Jueves, 20 de Mayo de 2010

Muere el inventor del cajero automático

John Shepherd-Barron vendió su idea a Barclays y en 1967 una sucursal del norte de Londres instalaba la primera máquina

PÚBLICO.ES ·20/05/2010 - 11:43h

Así era el primer cajero instalado en una sucursal de Londres de Barclays. BBC-archivo

"Me obsesionaba la idea de que tenía que haber una manera de poder conseguir dinero en cualquier parte del mundo o del Reino Unido. Y se me ocurrió crear una máquina como las dispensadoras de tabletas de chocolate, pero que en vez de chocolate diera dinero". 

De un pensamiento absurdo pueden surgir grandes ideas y así es como John Shepherd-Barron acabó inventando el cajero automático en 1967. Ayer, 43 años después, falleció

En una entrevista para la BBC en 1997, cuando se cumplieron 30 años del cajero automático, Sheperd-Barron puso en evidencia su gran imaginación. Harto de que las focas se comieran los salmones que criaba en su piscifactoría del norte de Escocia, inventó "un aparato que reproducía los sonidos de las orcas para asustarlas y resulta que en vez de salir corriendo lo que hacía era atraerlas", dijo.

Pero los genios no tienen por qué acertar a la primera. Como se comprobó años más tarde, el invento que le hizo famoso estaba por llegar: el cajero automático.

Cabono 14 a falta de tarjetas

Sheperd-Barron introdujo también el código de cuatro cifras que hoy se aplica en la mayoría de las tarjetas del mundo

Nació en India pero sus padres eran escoceses. Tras trabajar la idea de conseguir tener dinero a mano en todo el mundo se reunió con el director de Barclays y en 1967 el primer cajero automático del mundo estaba ya instalado en una sucursal del norte de Londres.

Según explican hoy los diarios británicos, entonces no estaba inventada la tarjeta de crédito, por lo que los londinenses que quisieron hacer uso del cajero tenían que introducir en la máquina unos cheques especiales impregnados con una película de carbono 14. El aparato reconocía el papel y tras introducir una contraseña de cuatro dígitos, daba el dinero.

Sheperd-Barron decidió que el famoso pin de las tarjetas de ahora tenía que tener cuatro cifras después de que su mujer le dijera que ella no sería capaz de memorizar más.

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