Martes, 1 de Abril de 2008

Irlandeses del lado de Franco

El movimiento fascista ‘The Blueshirts' se ofreció a combatir en la Guerra Civil, pero destacó por su indisciplina en batalla

ANTONIO J. MARTÍNEZ ·01/04/2008 - 20:20h

GETTY IMAGES - El líder fascista Eoin O’Duffy junto a los ‘Blueshirts’, alrededor de 1935.

El alzamiento de Franco marcó una tendencia común en la Europa de entreguerras: la ascensión de los regímenes totalitarios. Tomando como modelo a los fascistas italianos y a los nazis alemanes, brotaron imitadores en decenas de países con mayor o menor fortuna. Irlanda no fue diferente.

Eoin O'Duffy, antiguo luchador del IRA, se convirtió en el líder del movimiento fascista irlandés. Tras ejercer como Jefe de Estado Mayor y de la Policía Irlandesa, el Primer Ministro Éamon de Valera le depuso de su cargo por sus ideas. Sin el poder, pero como general, O'Duffy creó a los Blueshirts, los camisas azules, bajo el modelo del fascismo italiano.

Durante el verano de 1936, O'Duffy trató de reclutar voluntarios para luchar en España junto a los sublevados. Les unía la ideología, pero también que los irlandeses se identificaban con las connotaciones religiosas de los rebeldes, así como con la antigua gloria de la época imperial española derivada de Felipe II. También tenían presente la trascendencia histórica de algunos irlandeses que sirvieron en España como O'Donnell, O'Shea y O'Reilly.

El ofrecimiento para entrar en combate, tras algunas vacilaciones en orden a la política de no intervención de los gobiernos europeos, fue finalmente aceptada por Franco.

Tercio indisciplinado

En Irlanda también surgió la polémica y el gobierno trató de prohibir el reclutamiento mediante una ley que impuso multas de 500 libras a los voluntarios. Pese a todo, el proyecto siguió adelante gracias al apoyo de los ultracatólicos y, en diciembre de 1936, los fascistas irlandeses llegaron en la Península a través del Portugal salazarista.

A su llegada, los Blueshirts se encuadraron en las filas del Tercio, asignación que, según O'Duffy representó "un gran privilegio". Tras un periodo de preparación en Cáceres, donde se izarán banderas irlandesas en edificios públicos y sonará su himno en actos oficiales, los fascistas serán enviados al frente en Ciempozuelos.

Su participación en la guerra fue un desastre. Empezó con un confuso tiroteo en el que acaban disparando a una brigada de falangistas canarios. Después, en enero, quedaron estacionados en Titulcia, en el frente del Jarama. Allí, sólo podrán tomar parte en acciones irrelevantes debido a su indisciplina.

Sus ánimos se apagaron y, en abril del 37, anuncian su marcha. Irlanda los recibió con desdén. Desfilaron por las calles de Dublín, pero el ambiente era glacial. Para católicos y conservadores habían hecho el ridículo. Para la izquierda, habían traicionado el espíritu republicano. Pero O'Duffy les recibió como cruzados: "No eran mercenarios, sino idealistas".

La realidad era otra. Mientras que los brigadistas que acudieron en defensa de la República conservaron un gran respeto, de los voluntarios de O'Duffy no ha quedado más que el olvido y el silencio.

El extraño acuerdo entre Franco y O'Duffy

1. Contrato secreto

La participación se fijo a través de un contrato entre O'Duffy y Franco. En su redacción destacan aspectos que denotan la peculiaridad del grupo, como que  los voluntarios exigiesen que no se enfrentarían a vascos por las similitudes que veían con Irlanda.

2. Normativa propia

Este contrato recogía, por ejemplo, que los voluntarios irlandeses tendrían sus propias normas, así como médicos y capellanes propios. También se incluía la presencia de cocineros irlandeses.

3. Ejército y bandera propia

O´Duffy trató de traer miles de voluntarios que constituyesen una columna conducida por un jefe de nacionalidad irlandesa. Al final, las banderas dependieron del coronel inspector del Tercio, si bien a O'Duffy se le reconoció el grado de general de brigada.

4. La cuestión religiosa

En el acuerdo se enfatizó el hecho de que los irlandeses eran católicos fervientes. El motivo, que la población irlandesa se volcaría en ayudas destinadas al ejército que defiende la fe.


La hora de los fascismos en Europa

En los veinte años transcurridos desde la "marcha sobre Roma" de Mussolini (1922) hasta el apogeo de las potencias del Eje en la II Guerra Mundial, se registró un claro retroceso de las instituciones democráticas en toda Europa. Durante los años treinta, hasta nueve países habían tomado como modelo el fascismo, cifra que aumentaría con las ocupaciones nazis. En suma, los únicos países europeos cuyas democracias funcionaron durante el periodo de entreguerras fueron Gran Bretaña, Finlandia, Irlanda, Suecia y Suiza.

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