Viernes, 1 de Febrero de 2008

Después del Carnaval

Los brasileños posponen decisiones políticas, económicas y personales hasta el miércoles de cenizas, cuando se celebra el verdadero Año Nuevo del país: hasta entonces sólo viven por y para el carnaval

BERNARDO GUTIÉRREZ ·01/02/2008 - 18:44h

AFP - Las escuelas de samba desfilan en la despedida del carnaval de 2007.

Pedro Alves comenzará una dieta. Maria Werthein pondrá definitiva fecha a su boda. Federico Lopes se apuntará a clases de inglés. El ministro José Múcio decidirá los altos cargos del sector eléctrico. António Castro expondrá, por fin, el balance económico de su empresa de 2007. Francisco Foureaux dejará de fumar. El senador Colombo presentará su informe sobre la corrupta connivencia de ONGs y políticos. Y el Congreso de diputados aprobará seis medidas provisionales y tres proyectos de ley con pedido de urgencia.

En Brasil, en estos días, reina el futuro perfecto simple. Tres palabras se repiten hasta la saciedad: depois do carnaval. Ni presupuestos ni dietas milagrosas. Desde hace semanas, los brasileños sólo viven por y para el carnaval. Y posponen todo, absolutamente todo.

Hasta los políticos de Brasilia se rinden a la No Ley carnavalesca. De hecho, tendrán su primera sesión del año el miércoles de ceniza (6 de febrero). Mientras, el alcalde de Río, el conservador César Maia, entregó el martes las llaves de la ciudad al rey Momo -el monarca del desgobierno- en una bullanguera ceremonia.

Una de romanos

15.00 horas. La Casa Turuna, la mayor tienda de disfraces de Río de Janeiro, está llena hasta la bandera. Del techo cuelgan plumas, máscaras y vestidos. Las paredes, forradas de disfraces. "Este año, las ropas de presos se están vendiendo mucho", asegura Oswaldo Turuna, el propietario de la tienda.

Y es que en Río de Janeiro -y en otras ciudades como Salvador de Bahía o Recife- el carnaval es sagrado. Y el disfraz, la transmutación, es casi norma. Tom Jobim, el padre de la bossa nova, definía así el espíritu carnavalesco en A Felicidade: "La gente trabaja el año entero/por un momento de sueño/para hacer el disfraz de rey, de pirata o jardinera". 

Paulo Fernández, un economista de 38 años, escoge su disfraz rodeado de su familia: "Este año me disfrazo de preso", asegura. A su lado, Gustavo Santos -encorbatado técnico de sistemas- sonríe, soñando su transformación: "Puede que vaya de enfermera". También hay personas que se medio disfrazan. Un sombrerito, exuberancia de confeti... y ya. Lo importante, en palabras de la joven Nara Lopes, es "olvidarse de uno mismo".

Y calle, mucha calle. El legendario Sambódromo, por donde desfilan el domingo y el lunes las 12 escuelas de samba del grupo especial, es apenas uno de los alicientes de Río. "A nosotros nos gusta el carnaval de calle, los blocos", afirma Roberto Vieira, un militar que se prueba un sombrero de paja en la casa Turuna.

Y es que en el carnaval de calle se encierra el secreto del desgobierno del país. Un bloco lo conforman los músicos y las personas que les siguen (generalmente disfrazadas y borrachas). En Río, toman la ciudad. Más de cien. Y casi 2.000.000 foliões -como se conoce a los ciudadanos de espíritu carnavalesco- detrás. En Recife y Olinda (Pernambuco), lo mismo. En Bahía, tríos eletricos (camiones con músicos y foliões).

"El año empieza tras el carnaval. Yo iba a empezar trabajar ahora, pero mi empresa dice que vaya después de las fiestas", dice Víctor Vieira, vendedor de Coca Cola.

La sociología de la no ley

La vida normal, sólo después del carnaval, decíamos. Durante, apenas desgobierno. La no ley. Excesos. 19,7 millones de condones distribuidos gratis por el gobierno. Ríos de cerveza. Y deseos ocultos.

La célebre poeta Cecilia Meirelles lo resumía así en su libro Cuatro voces: "Quién diría que tantas personas bien comportadas, y aparentemente elegantes, alimentan durante trescientos días del año el modesto sueño de ser osos, monos, gatos u otros bichos". Danielle Perin, profesora de Antropología de la Universidad Federal de Pernambuco, reconoce la importancia del carnaval en el funcionamiento de la sociedad brasileña. Y del después de: "El después del carnaval es el momento de recomenzar, después de romper las reglas todo empieza a funcionar".

Y son los políticos los que aplican el flexible e informal después del carnaval. 2008, claro, no es la excepción. Por ejemplo, el Ayuntamiento de Teresina (Piaui) estrenará nuevo parque de Bomberos, y el gobierno de Paraiba inaugura la carretera PB-306. Pero habrá que esperar. Tal y como dijo Jobim en A felicidad, "todo acaba el miércoles de ceniza". Es decir, después del carnaval. Sólo después.