Lunes, 1 de Octubre de 2007

¿A quién quieres más, a Trancas o a Barrancas?

“Al principio iban a ser dos calcetines con ojos”. Damián Mollá es el álter ego de Barrancas, la hormiga supuestamente buena de la pareja. Cuando Pablo Motos les llamó a él y a Juan Ibáñez –Trancas– para trabajar en la televisión tenían dos cosas muy claras

Culturas Redactor ·01/10/2007 - 11:40h

La primera, que seguirían a Motos hasta el fin del mundo. Ya lo habían hecho desde el programa de El Club de la Comedia –donde eran guionistas–  hasta el show radiofónico de M-80, No Somos Nadie.

La otra cuestión que tenían asumida es que no querían salir por la televisión. “No nos molaba nada la idea de la fama”, asegura Damián, “tenemos amigos que han pasado por ella y preferíamos evitar dar la cara en pantalla”. Motos no quería prescindir del talento de quienes asegura “admirar” desde que les conoció. Ni ellos de Motos, con quien llevan trabajando desde entonces, hace seis años.  

La solución llegó en seguida, pero tardó en tomar forma. “Lo primero que se nos ocurrió fueron los calcetines con ojos”, dice Juan, “usando unos diseños que hizo mi novia y que quedaron muy bien”. Motos no sabe “si por romanticismo, o qué”, pretendía que los muñecos estuvieran desapegados de la realidad, quería que fueran algo fantasioso. Por ello, más tarde propuso inventar las primeras serpientes con orejas. Otra idea que para el equipo del programa no funcionaba.

Un trabajo de hormigas

“Querían que fueran hormigas”, dice Motos, “pero a mí no me gustaba, era demasiado evidente”. Aun así, dado el nombre del programa –El hormiguero–, se terminó aceptando que los muñecos fueran estos insectos. “El verano en que tuvimos que crear la personalidad de las hormigas fue horrible”, cuentan Juan y Damián.

No eran capaces de darle forma a los personajes: “Después de varios meses, sólo teníamos la voz de Barrancas”. Ni la personalidad de las hormigas, ni la definición de sus personajes, ni siquiera sus nombres.
Hasta el día en que llegaron al rodaje en Barcelona y, como recuerda Damián, “todo, de golpe, empezó a salir solo”.

  Trancas y Barrancas serían los nombres de los personajes, cuyas personalidades serían una exageración del propio carácter de los dos guionistas.“Trancas es más cabrón”, cuenta Damián. “Tiene la mala leche de Juan, pero agigantada, claro”. “Es irónico, vacilón, con más carácter”, sentencia. Damián cree que Juan parece más seguro de sí mismo, pero, finalmente, “el más cabrón de los dos soy yo”. “Y así sucede con las hormigas”, asegura. “Barrancas da un aspecto más sensible, pero en el fondo es la peor de las dos”.

Para Juan está claro: “Barrancas parece más sensible, pero sólo es más tierno para terminar metiéndotela doblada”. “En ese sentido, es un poco como yo”, reconoce Damián.

Motos prefiere no elegir entre Trancas y Barrancas: “Es la pregunta que nunca le debes hacer a un hijo, si su padre o su madre”. “Me quedo con Juan y Damián”, sentencia. Ellos pasan una hora debajo de la mesa de Motos, soplándole sus textos a las hormigas. “Para nosotros”, dice Damián, “es como nuestro minipiso de la Trujillo".