Miércoles, 2 de Abril de 2008

Comienza en Londres el juicio a los islamistas de los explosivos líquidos

La conspiración para hacer estallar en ruta siete vuelos trasatlánticos cambió las normas de equipaje de mano en los aviones para los pasajeros de todo el mundo

LOURDES GÓMEZ ·02/04/2008 - 21:16h

Un agente vigila a la entrada del metro de Londres.


Ocho musulmanes británicos se identificaron formalmente en la primera sesión judicial de la llamada 'mortal trama aérea', el supuesto complot de suicidas islamistas para detonar explosivos líquidos en vuelos comerciales trasatlánticos, que Scotland Yard desbarató en agosto de 2006.

De origen asiático y menores de treinta años en su mayoría, los ocho acusados se enfrentan a los mismos cargos: conspiración de asesinato y conspiración para cometer un acto de violencia que probablemente pondría en peligro la seguridad de un avión.

Vigilados por trece agentes de policía, los jóvenes ocuparon, con aspecto relajado, un banquillo protegido por una cristalera blindada, en la sala número tres del Tribunal de Woolwich, al sureste de Londres. Es un edificio de nueva construcción conectado por un túnel subterráneo con la prisión de máxima seguridad de Belmarsh, donde el grupo de presuntos islamistas está retenido desde hace cerca de dos años.

El juez David Calvert-Smith dio cuenta de las alegaciones y la envergadura del macro juicio, que durará un mínimo de cuatro meses. Lo hizo en presencia de cien ciudadanos británicos citados en Woolwich, entre los que se seleccionó a los doce miembros del jurado.

"Escucharán alegaciones sobre un plan de 2006 para crear bombas e introducirlas a bordo de aviones, en vuelos desde el aeropuerto de Heathrow a varias localidades de Canadá y Estados Unidos", les informó. "Las bombas", continuó, "estaban planificadas para estallar en vuelo". Nadie saldría vivo del supuesto múltiple atentado, advirtió el juez.

En las próximas semanas, el jurado escuchará los detalles de la trama. La fiscalía quiere demostrar que los sospechosos preparaban siete ataques aéreos simultáneos desde el interior de sendos vuelos de una compañía canadiense y dos estadounidenses. Todos ellos partirían desde el principal aeropuerto londinense.

Las bombas se habrían fabricado en un domicilio de Walthamstow, al este de Londres. Este barrio, con una población dominantemente musulmana, fue el principal foco de las investigaciones que siguieron las redadas del 10 de agosto de 2006, cuando el Reino Unido despertó en estado de máxima alerta e ignorante del caos que paralizaría el tráfico aéreo durante varios días. Allí residía la mayoría de los 24 individuos detenidos esa extraordinaria jornada, incluido el supuesto jefe del fallido plan terrorista, Ahmed Abdullah Ali.

Ali encabezó la hilera de los acusados. Alto y delgado, con barba y bigote, trajeado y con corbata, alzó la mano cuando el abogado de la fiscalía mencionó su nombre al jurado. Le seguían en el banquillo sus dos presuntos lugartenientes: Assad Ali Sawar y Tanvir Hussain. A continuación se sentaban sus colegas de prisión: Mohammed Gulzar, Arafat Waheed Kahn, Waheed Zaman y Umar Islam. Este último renunció a su nombre, Brian Young, al convertirse al Islam.

La operación anti-terrorista se consideró un éxito policial. Los servicios de Inteligencia desbarataron, según informó entonces Paul Stephenson, alto responsable de Scotland Yard, "un plan terrorista para causar destrucción y muerte en masa a una escala inimaginable".

La envergadura de la matanza planificada, al parecer, en el este de Londres, saldrá relucir en los testimonios de los testigos. La sospecha apunta a un coordinado plan de billetes de avión, explosivos líquidos y terroristas suicidas. Cada dos horas de una misma jornada, varios islamistas se embarcarían en un vuelo trasatlántico, que harían estallar en ruta y al mismo tiempo que el resto de los supuestos "mártires islamistas".

Entre los trámites, una abogada leyó el listado de testigos que la fiscalía llamará declarar en los próximos meses. Entre ellos, identificó a muchos oficiales de policía en una clara señal de que este caso de conspiración está construido a partir de escuchas y una estrecha vigilancia de los acusados.

En la investigación se confiscaron ordenadores con información de vuelos regulares desde Heathrow y siete vídeos con mensajes que tradicionalmente graban radicales islamistas antes de cometer un atentado suicida. Su contenido visual no se divulgará hasta que concluya el juicio, a finales de julio, según el objetivo del juez Calvert-Smith.

 

El colapso instantáneo de Heathrow

La ruptura de la supuesta célula islamista británica fue un éxito policial, pero un desastre para la aviación civil. Las normas de seguridad cambiaron en cuestión de horas y sin preaviso. Los viajeros descubrieron que ya no podían cruzar el control de seguridad con equipaje de mano, con líquidos, medicinas, cosméticos, mecheros e incluso biberones de leche.

Heathrow colapsó en cuestión de minutos.Vuelos cancelados, colas, pasajeros desconcertados ante la aparentemente increíble noticia de la frustrada ola de atentados aéreos. Los responsables del aeropuerto habilitaron una carpa que fue llenándose de gente con las vacaciones destrozadas. Actuaron con celeridad pero el principal aeródromo de Londres aún se resiente del desastre de 2006.

La ola de caos se extendió a todos los aeropuertos británicos, colapsando el tráfico aéreo europeo en el mes punta del año. También en Estados Unidos cundió el pánico, ante la posibilidad de que se produjera un segundo 11-S. Los vuelos transatlánticos tardaron semanas en recuperar su ritmo habitual. La experiencia de volar se truncó el 10 de agosto de 2006. Desde entonces, la previsión se impone y es de rigor llegar al aeropuerto con un mínimo de dos o tres horas antes de la salida de cualquier vuelo. 

Noticias Relacionadas