Domingo, 3 de Febrero de 2008

Tindaya’s Park

Jesús Giráldez Macía, autor del libro Tindaya, el poder contra el mito, se muestra crítico con el proyecto

PÚBLICO.ES ·03/02/2008 - 21:15h

Los podomorfos, grabados rupestres, son uno de los argumentos esgrimidos contra la horadación del monte.

Imaginen una montaña que resalta pretenciosa sobre un enorme llano, que se distingue de las demás por su forma, por su color, porque en ella rebotan las luces de bienvenida del sol y las devuelve, día tras día, al océano.

Imagínense que su belleza ya nos cautivara tanto, hace siglos, que un pueblo la eligió para convertirla en el tránsito entre lo terrenal y lo inexplicable.

Imaginen que en sus rocas les grabaran cientos de pies cuando el arte no se comercializaba, cuando el arte no perseguía posterioridad sino respuestas, cuando el arte ni siquiera era.

Imaginen que su magia fuera de boca a oído, como un susurro que evitara molestar a las brujas que protegen sus perfiles y sus sueños.

Imaginen tanta potencia seductora que hasta los tecnócratas le concedieron resguardo y decretaron siete leyes ¡siete! para que el futuro siempre supiese que hay lugares más allá de la materia. Lugares que nos sitúan en nuestro sitio justo: un suspiro en la existencia.

Imaginen que toda su osadía, todo su pecado, es haber nacido demasiado bella y que su piedra brille tanto como el mármol.

Y ahora elíjala usted, artista sublime, para trascender lo efímero, para perpetuar su nombre, para introducirla en su catálogo, para construir su mausoleo. Y ahora entréguela usted -político sin escrúpulos, especulador sin corazón- y conviértala en mercancía.

Y ahora todos juntos -catedráticos con precio, amantes del dinero- taladren en la mitad de su ladera un enorme túnel de 15 metros de altura, vacíenle las entrañas, despójenla de su interior, háganle un cubo de 50 metros de lado, sujeten su techo con el último avance tecnológico, introduzcan en ella 100 millones de euros, 200.000 turistas al año que paguen por ver el sol en una cueva, llámenlos (por favor) turistas culturales, organicen las procesiones hacia ese nuevo icono que nos situará en el mundo; juren, perjuren y firmen una declaración de impacto ambiental asegurándonos que todo es sostenible (repítalo una vez más: ambientalmente sostenible).

Y a la entrada del parque temático coloquen un cartel que nos recuerde que una vez existió una montaña a la que reverenciamos y a la que llamamos Tindaya.