Lunes, 24 de Mayo de 2010

La crisis pasa factura a la mayoría de los gobernantes

La popularidad de los líderes se desploma y sólo aprueban Merkel, Lula y Medvédev

CAROLINA MARTÍN ·24/05/2010 - 05:10h

Pete Souza - Los líderes del G-8 en la cumbre de L'Aquila (Italia) en 2009.

El índice de aprobación de los líderes políticos de las principales economías del mundo se ha resentido notablemente en la fase más intensa de la crisis. Muy pocos aprueban, entre ellos el brasileño Lula da Silva, el presidente ruso Dmitry Medvédev, o la canciller alemana Angela Merkel, que acusa un descenso de popularidad. Otros gobernantes también lo padecen, pero además suspenden ante la ciudadanía. Es el caso José Luis Rodríguez Zapatero, el portugués José Sócrates, el francés Nicolas Sarkozy y el italiano Silvio Berlusconi, entre otros.

Ni siquiera el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se libra. Desde su llegada a la Casa Blanca en enero de 2009, ha perdido 19 puntos de popularidad y en estos momentos una mayoría desaprueba su gestión. El catedrático de Periodismo y Comunicación de la Universitat Autònoma de Barcelona, Pere Oriol, señala que su valoración ha quedado erosionada porque "las fuerzas conservadoras que había conseguido modificar para lograr una victoria atípica están reaccionando muy agresivamente".

Berlusconi, Merkel, Zapatero y Sarkozy han perdido apoyo entre los ciudadanos

En ese cambio han influido las reformas que ha impulsado en materia sanitaria y, más recientemente, "financiera, que apunta hacia productos oscuros y los grandes monstruos" del mercado, explica Oriol.

El catedrático critica que la atención se haya "redirigido hacia los políticos, porque el aparato mediático no ha incidido en los responsables de verdad: los bancos, las aseguradoras, las agencias... No hay más que ver la caída de popularidad de Sarkozy, Zapatero e incluso la salida de Brown".

El líder británico cerró su etapa al frente del Gobierno, tras las elecciones de mayo, con casi el mismo nivel de popularidad que cuando llegó a Downing Street en junio de 2007, pero con un 60% de los ciudadanos insatisfechos con el trabajo que estaba realizando.

Castigo a los más visibles

Para el profesor de Ciencia Política de la Universidad Carlos III de Madrid, Javier Lorenzo, esta crisis, "a diferencia de las anteriores, no se ha anticipado y no sabemos cuándo va a acabar. Además ha venido por fases lo que ha producido un desgaste constante de los Gobiernos y de la credibilidad de sus líderes". La ciudadanía, señala Lorenzo, "busca seguridad y certezas, por eso castiga más a las cabezas visibles".

Entre los que se han visto más afectados, destacan el primer ministro japonés, Yukio Hatoyama, que gobierna en coalición tras la victoria electoral del Partido Democrático en agosto de 2009. Su popularidad ha caído 25 puntos desde diciembre y hoy sólo consigue la aprobación de 2,5 de cada diez encuestados, según el sondeo del diario Yomiuri.

La falta de confianza dirige el castigo hacia los líderes más visibles

En el caso de Alemania, donde se constituyó un Gobierno de coalición entre los democristianos y los liberales en octubre de 2009, el mayor desgaste de popularidad lo ha sufrido el actual vicecanciller y ministro de asuntos exteriores, Guido Westerwelle, que lidera la formación liberal. Impulsor de la política económica y firme defensor de una cuantiosa rebaja fiscal en Alemania que acaba de ser retirada, su gestión sólo es reconocida por el 24% de los ciudadanos.

Desde junio de 2008 (entonces en la oposición), su popularidad ha descendido 27 puntos. La labor de la canciller, Angela Merkel, sin embargo, es calificada de muy buena o buena por el 58% de los encuestados. La valoración del ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, de la CDU ha mejorado cuatro puntos entre junio de 2009 y mayo de 2010.

Los intentos del primer ministro griego, Yorgos Papandreu, por levantar la economía, como rezaba el programa con el que concurrió a los comicios en octubre de 2009, han sido insuficientes para generar confianza en la sociedad, que ha visto cómo los indicadores económicos seguían empeorando. Actualmente, sólo dos de cada diez ciudadanos se muestran satisfechos con su gestión, encaminada a reducir el déficit fiscal a través de varias medidas que implican que los griegos "se ajusten el cinturón".

Esta austeridad "imprescindible", según los líderes europeos, parece haber sido aceptada por los griegos, según han recogido varios sondeos. Algo similar ha sucedido en España. La crisis ha pasado factura a José Luis Rodríguez Zapatero. Según el Publiscopio de mayo, sólo el 27,9 de los encuestados aprueban su labor al frente del Gobierno, mientras que en septiembre de 2008, lo hacía el 40,1%. Mejor aceptación han tenido algunas de las medidas adoptadas por el Ejecutivo para cortar el déficit, como la reducción del sueldo de los funcionarios y la inversión pública, a la vista de los resultados del mismo estudio.

Reacción ante los recortes

La adopción de medidas para "acelerar" la recuperación puede apuntalar la confianza en los líderes. "La gente castiga a los portavoces de las malas noticias", señala Lorenzo.

La mayoría de los líderes de la UE han anunciado recortes, algunos de ellos en mínimos de popularidad. Es el caso de Silvio Berlusconi. El presidente italiano genera confianza en el 44% de los ciudadanos, el nivel más bajo desde que fue elegido en abril de 2008. El presidente de la República francesa, Nicolas Sarkozy, tampoco se libra de la desaprobación generalizada entre sus ciudadanos. Poco más de un 30% de la sociedad juzga favorablemente su actuación.

"La gente castiga a los portavoces de las malas noticias"

Al otro lado del Atlántico, la actuación del primer ministro canadiense, Stephan Harper, sólo es aprobada por el 29% de los ciudadanos. Las turbulencias se acentuaron a finales de 2008, cuando se vio forzado a cambiar los Presupuestos para incluir estímulos económicos. Un año después, anunció que Canadá incurriría en un déficit fiscal de más de 50.000 millones de dólares después de doce años de superávit fiscal.

Otros gobernantes europeos han corrido una relativa mejor suerte. El primer ministro luso, José Sócrates, ha recuperado posiciones con la adopción rápida de medidas, pero su imagen sólo es positiva para el 30,6% de los ciudadanos.

Del G-8, son los gobernantes de Brasil y Rusia los que consiguen mejores índices de popularidad entre sus ciudadanos. El Gobierno de Lula da Silva cuenta con el aval del 73% de los encuestados, nueve puntos más que en septiembre de 2008. En febrero de este año, el presidente Dmitry Medvédev era aprobado por el 77% de la población, un punto menos que en diciembre.

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