Martes, 1 de Abril de 2008

El giro atlantista de Sarkozy

ANDRES PÉREZ ·01/04/2008 - 23:35h

Sarkozy aumentará las tropas francesas en Afganistán. AFP

El presidente francés, Nicolas Sarkozy, viaja a Bucarest con la promesa del despliegue de unos mil soldados suplementarios en Afganistán. Esa prenda, ofrecida para satisfacer la demanda de los norteamericanos, debía ser el primer paso firme de un giro atlantista de París mil veces anunciado por Sarko.

Pero un sondeo revela que los franceses se oponen masivamente a ese “alineamiento”. Y el giro de Sarkozy empieza a parecerse a un resbalón.Una encuesta del instituto BVA publicado ayer por el diario Sud-Ouest indica que un 68% de los franceses rechaza el envío de más tropas a Afganistán.

La noticia es pésima para Sarkozy, que lleva meses intentando negociar el giro atlantista de su país, al que también es reticente la tradición diplomática gala, el sector neogaullista del partido de Sarkozy, el centro liderado por François Bayrou y, por supuesto, la izquierda en bloque.

Afganistán, donde la OTAN dispone de un mandato de la ONU, era el terreno más consensuable con que podía soñar Sarkozy. Ni eso. La opinión pública sigue mayoritariamente apegada a la idea de independencia y al proyecto de una defensa europea autónoma. Manifiesta una vez más su hostilidad a las tesis de Washington, sobre todo con los neocon aún influyendo en la Casa Blanca.

Un debate parlamentario sin votación, organizado ayer a toda prisa por el primer ministro François Fillon para hacer frente a las críticas, se saldó con la presentación por la izquierda de una moción de censura contra el Gobierno.

Inicialmente, Sarkozy había imaginado su cambio de estrategia como un paseo triunfal. Su proyecto era que, nada más abandonada la posición de independencia total de Jacques Chirac –el hombre que sacó los comandos especiales franceses de la operación Libertad duradera en Afganistán en 2007–, todo serían flores.

Londres aceptaría el proyecto de defensa europea autónoma y construiría un portaviones nuclear común europeo con París. Washington cedería la comandancia europea a un general francés y aceptaría la creación de un mando integrado exclusivamente europeo.

Ni Londres ni Washington han dado esos pasos que hubieran permitido a Sarko demostrar su pretensión de que puede influir en la toma de decisiones del amigo americano.

Así las cosas, queda comprometido el regreso de Francia al mando militar integrado de la OTAN, muy deseado por Sarkozy para romper con la decisión nunca revocada del general Charles de Gaulle en 1966, el presidente que expulsó las bases norteamericanas de suelo francés y dejó la estructura militar de la Alianza.

Con EEUU y Reino Unido sin mover ficha, una excesiva precipitación de Sarkozy para regresar al mando integrado aparecería como lo que efectivamente es: un “alineamiento”, a los ojos de los neogaullistas, y “una traba a la defensa europea” para los europeístas. Inaceptable para una nación que sigue imaginándose como símbolo de la grandeur y portadora de un grand dessein (gran propósito).

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