Sábado, 2 de Febrero de 2008

Sarkozy y Carla Bruni ya son marido y mujer

ANDRES PÉREZ ·02/02/2008 - 14:15h

“He celebrado la boda de dos electores del distrito VIII de París que viven en el número 55 de la Rue du Faubourg Saint-Honoré”. Con esas palabras anunció ayer François Lebel, alcalde del distrito parisiense, la celebración de la boda, en la intimidad, entre Nicolas Sarkozy y Carla Bruni, en el Palacio del Elíseo.  Más simple, modesto y conforme a la tradición republicana, imposible.

Rompiendo con su estilo despampanante y exhibicionista, Sarkozy optó por la discreción, en un salón del primer piso del Palacio del Elíseo, para casarse con la ex modelo Carla Bruni. La boda cien mil veces anunciada y desmentida se celebró finalmente fuera de la luz de los proyectores.

El alcalde del distrito que ofició la ceremonia, François Lebel, un notable del partido sarkozysta Unión para un Movimiento Popular (UMP), fue el encargado de redondear un lacónico comunicado oficial de la presidencia, y hacer de portavoz oficioso de la buena nueva.

Escogió para ello un registro moderado y sencillo que hizo aparecer a los recién casados como comunes tortolitos.

Lebel dijo que la ceremonia no duró más de los 20 minutos preceptivos de cualquier boda civil de este país, y que Nicolas y Carla estuvieron rodeados de menos de “30 amigos y familiares allegados”.

“Emocionados y enamorados”, ambos ofrecieron el cuadro idílico que hace llorar a madres, tías y abuelas: “la novia iba de blanco y estaba guapísima, como de costumbre”. El presidente “llevaba traje y corbata, como se debe en cualquier boda civil”.

“Les deseé mucha felicidad” y “hubo un intercambio de alianzas, además del tradicional beso. Nada excepcional”, finalizó el alcalde del distrito y oficial de Estado Civil encargado de la ceremonia, sin precisar si hubo “¡Vivan los novios!” ni lluvia de arroz.

Tanta discreción asusta. Sarkozy había dejado planear la amenaza de su boda con ostentación, durante su espectacular y barroca megaconferencia de prensa que pronunció en la sala de fiestas del Elíseo el 8 de enero.

Ahí lanzó un suspense mediático que hizo enloquecer a los medios, como ya lo había hecho con su divorcio de Cecilia Ciganer Albéniz en octubre pasado, y los primeros rumores sobre su nuevo amorío con la ex top model y ahora cantante Carla Bruni.

Caída en los sondeos

Entre el 8 de enero y ayer, ha llovido mucho. La mecánica mágica de Sarkozy se ha encasquillado. Varios sondeos han ido demostrando una caída en picado de su popularidad. Descenso debido, en parte, a su incapacidad para cumplir la promesa de aumentar los salarios y las pensiones más modestas, pero también por el exhibicionismo y los viajes de marajá que el presidente ha efectuado en los últimos meses.

Nicolás I El Esplendoroso, que se exhibió con Carla Bruni en Eurodisney, en Petra y en Egipto con el objetivo de impresionar al electorado machista tardío, ha dado paso a Nicolás II el Discreto, hombre trabajador que cumple su promesa de casarse modestamente con la mujer que ama, y alegra así a madres y abuelas.

Para la historia quedará la comparación con los dos Napoleones, el I y el III, que también se casaron en curso de sus respectivos mandatos a la cabeza del Estado republicano francés. Menos comentado será, seguramente, el paralelismo entre la historia de Nicolas Sarkozy y el presidente Felix Faure.

La ‘felación fúnebre’ del presidente Faure

En la presentación oficiosa efectuada por el alcalde del distrito VIII de París sobre la boda de Nicolas Sarkozy no faltó la alusión al hecho de que, antes del actual presidente, sólo Napoleón I y Napoleón III se casaron en curso de mandato en esta República.

Es un paralelismo que conviene poco: Napoleon I fue un emperador y figura histórica de excepción, y su descendiente, Napoleon III, fue un monarca-presidente.

Ninguna de esas dos figuras coincide con la de Nicolas Sarkozy, un hombre que se ha empleado a fondo para negar que tenga modales de emperador y rehusar que esté protagonizando una deriva monárquica de la V República.

Por el contrario,  atendiendo a lo ocurrido durante los nueve primeros meses de su presidencia, Sarkozy guarda muchos paralelismos con la figura de uno de sus predecesores, el presidente Felix Faure. Faure llegó a la presidencia en 1895, después de una carrera mediocre, y se lanzó a los placeres de la ‘Belle Epoque’.

Se forjó una imagen de incapaz que recuerda la imposibilidad de Sarkozy para cumplir sus promesas. Era algo fascistoide, al oponerse a Emile Zola en el célebre caso Dreyfus. Y luego perdió buena parte del imperio francés en Fachoda, cerca de Chad, donde ahora Sarkozy está en un brete.

Fuera ya de paralelismos, Faure se dio tanto a las “delicias de Venus” que murió en 1899 mientras su amante le practicaba una felación. Esto le valió el apodo de “Pompe Funèbre” (“Succión o Bombeo Fúnebre”).