantener el hábitat en el que viven.

BERNARDO GUTIÉRREZ ·04/04/2008 - 09:00h

Una india de la tribu Xinguanos amamanta a su hijo. P.A.

Manoel da Cunha vive de la selva amazónica. Convive con ella. La respeta. Y consigue los recursos que necesita sin provocar daño ambiental alguno. De hecho, Manoel reside dentro de la reserva extractivista del medio Juruá, uno de los rincones mejor conservados de la Amazonia.

Pero hace años que la vida, para su familia, es un caos. "Llueve menos. El verano dura el doble, 60 días. Ya no sabemos cuándo plantar, y el ritmo de las cosechas está alterado", asegura, resignado, Manoel.

Los desmanes del CO2 del primer mundo han alterado su vida y la de las 150.000 familias que pueblan la Amazonia brasileña. Sin embargo, después de la Convención del Clima de Bali, que reunió a 186 países, los indígenas y habitantes de las selvas tropicales están más unidos. Solicitan, sin tapujos ni complejos, un cheque para continuar ejerciendo naturalmente de policías verdes. "Sufrimos más que nadie las consecuencias del efecto invernadero y no se nos compensa.

Los servicios que los pueblos de las selva prestan al planeta tienen que ser recompensados", afirma Manoel, que es el presidente del Consejo Nacional de Seringueiros (CNS). Desde el pasado martes, 31 delegados de diez países de América Latina discuten en la ciudad de Manaos los mecanismos compensatorios en el Encuentro Latinoamericano de Cambios Climáticos y Pueblos de la Selva.

Además, en el evento participan representantes del Fórum Permanente de las Naciones Unidas para Cuestiones Indígenas, y líderes de comunidades de Indonesia y Congo.

Aliados fundamentales

aulo Moutinho, director científico del Instituto de Pesquisa Ambiental da Amazônia (Ipam), tiene muy claro que los mejores aliados para conservar las selvas tropicales son sus propios habitantes. "Ellos lo llevan a haciendo hace milenios. Si no les implicamos de alguna manera en la preservación, si no les recompensamos, estaríamos siendo injustos", afirma Paulo Moutinho.

El IPAM tiene un minucioso estudio sobre los mecanismos compensatorios necesarios para los pueblos de la selva. El precio, en palabras del propio Moutinho, "no es tan elevado". El estudio del IPAM establece el coste anual en 162 millones de euros. 115 millones irían directamente a las 150.00 familias. "769 euros por año y familia ayudarían a conservar la selva", matiza Coutinho. El resto de este cheque indígena sería para servicios de protección ambiental.

Pero los pueblos de la selva no sólo reclaman dinero. Piden algún tipo de reconocimiento público e internacional a su papel conservacionista. Y quieren pasar de ser las víctimas silenciosas a protagonistas activos en la lucha contra el cambio climático. "Llamamos a los pueblos de otros países a dialogar porque hemos trabajado históricamente para mantener el régimen climático del planeta", asegura Adilson Vieira, del Grupo de Trabajo Amazonia (GTA), que reúne a 623 organizaciones de la Amazonia brasileña.

Para Paulo Moutinho, si los "fondos de carbono" se limitan a una transacción entre empresas y gobiernos internacionales, sin implicar a los habitantes de las selvas, el resultado será muy limitado.

"Sufrimos más que nadie las consecuencias del efecto invernadero" 

Lo que la reunión de Manaos, que concluye hoy, quiere evitar son casos como el de GreenSeat, una empresa holandesa que ofrece créditos de carbono para reducir las emisiones de CO2. Su proyecto en el Parque Nacional del Monte Elgon, gestionado por la Autoridad de Vida Salvaje de Uganda (UWA), ha sido muy criticado porque expulsó a miles de familias locales para plantar árboles que servían para reducir emisiones.

En Brasil, existen dos programas alentadores que podrían servir de modelo. El primero es el Pro-Ambiente, del Gobierno Federal, que paga 50 reales brasileños (19 euros) al mes a cada familia que mantenga la selva en pie en su día a día.

El otro, el Bolsa Floresta, del Gobierno del Estado de Amazonas, pretende conservar 17 millones de hectáreas con el apoyo de 8.500 familias de reservas. El pago, de momento, también se reduce a 19 reales por mes y familia.

Manoel da Cunha, que asegura que por nada del mundo viviría en la ciudad y mucho menos del primer mundo, resume de la siguiente manera lo que está en juego: "En lugar de deforestar, de criar ganado o de cultivar tierra, los ribeirinhos pasarán a dedicarse a actividades que conserven la selva, como extracción de caucho o pesca no predatoria".

El cheque amazónico y las propuestas concretas que salgan del encuentro de Manaos que concluye hoy serán presentados en junio en Bonn (Alemania) al Órgano Subsidiario de Asesoría Científica y Tecnológica (SBSTA), de la Convención del Clima.

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