Viernes, 28 de Mayo de 2010

Hatoyama se juega el puesto al dejar una polémica base de EEUU en Okinawa

EFE ·28/05/2010 - 06:47h

EFE - El primer ministro nipón, Yukio Hatoyama, y el presidente estadounidense, Barack Obama, acordaron hoy mantener la base estadounidense de Futenma en la isla de Okinawa, en contra de lo prometido por el mandatario japonés en su campaña electoral. EFE/Archivo

El primer ministro japonés, Yukio Hatoyama, acordó hoy con Estados Unidos mantener dentro de Okinawa una polémica base norteamericana, decisión que incumple una de sus grandes promesas electorales y puede llegar a costarle el puesto.

El acuerdo, anunciado simultáneamente por Tokio y Washington, implica que la base aérea de Futenma, con 2.000 marines de EEUU y ubicada en plena zona urbana de Ginowan, sea trasladada a Nago, un área menos habitada en el norte de la isla nipona de Okinawa.

En sustancia es un pacto idéntico al firmado en 2006 por el Ejecutivo anterior del Partido Liberal Demócrata (PLD), que gobernó Japón durante 54 años, pese a que el actual primer ministro había prometido anularlo antes de llegar al poder en septiembre.

En una conversación telefónica, Hatoyama y el presidente de EEUU, Barack Obama, expresaron su satisfacción por un acuerdo que definieron como "viable" desde el punto de vista operativo y "sostenible" políticamente, según la Casa Blanca.

Pero a la decisión sobre Futenma se oponen los dos socios minoritarios en el Gobierno de Hatoyama, sobre todo el Partido Social Demócrata (PSD), cuya líder, Mizuho Fukushima, dijo hoy que su intención es seguir como ministra de Consumo, entre especulaciones de que la coalición podría romperse.

Hatoyama ha tardado ocho meses en decidir que todo siga igual sobre Futenma, el debate que ha dominado la vida política nipona en su corto mandato, por delante de la crisis o la elevada deuda pública, y por cuya solución ha llegado a amagar con la dimisión.

En el camino se ha dejado gran parte de su credibilidad política y el mayoritario respaldo con que arrasó en los comicios, al tiempo que ha inflamado las protestas en Okinawa, donde las tropas de EEUU son muy impopulares, ha azuzado el debate sobre la presencia militar norteamericana en Japón y ha deteriorado la relación con Washington.

La popularidad del primer ministro japonés, que superaba el 70 por ciento hace ocho meses, apenas roza hoy el 20 por ciento y en julio deberá pasar la prueba de las urnas para unas elecciones que renovarán la mitad del Senado, donde carece de mayoría.

Hatoyama, líder del Partido Democrático, ganó por mayoría absoluta las elecciones del 30 de agosto con un programa que abogada por una relación "de igual" con EEUU y revisar el estatus de las fuerzas norteamericanas en Japón, unos 50.000 militares, de los cuales la mitad están en Okinawa.

Su promesa estrella fue sacar la impopular Futenma de esa isla y, si era posible, de Japón, pero, aunque se ha empleado a fondo, no ha convencido a ningún alcalde para acoger la ruidosa base y a sus 2.000 marines, ni ha logrado que Washington le dé un poco de aire.

El Gobierno de Obama se opuso durante meses a toda alternativa que le ofreció Hatoyama, como construir una isla artificial en Nago o llevarla a la lejana Tokunoshima, y al final sólo cedió hoy en estudiar la posible salida de Okinawa de las maniobras de helicópteros de Futenma.

Japón y EEUU acordaron también tratar de llevar la base a su nuevo emplazamiento de Henoko, en Nago, antes de 2014, pero lo previsible es que las protestas, ya mayoritarias en Okinawa, aumenten en los próximos días, lo que podría retrasar el traslado.

El ministro nipón de Defensa, Toshimi Kitazawa, se comprometió hoy a buscar el apoyo de la población de Okinawa a este polémico acuerdo y argumentó que las necesidades de seguridad de Japón en la región del Este de Asia hacen obligatoria la permanencia de los marines de EEUU.

Esa fue la línea argumental que presentaron la semana pasada los gobiernos de Japón y Estados Unidos durante la visita relámpago a Tokio de la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, en plena crisis con Corea del Norte por el reciente hundimiento de un buque surcoreano, que se achaca al régimen comunista.