Sábado, 15 de Mayo de 2010

El castigo a Garzón indigna a los medios internacionales

Los principales periódicos consideran que la decisión del Poder Judicial muestra que la Justicia española no ha superado los fantasmas del pasado

IÑIGO ADURIZ ·15/05/2010 - 23:39h

Garzón se despidió el viernes de la Audiencia Nacional. - EFE

La decisión del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) de suspender a Baltasar Garzón ha provocado airadas reacciones en todo el mundo. Su imagen saliendo el viernes de la Audiencia Nacional entre la ovación de sus compañeros y la indignación de las numerosas víctimas del franquismo que le esperaron a pie de calle ha dado ya la vuelta al globo y los más prestigiosos medios internacionales plantearon e intentaron responder una misma pregunta: ¿Cómo es posible que el juez que ha desarrollado la justicia universal se siente en el banquillo por investigar el franquismo?

Especialmente crítica se presentaba la prensa en Argentina, país en el que Baltasar Garzón goza de una gran simpatía por ser quien incitó a investigar los crímenes cometidos allí durante los gobiernos de la Junta Militar a finales de los setenta. En el diario Página 12 fueron varios los análisis que se refirieron a la "cacería judicial" contra Garzón, consecuencia de una dictadura que, según apuntaron, no ha sido "derrotada políticamente". Clarín, el más importante en número de lectores, se refirió al magistrado como el hombre que pudo "juzgar a los dictadores".

En Francia, el caso ocupó los principales informativos y telediarios del viernes. El vespertino Le Monde dedicó su principal editorial de primera página al magistrado. "Garzón reabre las heridas de España", tituló el rotativo. El diario progresista galo denunció la "politización" de la Justicia españo-la y alabó a Garzón por ser "el pionero" en desarrollar la justicia internacional en todo el mundo".

‘Le Monde’ destaca que fue el pionero en desarrollar la justicia universal

"¿Cuál es su falta?" se preguntó el rotativo: "Intentar abrir por primera vez en España el dossier de los crímenes cometidos durante la dictadura de Franco", indicó. El periódico francés planteó las dificultades jurídicas que ha planteado ese asunto desde la aprobación de la Ley de Memoria Histórica, pero advirtió que "sobre todo, la estrategia del olvido no funciona".

"La cuestión jurídica es qué principio legal se aplica: La amnistía para las élites de la dictadura o investigar los crímenes contra la humanidad", apuntó, por su parte, el diario conservador alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung. La revista Die Zeit lamenta en su edición de esta semana que en España se había producido "la victoria de los de ayer". "Pero la lucha por la aclaración de los crímenes de Franco continúa", se puede leer en las páginas del semanario.

En EEUU, mientras, consideran a Garzón como "la última víctima de Franco". Así tituló, por lo menos, su información sobre el caso el diario The Atlantic, de Washington. Desde un punto de vista más ambiguo la cadena CNN se limitó a contar que, "en sus 22 años de profesión" Garzón "se ha ganado muchos admiradores por su trabajo de vanguardia en los casos internacionales de derechos humanos, pero también muchos enemigos, incluidos políticos". El prestigioso The New York Times, que el pasado 8 de abril dedicó un editorial al caso de Garzón advirtiendo sobre la politización de la Justicia española, recogió esta vez la noticia de la suspensión en un despacho de agencia.

En Argentina creen que la dictadura no ha sido "derrotada políticamente"

Vuelta a la Guerra Civil

Más cerca de España, en Reino Unido, apenas se dedicaron unas líneas al asunto. Los medios continúan inmersos en la batalla electoral interna. The Guardian sí ha informado periódicamente sobre el proceso judicial, y ha incluido reportajes sobre la lucha de los descendientes de las víctimas del franquismo para dar una sepultura digna a sus familiares.

La prensa británica ha definido la suspensión de Garzón como un nuevo ejemplo de la incapacidad de España por superar lo que llaman "los fantasmas de la Guerra Civil". Y ha llamado la atención en la paradoja de que España se haya implicado en la investigación de violaciones de derechos humanos fuera de sus fronteras, mientras que ahora se niega a abrir las páginas oscuras de su historia.

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