Jueves, 20 de Mayo de 2010

"No se puede vivir al margen de la televisión"

Luis del Val disecciona la trastienda del medio en su última novela

REBECA FERNÁNDEZ ·20/05/2010 - 08:00h

REBECA FERNÁNDEZ - Luis del Val.

Estamos dentro es una expresión que sirve para avisar a los presentadores de que su programa va a iniciar su emisión en directo, pero también es el título elegido por Luis del Val para su última novela, en la que analiza la trastienda televisiva y muestra hasta qué punto tanto los profesionales como los espectadores se encuentran inmersos en el universo de la pequeña pantalla.

"Yo no critico la televisión, le tengo ternura, y me parece un elemento imprescindible; no se puede vivir al margen de la tele, excepto los eremitas y los filósofos huraños. Si uno está dentro de la sociedad, se dedica a cantar, escribir o construir edificios, tiene que estar en la televisión, porque si no, no existe", manifestó ayer en la presentación del libro este periodista y escritor, que ha sido guionista de televisión, ha pasado por la radio y la prensa y es autor de títulos como Buenos días, señor ministro, y Crucero de otoño, entre otros.

A lo largo de 334 páginas, Estamos dentro (Espasa) muestra la historia de una estrella emergente de los informativos y su historia de amor con una famosa presentadora acostumbrada a anteponer a todo su triunfo profesional. Esta relación se entremezcla con las conspiraciones, las luchas de poder y la omnipotente dictadura del share. Por ello, el presidente de la Academia de Televisión, Manuel Campo Vidal, que también acudió a la presentación, destacó que esta novela es un "gran retrato" de las interioridades de la tele, incluidos los veteranos y los personajes "de usar y tirar" creados por algunas cadenas, que están inmersos en la "nube volcánica" de este negocio.

En este sentido, Del Val destacó que la tele se ha convertido en "un fin en sí mismo", en lugar de un medio para expresar ideas, lo que permite que surjan personajes "que salen en televisión porque salen en televisión". "Esa perversión siempre me ha fascinado y ha ido creando monstruos que se necesitan para la bulimia de un público cada vez más ávido de esas cosas", destacó.

Sin embargo, para evitar esta situación, este escritor no confía en las prohibiciones, sino en la autorregulación. "De la misma manera que cada pueblo tiene el gobierno que se merece, cada pueblo tiene la televisión que se merece, aunque a veces produce malos ejemplos; pero la tele no está para educar, para eso están la familia y la escuela", resaltó Del Val. A su juicio, si el espectador vive en "una familia estructurada", va a "una escuela estructurada" y tiene "una jerarquía de valores" a la hora de elegir los programas, será consciente de lo que le interesa y de si le manipulan o no. "Yo no le echaría a la televisión la carga de todo", concluyó.