Viernes, 28 de Mayo de 2010

Conducir un ordenador con cambio automático

FRANCISCO DOMÉNECH ·28/05/2010 - 08:10h

MERO BARRAL - Doménech, con su iPad.

Tras la aventura de conseguir un iPad el día de su estreno en EEUU, mi primera impresión fue poco épica: «Es más pesado de lo que parece». esa sensación inicial desapareció en cuanto empecé a usarlo, pues en su funcionamiento todo es ligero y ágil. Nunca había tenido en mis manos un ordenador tan rápido, aunque su procesador sea de sólo un gigahercio.

En la primera toma de contacto con lo que Apple vende como un producto mágico y revolucionario me dediqué a poner a prueba su segundo eslogan, algo más modesto: «El mejor dispositivo para navegar por la web, consultar el correo y ver fotos». En los tres casos la experiencia de uso es una gozada, aunque lo de navegar merece un comentario aparte.

Si en general el iPad destaca por su rapidez, precisamente la visualización de páginas webs es más lenta que en un ordenador portátil convencional. Otro inconveniente es que, al no tener Flash, te pierdes los vídeos e infografías interactivas de muchos medios de comunicación. Pero sí puedes ver los vídeos de YouTube y Vimeo. Así que, para mí, que vivo fuera del universo Farmville, la tan controvertida ausencia de Flash no es un gran problema.

En las primeras pruebas, descargué libros a través de iBooks, compré un capítulo de Lost en iTunes e instalé programas y revistas de la App Store. El acceso a todos estos contenidos es inmediato, directo y transparente. Es lo que esperábamos de un iPhone gigante. La máquina perfecta para consumir contenidos. Bueno, en España no es tan perfecta, pues a través de iTunes no se distribuyen películas ni series de televisión, y sólo unos pocos libros.

Pero algunos esperábamos mucho más del iPad, lo veíamos como un nuevo tipo de ordenador personal. O sea, ¿es un producto revolucionario? Tras casi dos meses conservo mi sensación inicial. Es un ordenador portátil diferente, extraño: se enciende en unos 15 segundos, no hace ruido, no se calienta, la batería dura todo el día sin necesidad de recargarla, las aplicaciones se abren y responden al instante, los documentos se guardan solos, cuando abres un programa te lleva al documento y al punto en el que lo dejaste al cerrar, etc.

Es un ordenador con cambio automático. En un coche automático no hay palanca de cambios; en el iPad no hay ficheros ni carpetas a la vista del usuario. Sólo ves los documentos dentro de los programas. Tiene sentido, es un ordenador que se maneja sin apenas conocimientos informáticos. Pero los coches automáticos tienen que desplazarse por las mismas carreteras que los de cambio manual. Y el iPad tiene que intercambiar documentos con otros ordenadores.

Al contrario de lo que se dice, no sólo sirve para consumir contenidos, sino también para crearlos. Pero tiene un problema muy serio: cómo meter y sacar del iPad esos contenidos creados por el usuario. Las opciones que da Apple son pocas, y alguna muy rebuscada. Otras carencias serias que vienen de serie: no puedes descargar ni subir documentos desde el navegador, no puedes copiar documentos desde/hacia un llavero USB, ni tampoco puedes imprimir directamente.

El iPad parece hacer magia, es ágil donde los otros ordenadores aburren. Por eso, tanto en casa como de viaje o tomando un café, es ya mi ordenador favorito para navegar, para consultar el correo y Twitter. Su teclado virtual me vale de sobra para tomar notas, redactar borradores y hacer esquemas. También hago retoque básico de fotografías. Incluso he blogueado o actualizado webs, pero estas son tareas farragosas con el iPad. Con todas sus carencias, el gran problema del iPad es su experiencia de uso innovadora, natural y directa. La echo de menos cuando me siento delante de otro ordenador.

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