Miércoles, 2 de Abril de 2008

Extrañas como la vida misma

Tomoko Sawada se disfraza con los atuendos de las adolescentes niponas y documenta el cambio social del país 

CRISTINA DÍAZ ·02/04/2008 - 22:35h

PÚBLICO - La artista Tomoko Sawada se disfraza como muñequitas de porcelana a lo Lolita.

Cualquiera que haya estado en Tokyo regresa contando la experiencia de visitar el barrio comercial de Shibuya, donde las pandillas de adolescentes se encuentran y van de compras. Juntos pero no revueltos, eso sí. Un gran número de jóvenes japoneses, al llegar a la pubertad, suelen abrazar alguna de las muchas variantes del estilo harajuku. El término hace referencia a la estación de tren de la capital nipona, en torno a la cual se
reúnen sobre todo las chicas con sus peculiares vestimentas. Son lolitas, kogals, visual kei, seguidoras de bandas rockeras locales o cosplay, que visten como personajes de anime, entre tantas. La industria esté encantada con esta versión manga y apoya con revistas especializadas, tiendas y marcas de moda para estos chavales ávidos de consumo.

Tomoko Sawada (Kobe, 1977) trata esta costumbre en la exposición que esta tarde se inaugura en el Espai 13 de la Fundación Miró (Barcelona). Es la cuarta muestra del ciclo Kawaii! y primera consagrada a la fotografía. En Identidades Sawada ha enfrentando a dos de estas subculturas de signo contrario. En gran formato, aparecen las lolitas
frente a las kogal.

Las integrantes del primer grupo visten como muñecas de porcelana de la época victoriana: camisas con chorreras, faldas con miriñaque, pololos, parasoles con volantes y, en general, una profusión de lacitos y complementos cursis. Al otro lado, las kogal, que aspiran a un look californiano: minifaldas, tops con leyendas en inglés, zapatos con plataformas y colores brillantes. Como esa indumentaria sería demasiado sencilla, se combina con maquillaje que emula el bronceado UVA y un corrector de ojeras radical al más puro
estilo oso panda.

Autorretrato camuflado

Unas y otras son, en realidad, la propia artista, que a lo largo de toda su carrera se ha valido del autorretrato para llevar a las salas de exposición diferentes aspectos de la sociedad japonesa contemporánea. Tomoko Sawada tiene sentido del humor y asegura entre risas que "no tiene amigos artistas", ya que prefiere la compañía de "oficinistas o camareros" en su vida diaria. Cuenta que ella en su adolescencia abrazó, con mucha discreción, la estética kogal.

Fue la propuesta de la comisaria del ciclo, Hélène Kelmatcher, la que le hizo volver a sus años de juventud. "Me pidieron un proyecto relacionado con el estilo harajuku" y se ha valido de sus alumnas de clase de arte. "Ellas me contaron todo lo que hay que saber sobre esta indumentaria. Me contaron las marcas de moda que compran y qué revistas le sirven de inspiración. Como es un fenómeno muy aceptado en Japón, es fácil conseguir toda esa información". Tras esto, Sawada selecciona qué quiere mostrar y, ella misma se disfraza y se maquilla hasta parecer una más en la pandilla. Pero ella no fotografía: "De la cámara, se ocupa mi asistente".

Cero crítica

En sus series, la artista no pretende ser crítica con esta subcultura que "es sólo una moda", algo llevada al extremo, eso sí. "No intento lanzar una idea determinada sobre estos fenómenos. Sólo quiero que se establezca un diálogo entre la obra y los espectadores" y de esta manera los invita a que formen su propia opinión.

Sin embargo, con sus obras delante, la lectura en términos de género es inevitable. ¿Logran las chicas mayor libertad respecto a la encorsetada sociedad japonesa? ¿O han cambiado un modelo tradicional machista por otro de consumo desaforado e identidades prefabricadas y pret-a-porter? Sawada sonríe ante estas hipótesis y explica que, en la mayoría de sus entrevistas con los medios nipones, surgen todo tipo de interpretaciones, que ella deja a la elección de su interlocutor.

"Me fijo en los aspectos de la sociedad que me parecen extraños", cuenta la artista, "y trato de no profundizar demasiado. Es como si recortara un pedazo de la sociedad y lo llevara al museo. Sin más". Así es.