Lunes, 24 de Mayo de 2010

ENFOQUE-Expertos alertan de riesgo salud por violencia Pakistán

Reuters ·24/05/2010 - 12:05h

Por Michael Georgy

Rifaat Ramzan yace en la cama de un hospital con la vista perdida, aún traumatizado semanas después de perder a su mejor amigo, Noman, en un atentado suicida.

"El me acababa de decir cuán bueno era soñar y que nosotros alcanzaríamos nuestros sueños", dijo Ramzan, quien comenzó a dormir con un arma bajo la almohada, temeroso de morir también por la cruda violencia de Pakistán.

"Un hombre le preguntó a Noman si podía llevarlo en su motocicleta hasta la estación de policía. Cuando llegaron allí el sujeto se inmoló. Noman y nueve personas más murieron", sostuvo Ramzan.

En el conflicto entre insurgentes talibanes y el Ejército de Pakistán miles de personas han muerto en ataques en una extensa serie de lugares, desde puestos policiales y militares a concurridos mercados. Incluso un partido de volley fue objeto de un ataque. Incontables personas más quedaron heridas.

Pero la repercusión sicológica a menudo pasa inadvertida, aunque hospitales mal financiados y faltos de personal están atendiendo a un número creciente de personas que no pueden lidiar con el derramamiento de sangre.

"Esto nos está alarmando", dijo el sicólogo Najam Younes.

Algunas personas están demasiado deprimidas para ser funcionales. Otros se ven colmados por ataques de ansiedad, paranoia y desórdenes de estrés post traumático. La aparición constante de recuerdos son comunes.

No hace falta mucho para desequilibrar mentes.

Incluso los titulares sobre ataques menores que recorren los canales alcanzan para que las personas acudan al siquiatra en busca de calmantes que los ayuden a dormir por las noches.

Por fortuna para los pakistaníes, el estigma ligado a las enfermedades mentales ha disminuido, facilitándoles la búsqueda de atención siquiátrica, según especialistas del área.

Pero el problema es que las personas atrapadas en hechos de violencia -que en su mayoría viven en el epicentro del conflicto en el noroeste- no tienen acceso a instalaciones de atención sicológica. De modo que deben realizar viajes largos y costosos hasta ciudades como Peshawar para ser tratados.

Los que pueden costearla a menudo no reciben la atención que necesitan porque hay muy pocos doctores, quienes con frecuencia están sobrecargados y no pueden proveer terapia, sino sólo medicina.

LOS MAS VULNERABLES

El Hospital Siquiátrico Sarhad de Peshawar, ubicado en el mismo complejo que una prisión donde militantes esperan ser juzgados, es un ejemplo. Es la única instalación adecuada de salud mental.

En el jardín del hospital, pacientes sedados se encuentran sentados en hileras sobre el suelo de cemento, mirándose fijamente entre sí en silencio. Algunos parecen perdidos. Otros se muestran sospechosos. "Larga vida a Pakistán", está escrito sobre una pared detrás de ellos junto al dibujo de una flor.

En una lúgubre y pequeña cocina cerca de allí, un cocinero revuelve estofado en una enorme olla junto a cuencos de acero.

El renombrado especialista Muhammad Tariq a veces atiende a 100 pacientes al día. Además es el principal sicólogo forense de la región, de modo que debe pasar tiempo en la corte. La falta de fondos en el hospital estatal implica que no tiene una computadora para administrar sus archivos.

"Lo que puedo hacer es limitado", explicó.

Tariq dice que a diario llegan entre 10 y 15 pacientes que sufren de problemas mentales producto de la violencia. Muchos han perdido sus casas y sus sustentos.

De todos modos, esos no son los peores casos.

Manejar personas sacudidas por el derramamiento de sangre y que ya sufrían enfermedades mentales es mucho más desafiante. Son los más vulnerables.

Muhammad Ikhtiar fue suficientemente afortunado de lograr que una entidad islámica de caridad pagara los medicamentos para su hijo esquizofrénico. Los enfrentamientos afligían la frágil mente de su hijo Muhammad.

"A veces él tiene miedo de los talibanes y el Ejército. Otras está convencido de que es un comandante talibán o uno del Ejército", dijo Ikhtiar, un anciano de barba blanca.

Los problemas de Ikhtiar no terminan allí. Los militantes a menudo se esconden en sus campos de maíz, de modo que las fuerzas del Gobierno lo obligaron a cortar el cultivo, explicó. Ahora debe encontrar formas de ganarse la vida mientras cuida de su hijo.

Los doctores dicen que los pacientes necesitan apoyo familiar. Pero debido a los enfrentamientos, es demasiado peligroso dirigirse a sus casas. Muhammad Iqbal, un hombre fornido que usaba un chato sombrero de lana llamado chitrali, sufre de desorden bipolar. Su estado de ánimo a menudo pasa de la depresión a la euforia.

Los médicos esperan que los estabilizadores de ánimo lo hagan caer en la cuenta que es demasiado riesgoso regresar con sus cuatro hijos a Waziristán del Norte, que está infestada de militantes de Al Qaeda y talibanes.

"Ahora mismo no tiene idea de lo que está sucediendo. Cree que regresará a una aldea pacífica con un bello bosque", señaló Tariq en el hospital.