Miércoles, 2 de Abril de 2008

Cinco niños en nueve metros cuadrados

La limpieza del baño del piso clandestino deja mucho que desear. Cacharros sucios se amontonan con la comida de los niños en la cocina.

MARTA SUÁREZ ·02/04/2008 - 20:48h

Antonia duda. Abre la puerta con desconfianza. Esta joven está al frente de una de las guarderías ilegales que están proliferando en la Comunidad de Madrid. En el anuncio de su local, colgado en un locutorio, ofrece "cuidado de niños en piso amplio, todo horario, de lunes a viernes" en el barrio madrileño de Cuatro Caminos.

Es un modesto bajo. En menos de nueve metros cuadrados que hacen a la vez de guardería, salón, comedor, cocina y aparcamiento de coches de bebés, conviven a diario tres niños revoltosos con dos bebés, uno de ellos atado a su sillita de paseo, y su exasperada cuidadora, que no esconde que está superada por el trabajo.

En el suelo, bajo la mesa, una alfombra raída con un montón de juguetes sucios a los que los pequeños dan de lado. Prefieren jugar entre ellos y con el bebé atado a su sillita. Una pequeña ventana da a la calle, pero una cortina impide ver desde el exterior lo que allí ocurre.

La limpieza del baño, minúsculo y con ducha en vez de bañera, deja mucho que desear. Hay un cambiador y otros utensilios para limpiar a los bebés.

Por 200 euros al mes

Es la hora de comer y Antonia tiene poco tiempo. Mientras ve en la televisión ‘La ruleta de la suerte' y da el potito a un bebé, intenta controlar a su hija, la mayor de todos, que se sube a la encimera de la desordenada cocina -en la que se amontonan cacharros sucios junto a la comida de los niños-. Al subirse donde no debe, la niña pasa su pie junto al fuego en el que cuece un puchero.

Con prisa, Antonia nos explica que ese es todo el espacio del que dispone y asegura que puede cuidar al menos de dos niños más. Asegura tener experiencia como personal de guardería y nos pide 200 euros al mes por atender a un bebé imaginario seis horas a la semana de lunes a viernes. La comida y los pañales van aparte.

¿Y si se pone enfermo el niño? Antonia llama por teléfono a uno de los padres "y ya está".

El caso de esta joven no es una excepción. En un paseo por los locutorios de varios barrios populares de Madrid es común encontrar anuncios de pisos convertidos en guarderías clandestinas como este.

Cambio de opinión

"Señora responsable cuida niños en piso compartido". Alicia nos explica por teléfono que por las mañanas "las madres van pasando por aquí, dejan los pañales y la comida antes de irse a trabajar". Quedamos en ver su guardería al día siguiente, pero al comprobar que la persona interesada es española se alarma. Al día siguiente, de nuevo por teléfono, nos dice que de la noche a la mañana ha decidido cambiar de negocio. "A partir de ahora voy a trabajar fuera de casa, lo siento".

En otro barrio de la capital, muy cerca del Estadio Santiago Bernabéu, nos recibe Mary, una ecuatoriana que en su país hizo un curso de guardería. Quiere poner en marcha uno de estos negocios porque su hermano le ha pedido que se quede en casa a cuidar de su sobrina, de tres años. "Así me pago la Seguridad Social", relata.

El espacio es modesto, sin un solo juguete, y la habitación donde quiere ubicar a los niños está cerrada a cal y canto. Su cuñada tiene ahí sus cosas y Mary dice que cuando se vaya podrá montar dos literas. Al mostrar el baño explica que para ahorrar en productos de limpieza pasa papel de periódico y agua por los espejos.

Esta mujer, que de momento sólo está a cargo de su sobrina, pide 200 euros por algo que considera común. "Mi prima hace lo mismo en el barrio de San Blas. Cuida a su hija y a dos niños más".