Domingo, 30 de Mayo de 2010

Horrocks regresa a "Hicksville" en una edición revisada del clásico del cómic

EFE ·30/05/2010 - 12:27h

EFE - "Hicksville", el clásico de la novela gráfica del dibujante neozelandés Dylan Horrocks, se revisa ahora, después de doce años desde su primera edición, para volver a proponer un viaje en viñetas en busca del amor al cómic y la necesidad de, simplemente, dibujar.

"Hicksville", el clásico de la novela gráfica del dibujante neozelandés Dylan Horrocks, se revisa ahora, después de doce años desde su primera edición, para volver a proponer un viaje en viñetas en busca del amor al cómic y la necesidad de, simplemente, dibujar.

La nueva edición de "Hicksville" (Astiberri) cuenta con una presentación en viñetas en la que el autor cuenta su experiencia como dibujante antes y después de publicar esta influyente obra.

Con un dibujo tosco y un guión coral cargado de simbolismo y metáforas, Dylan Horrocks explora en esta novela el interior del ser humano y sus motivaciones para "hacer arte" y "continuar su camino hacia delante".

"Vivía en Inglaterra cuando empecé a crear una utopía imaginaria que reuniese mi amor por los cómics y mi país. Así surgió la isla de Hicksville, un lugar en medio de la nada donde podía hablar de las cosas que me importaban. Doce años después sigue significando mucho para mí", destaca Horrocks en una entrevista a Efe a través del correo electrónico.

En la utópica Hicksville las mujeres mayores coleccionan cómics de autor procedentes de Finlandia y Mongolia, las bibliotecas ofrecen varias copias de todos los volúmenes de Action Cómics y un periodista norteamericano, Leonard Batts, busca datos de la infancia del nuevo Jack Kirby, un dibujante procedente de Hicksville llamado Dick Burger.

Incluso hay un faro en el pueblo, el faro de Kupe, que guarda los cómics que nunca fueron dibujados.

"Nunca tuve un mensaje que dar, sino que trataba de darle sentido propio a muchas cosas -aclara Horrocks-, fue como comenzar un viaje de exploración con sólo una vaga idea de hacia dónde estaba yendo, sabiendo sólo que quería introducir un número de imágenes y elementos que tenían significado para mí".

La novela se divide en relatos, protagonizados por diferentes personajes cuyos caminos se entrecruzan al final de la novela, y que comienzan siempre con una frase de un creador de cómics que contextualiza el capítulo.

La nueva introducción le ha servido al autor para "encontrar" su camino "de vuelta a Hicksville".

"Una vez tuve un amor fuerte y puro por los cómics, pero a través de los años, trabajando como historietista, ese amor se puso a prueba y comenzó a crisparse convirtiéndose en algo mucho mas complejo y ambivalente; la nueva introducción habla de eso".

Hay en todo Hicksville una crítica hacia la industria del cómic "que roba a los artistas la posibilidad de contar las obras que llevan dentro", y la búsqueda constante de la pasión perdida hacia las viñetas.

Horrocks afirma, en este sentido haber atravesado un periodo, especialmente después de esta novela, en el que perdió "la fe en el arte", dejando de tener sentido para él seguir dibujando.

"He encontrado razones para seguir con ello, pero no con la intención de contar la verdad, como decía Picasso, sino para explorar mis sueños y miedos, y traerlos al contacto con la realidad", explica.

Fuertemente influido por su "tríada particular" (Hergé, Charles Schulz y Robert Crumb), Horrocks se define como un dibujante "no virtuoso", para el que dibujar "no es fácil" y que necesita "forcejear" con los dibujo para que funcionen o "simplemente sean adecuados".

Por eso confiesa haberse sentido tentado a "rediseñar" todas las ilustraciones para esta reedición.

En blanco y negro y con un estilo personal y especialmente duro en los rasgos, las viñetas de Hicksville, que Horrocks dibujó durante seis años en su tiempo libre, pueden no destacar individualmente, pero funcionan en conjunto con la historia.

"He cambiado mucho en estos años como autor, creo que hay algo en la transición de amar una forma artística a convertirte en un profesional y trabajar para la industria que puede conllevar algún problema", afirma Horrocks.

Para el autor neozelandés eso significa reconocer que, a veces, los cómics le provocan ansiedad. "Todavía los amo, pero a veces también los odio", afirma.

Vera Blanco