Miércoles, 26 de Mayo de 2010

Hasta una buena evidencia necesita promoción

Reuters ·26/05/2010 - 18:24h

Por Frederik Joelving

Los medicamentos que receta un médico dependen de algo más que de pruebas científicas, por ejemplo, de un buen visitador médico. Ahora, unos 150 investigadores recorren el país para promocionar sus hallazgos sobre la medicina más efectiva y económica para la presión.

Luego de más dos años, analizaron los resultados: un aumento del 23 por ciento en los pacientes que toman los fármacos recomendados, los diuréticos, en los condados en los que más trabajaron. Eso es más del doble que el porcentaje registrado en Estados Unidos para el mismo período.

"Pensamos que haría una mayor diferencia, pero algo logramos", dijo el doctor Barry Davis, de la Escuela de Salud Pública de la University of Texas, en Houston, que participó del estudio publicado en Archives of Internal Medicine.

"Estamos batallando cuesta arriba contra un diagnóstico muy frecuente y con miles de millones en juego", agregó.

En el 2002, Davis participó en un gran estudio comparativo de distintos antihipertensivos que reveló que los más antiguos y económicos, los diuréticos tipo tiazida, eran más efectivos y económicos que los fármacos más modernos.

Pero aunque los resultados se incluyeron rápidamente en las guías nacionales, a Davis le disgustó ver que eso no se traducía significativamente en las recetas médicas.

De modo que, con un subsidio de 4 millones de dólares de los Institutos Nacionales de Salud, convenció a otros investigadores del ensayo inicial para promover el uso de los diuréticos en reuniones con médicos locales.

Estudios previos más pequeños habían demostrado que esa práctica, que imita lo que hacen los visitadores médicos y se llama "intervención académica detallada", es efectiva para cambiar la forma en que los médicos recetan. Pero había un problema: ¿quién lo financiaría?

Mientras que la industria aporta miles de millones de dólares a la comercialización, sabiendo que los recuperarán de manera multiplicada, el sistema de salud no invierte en esos esfuerzos, dijo Jeremy Grimshaw, experto en transferencia del conocimiento en salud de la University of Ottawa.

"Opino que debería empezar a hacerlo", dijo Grimshaw, que no participó en el estudio.

El nuevo estudio, agregó, demostró que la intervención académica detallada es una forma viable de contrarrestar los intereses comerciales.

Su efecto no sería enorme, pero mejoraría la prescripción basada en la evidencia en un porcentaje pequeño, pero lo suficientemente alto como para "tener impacto en la salud pública".

En un comentario sobre el estudio, el doctor Jerry Avorn sostuvo que la motivación económica de la industria farmacéutica no siempre atendería el interés de los pacientes.

Mencionó, por ejemplo, el caso del analgésico Vioxx, que Merck retiró del mercado en el 2004 tras haberse demostrado que causaba infartos y no era mejor que los fármacos más antiguos.

"A los pacientes se les impone soportar la carga de la eficacia mediocre o de los riesgos que aumentan esos productos, mientras todos tenemos que pagar por sus altos costos", escribió Avorn, de la Escuela de Medicina de Harvard, en Archives of Internal Medicine.

FUENTE: Archives of Internal Medicine, 24 de mayo del 2010.

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