Jueves, 3 de Abril de 2008

"Una capa de bechamel tapa las contradicciones del País Vasco"

Director de cine. Abre el Festival de Málaga con una película que traerá cola: ‘Todos estamos invitados', sobre el miedo y la angustia de los amenazados por ETA

RUBÉN ROMERO ·03/04/2008 - 22:46h

DANI POZO - El director cántabro se ha atrevido a lo que muchos temieron: hablar de lo que pasa.

Todos estamos invitados, de Manuel Gutiérrez Aragón (Torrelavega, 1942), es una de esas escasísimas películas que se han atrevido a hablar del siempre espinoso tema del terrorismo etarra, y hacerlo en tono de thriller, con la intención de concienciar, pero también de entretener. A puntito de hacer las maletas para Málaga, donde inaugurará la sección oficial a concurso, un Gutiérrez Aragón tan amable como acostumbra, nos recibe aquejado de una ligera afonía. Esperemos que le quede voz para encarar la promoción de una película que muchos, antes incluso de haberla visto, ya califican de "polémica".

Venía hacia aquí pensando: "¿Y yo de qué hablo con este señor, de política o de cine?".

(Risas) Cuando decidí hacer la película siempre dije que primero tenía que ser película y luego todo lo demás. Aunque me molesta que la película se derive hacia otros temas, soy consciente de que al tratar un tema como éste, resulta normal.

Casi 40 años dirigiendo cine y por primera vez se lanza al ‘thriller' político.

No es fácil hacer películas sobre ETA, ni sobre ninguna cuestión de actualidad, porque están todo el día en los titulares, son temas vivos. Por eso no se ha abordado mucho el terrorismo en nuestro país. Dependes tanto del momento: si hay tregua, parece que quieras fastidiar la calma chicha; si hay un atentado reciente, es demasiado blanda... Siempre tienes alguna disculpa para no hacer una película sobre ETA.

Todo empieza con un etarra que pierde la memoria. Parece una metáfora de una película rellena de ellas.

Esta anécdota real del etarra desmemoriado (Josu Jon, interpretado por Óscar Jaenada) no es estrictamente política, pero me atraía mucho desde hace tiempo. ¿Qué pasa con una persona que en una acción terrorista sufre una herida que le deja sin memoria? ¿Hasta qué punto el que recuerda no recuerda de verdad o no quiere recordar? ¿Qué sientes cuando por un lado unos te consideran un honrado ciudadano y otros un valeroso luchador por las libertades vascas? Para mí, esa inocencia tan singular de Josu Jon es puro cine. Pero cuando vas a hacer una película sobre ETA sabes que los productores quieren que hables de otras cosas.

Resulta curioso que el cartel lo protagonice Óscar Jaenada. Cuando termina la película tienes la sensación de que, en realidad, el auténtico protagonista de la película es la ley del silencio.

Sí, el protagonista es el silencio. La película trata más de lo que rodea al nacionalismo vasco democrático que al violento. De los que conviven con los principales actores del drama y miran para otro lado.
De la presencia de los que no hablan: por miedo, por no comprometerse, porque no quieren hacer juicios.

Eso se evidencia en las sociedades gastronómicas, un microcosmos, un punto de encuentro entre amenazados y amenazadores, rodeados por una pléyade de convidados de piedra.

Desgraciadamente, es un hecho histórico. En las sociedades no se habla de política, hay una especie de ley del silencio para no hablar de los temas candentes, lo cual es una cosa muy educada pero demuestra que una espesa capa de bechamel tapa las contradicciones del País Vasco. Ésa es la triste realidad.

Vanessa Incontrada interpreta a la novia de José Coronado, un profesor amenazado. ¿El hecho de que sea italiana realza los paralelismos entre la manera de proceder del terrorismo vasco y la mafia?

No. Vanessa surge porque tenía que haber un personaje que mirara la historia desde fuera, que en cierta manera tuviera mi misma mirada. Aunque sí que es cierto que la omertá siciliana se parece mucho a la situación de Euskadi.

¿Tuvo muchas trabas a la hora de llevar a cabo el proyecto?

Ninguna. Hubo negativas por parte de algunos, eso sí. Muchos lo leyeron y se negaron a participar por miedo. La frase que más me repetían era: "Oye, Manolo, que yo vivo aquí". Después, están las paranoias de los que te dicen: "¿Por qué el personaje del etarra se llama Josu Jon? Seguro que tiene un significado oculto, ¿verdad?". Te da una impresión bastante certera del estado de suspicacia constante en el que se vive en el País Vasco.

Un exiliado como Jose María Calleja participa en el guión. ¿Es el profesor Legazpi (José Coronado) un trasunto de su biografía?

Calleja colaboró y vigiló el guión. Son testimonios recogidos por él. Pero no es Calleja ni Savater, es un personaje que desgraciadamente abunda mucho en el País Vasco, que es el del profesor universitario amenazado. Una de las cosas que más me chocó fue que muchos criticaron que se rodara en la Universidad, a pesar de que estaban de acuerdo y eran solidarios con sus compañeros y tal, pero que no querían intervenir. Lo peor de todo es que eso te lo decían con la voz baja... ¡a estas alturas!

¿Tiene miedo a que le acusen de maniqueísta?

Uff... Falsas conspiraciones, mochilas perdidas. Muchos verán cosas que la película no tiene. Sobre todo en el País Vasco, habrá gente a la que le parezca mal. Qué le vamos a hacer.

¿Aspira a conseguir algún premio en el Festival que hoy se inaugura?

A mí, siendo tan mayor, lo de los premios no me produce ninguna sensación especial. Cuando digo esto suele sentar mal. Recuerdo que una vez que me hicieron una retrospectiva en Nueva York, los periodistas me preguntaron que significaba para mí, y yo dije lo que de verdad pensaba: "Pues, nada", y fue horrible, porque pensaban que les estaba tomando el pelo. Ahora prefiero contestar que estoy encantado de ir a Málaga y tal... Pero el mismo día que termino una película ya no la vuelvo a ver ni nada parecido.