Domingo, 23 de Mayo de 2010

"La izquierda ya es incapaz de criticar"

Benoît Duteurtre. Autor de ‘La niña y el cigarrillo’

PAULA CORROTO ·23/05/2010 - 09:20h

El escritor Benoît Duteurtre está en contra de los predicadores antitabaco.

Benoît Duteurtre (Francia, 1960) es amigo personal de Michel Houellebecq. También podría decirse de él que es su máximo apostol: Duteurtre es un escritor deslenguado que dispara con ironía y humor contra toda corrección política y que no se adscribe a ningún grupo político. "Soy de izquierdas, luego conservador", escribió hace unos meses en Libération. En su primer libro publicado en España, La niña y el cigarrillo (451 editores), arremete contra los predicadores de la ley antitabaco, contra los ortodoxos del ecologismo y contra la sobreprotección de los menores.

La niña y el cigarrillo' parece reflejar una sociedad insoportable, cada vez más estúpida. ¿Ese es el concepto de sociedad que tiene?

Sí. La sociedad europea se está convirtiendo en una vulgar provincia del imperio capitalista mundial, sometida a sus consignas financieras, higiénicas, de seguridad Afortunadamente, Europa aún posee una belleza, una riqueza, un estilo de vida, aunque también parece dispuesta a tirarlo todo por la borda.

En el libro, por fumar un cigarrillo ante una niña, el protagonista entra en un proceso jurídico kafkiano que le sitúa ante la pena de muerte acusado de pedofilia. ¿Podría ser algo así ser posible realmente?

Exageré un poco las cosas, pero mi intención era mostrar la locura en la que vivimos sin darnos cuenta.

¿Cree que nuestra sociedad se ha vuelto exagerada con la protección de los menores ?

Somos la sociedad del abandono y de la compasión. Abandonamos todo tipo de reglas financieras y sociales, pero multiplicamos las obligaciones y las protecciones en la vida cotidiana. Me pregunto si es una forma de compensación desde que la homofobia está oficialmente prohibida. Los malos instintos que ya no pueden ejercerse contra los gays se expresan ahora hacia los violadores de niños.

En el libro, el alcalde de la ciudad pertenece a un partido de izquierdas. Imagino que lo hizo a propósito.

Sí. Desde que la izquierda renunció a una verdadera crítica del capitalismo, su discurso se basa en causas morales. Por eso he creado este personaje que no tiene realmente programa político, pero se refugia en el antirracismo, el amor por los niños, el amor al aire puro, etc... Si la izquierda tuviera el valor de poner en tela de juicio la Europa mercantilista y administrativa, sería claramente más interesante, pero parece totalmente incapaz de ello.

El protagonista es un rebelde que no entiende la sobreprotección a los niños. ¿Cree que los rebeldes han desaparecido? En plena crisis, apenas hay una reacción ciudadana.

Los europeos siempre están en una situación difícil. Por un lado, ven que la evolución del mundo no les beneficia, que las potencias financieras y la falta de reglas en el comercio destruyen poco a poco la riqueza europea. Pero los europeos saben también que, por ahora, viven mejor que la mayoría de los países del resto del mundo. Por eso no se atreven a rebelarse. Tienen miedo a perder lo que les queda.

¿La única manera de resistir es a través del cinismo?

El cinismo es a menudo muy importante para un novelista, como si le permitiera ver mejor las cosas, más allá de la moral. Está omnipresente en la obra de Maupassant,Balzac, Céline. Y el cine también tiene a sus maestros del humor negro; me encanta Alex de la Iglesia.

Maupassant, Céline y Balzac eran escritores que molestaban, cada cual desde su punto de vista. ¿Dónde se han metido hoy los escritores molestos ?

El mundo está envuelto en cambios radicales y extraordinarios que deberían apasionar a los novelistas. Sin embargo, lo que prima en Francia son los que hablan de sí mismos, de su vida sexual. Hay que abandonar los talleres de literatura e ir fuera, porque los nuevos personajes, las nuevas situaciones, están por todas partes.

Por cierto, usted escribió un libro sobre el valor de la música popular por el que recibió unas críticas bastante negativas.

Quise provocar al sistema diciendo: "¿Se puede criticar la modernidad sin ser un reaccionario ?". Claro que sí, porque es en nombre de la imaginación y de la verdadera modernidad.