Martes, 1 de Abril de 2008

"Los políticos hablan mucho, pero menos del 1% de la costa está protegido"

Investigador del CSIC y explorador de ‘National Geographic’, Enric Sala es uno de los Jóvenes Líderes Globales de 2008, según el World Economic Forum

MANUEL ANSEDE ·01/04/2008 - 21:26h

Enric Sala.

El ecólogo marino Enric Sala (Girona, 1968) no responde a la imagen estereotipada del científico. Es explorador de National Geographic, blogger y, encima, melenudo. De pequeño quería ser buzo en el Calypso, el barco en el que exploraba los océanos Jacques Cousteau, y, más o menos, lo ha conseguido. Tras diez años como profesor en la Scripps Institution of Oceanography, en California (EEUU), el año pasado se incorporó al Instituto de Estudios Avanzados de Blanes (CSIC), en Girona. “En EEUU, pasaba demasiado tiempo dando clase y participando en comités; acabé harto del mundo académico y de la irrelevancia social de la ciencia”, sostiene. Actualmente, Sala radiografía el estado de los ecosistemas costeros mediterráneos, desde España hasta Turquía, y prepara una expedición a un archipiélago de coral deshabitado, entre la Polinesia francesa y Ecuador. Su discurso no casa con el modelo económico actual y, sin embargo, el World Economic Forum, organizador del Foro de Davos, le acaba de nombrar Joven Líder Global, “por su compromiso con la sociedad y su potencial para contribuir al futuro del mundo”.

¿Hubiera preferido ser Joven Líder Global del Foro Social de Porto Alegre?

No, estoy muy contento con la decisión del Foro de Davos. Los estadounidenses tienen una expresión, preaching to the quire, que significa “predicar a tu congregación”. Si yo voy a un Foro Social o hablo con mis colegas, predico para gente que ya está convertida. Es a los economistas de Davos a los que tenemos que convencer. Poder exponerles nuestro punto de vista, cómo redirigir el pensamiento económico mundial para que las actividades humanas sean sostenibles, es una oportunidad única.

¿Qué va a exponer en su discurso en Davos?

Mi idea es denunciar el absurdo planteamiento económico actual. Estamos permitiendo la degradación del planeta, el envenenamiento de la cadena alimentaria y de nosotros mismos, solamente por la idea de progreso. Y eso no es progreso. La riqueza no se mide sólo en dinero. Hemos llegado al absurdo de creer que si el crecimiento económico es mayor del 3% estamos fenomenal y si es menor del 3% es una deshonra nacional. Es un enfoque ridículo.

Está radiografiando el estado de los ecosistemas costeros del Mediterráneo. ¿Tiene alguna primera conclusión?

Sí, lo que sabemos es que la mayor parte del Mediterráneo está muy degradado y sobrepescado. Y que la única acción que está recuperando la salud del sistema son las reservas marinas. Pero menos del 1% de nuestras costas está protegido. Catalunya tiene 500 kilómetros de costa y sólo hay 235 hectáreas totalmente protegidas contra la pesca. Los políticos hablan mucho de conservación pero, a la hora de la verdad, mucho ruido y pocas nueces.

¿Qué porcentaje de reservas cree necesario?

Yo protegería un 20% de las aguas españolas. Ahora mismo, el 80% del pescado que se consume en España no se pesca aquí, sino en caladeros foráneos, como Argentina, Namibia, Mozambique, Mauritania e incluso las Islas Galápagos. La flota española está pescando en todo el mundo porque los caladeros nacionales están agotados. La pesca artesanal española está casi difunta. No hay futuro posible para la pesca en este país sin reservas marinas. Al final, los conservacionistas y los pescadores tenemos el mismo objetivo. Todos queremos que haya peces en el mar.

Hace un año, firmó un manifiesto junto a otros oceanógrafos para alertar sobre la desprotección de las costas españolas. ¿Les han hecho caso?

Ya se ha creado la primera reserva de aguas profundas en Asturias, El Cachucho, y WWF/Adena y otros grupos tienen recomendaciones para que haya muchas más reservas. Lo ideal es la colaboración entre científicos, ONG, el público y los políticos. Si los científicos que trabajan en conservación se limitan a publicar en revistas científicas y no comunican sus resultados, esa ciencia no sirve para nada. Pero no todos los científicos tienen capacidad para comunicar, porque en la universidad se les enseña a escribir artículos esotéricos que sólo pueden ser comprendidos por colegas que son tan esotéricos como ellos. Es un lenguaje que casi nadie entiende. Los científicos deberían comunicar sus resultados, al menos, a las organizaciones conservacionistas, que son la bisagra entre la ciencia y la política.

Sin embargo, muchas veces miran de reojo a las ONG...

Hay muchos tipos de organizaciones, unas son más proactivas que otras, o actúan más como lobby con los gobiernos, pero todas son necesarias.

¿Por qué en España no hay ‘lobbies’ científicos?

España siempre va 20 años por detrás de EEUU en muchos temas, como éste de la involucración de los científicos en temas sociales. En EEUU existe, por ejemplo, la Unión de Científicos Preocupados, que es un frente muy fuerte en temas como el cambio climático.

Volviendo a otro manifiesto, el grupo de países en desarrollo ha reivindicado que las aguas del océano profundo sean patrimonio de la humanidad. ¿Lo suscribe?

Estoy totalmente de acuerdo. En aguas internacionales se aplica la Convención de la Ley del Mar, firmada por casi todos los países excepto EEUU, que establece una zona económica exclusiva de 200 millas. En principio, el objetivo debería ser que cada país cuidara sus aguas nacionales, pero lo que ha ocurrido es que la Ley del Mar, de facto, dio el derecho a cada país a sobreexplotar sus aguas nacionales.

¿Cuáles son las consecuencias?

Cuando se agotan los caladeros nacionales, las flotas industriales de los países desarrollados viajan a otros países. Lo que sucede en el oeste de África es un ejemplo de neocolonialismo alucinante. España, Rusia y compañía están agotando los caladeros de países como Mauritania y Senegal. Ya agotaron las sardinas de Namibia hace tiempo, a cambio de beneficios económicos minúsculos que benefician solamente a cuatro líderes corruptos. Los locales no se benefician de esta explotación y luego tenemos una inmigración muy fuerte de africanos del oeste. La gente no ata los cabos. Una de las causas de la inmigración ilegal es la explotación de África por países europeos como España.

Un científico que no come bacalao

En noviembre de 2006, un equipo internacional de economistas y ecólogos, entre los que se encontraba Enric Sala, predijo que todas las especies de pesca se colapsarán antes de 2050. Las conclusiones de su estudio se publicaron en la revista ‘Science’. Según Sala, en estos dos años no ha habido avances. “Si no se cambia mucho la gestión y no se reduce la capacidad pesquera, las pesquerías seguirán colapsándose, y seguramente antes de 2050”, asegura. El ecólogo marino del CSIC ha decidido no consumir, “por principios”, algunas especies marinas, como el bacalao, el atún y las gambas. Tampoco rape, cigalas y merluza del Mediterráneo. “Me niego a consumir especies que están en peligro de colapso, o se pescan con métodos muy destructivos, como la pesca de arrastre”, declara. Sala vaticina un cambio en el menú de los españoles. “En algunos restaurantes de EEUU y Japón ya está de moda comer medusas, porque cada vez hay menos peces grandes y las medusas son mucho más abundantes, incluso hay pesquerías dedicadas exclusivamente a la medusa”, apunta. “Acabaremos comiendo medusas en vez de merluza”, se lamenta.


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