Domingo, 16 de Mayo de 2010

La semana negra

El descalabro del 6 de mayo en Wall Street disparó todas las alarmas en el Gobierno

G. L. A. ·16/05/2010 - 09:20h

Europa asistió estupefacta al ataque de pánico en Wall Street. - EFE

Al presidente del Gobierno le sorprendió el ritmo vertiginoso de los acontecimientos de la semana negra del 3 al 9 de mayo, en la que se fundieron todos los mercados de valores. Pero José Luis Rodríguez Zapatero no fue, ni mucho menos, la excepción. Lo mismo les ocurrió a sus colegas europeos e incluso a Barack Obama, que el 6 de mayo asistió estupefacto al ataque de pánico en la bolsa de EEUU a causa de lo que, según todos los indicios, fue un ataque concertado de los especuladores, aunque en las horas siguientes se fabuló como una rebelión de los ordenadores provocada por un simple error ortográfico.

Zapatero venía acumulando desde el mes de marzo información que le conducía a pensar que tendría que acometer un ajuste duro. De ahí que el pasado 11 de abril declarase en Financial Times que recortaría el gasto público "cueste lo que cueste". Las noticias que la vicepresidenta segunda, Elena Salgado, trajo de la reunión celebrada en Washington el 22 de abril por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial confirmaron sus temores. Allí se lanzó la voz de alarma sobre el exceso de deuda que se estaba acumulando en Europa y la necesidad de meter la tijera para apaciguar los mercados.

El rescate griego

Después, la actitud dubitativa y en algunos momentos errática de Alemania para acometer el rescate de Grecia, al anteponer Angela Merkel sus intereses electorales cortoplacistas, estuvieron a punto de romper la unidad de la zona euro y, finalmente, como han confirmado los acontecimientos, no sólo España, sino todos los países de la zona euro se han visto obligados a acometer drásticos recortes del déficit público.

En el caso de España, el mayor lastre es la deuda privada empresas y familias, que representa una vez y media el PIB. Pero la exigencia de los mercados y de los organismos internacionales se centraba en el gasto público. Tras los ataques especulativos contra los países de la zona euro, Zapatero ya había decidido el viernes comparecer en el Parlamento y así pidió que lo anunciara a la portavoz, María Teresa Fernández de la Vega. Aún no sabía lo que iba a plantear, pero ya sabía que algo tendría que plantear.

Reunión en la Moncloa

El domingo pasado, tras visitar al rey en el hospital donde fue operado en Barcelona y suspender su asistencia a la fiesta de la rosa de los socialistas vascos, convocó en la Moncloa una reunión muy restringida con miembros de la Oficina Económica y del Gabinete de Presidencia. En este encuentro, al que no asistieron ninguna de las dos vicepresidentas ambas de viaje, se planteó la necesidad de acelerar el recorte del gasto ya previsto y hubo tormenta de ideas, pero no se concretaron medidas.

El lunes, en la habitual reunión de maitines, anunció al núcleo duro la decisión de acelerar el recorte y se puso encima de la mesa el recorte salarial de los funcionarios, la supresión del cheque-bebé y la posibilidad de alguna medida en el ámbito sanitario.

Las medidas concretas las empezó a definir a partir del mediodía en una larga reunión con la vicepresidenta segunda, Elena Salgado, que no acudió a la matinal porque había aterrizado en Madrid a las siete de la mañana, después de participar en la reunión de ministros de Economía del Eurogrupo que acordó el blindaje del euro.

El martes, comenzaron a ponerse blanco sobre negro las medidas a adoptar y se hizo la proyección económica de su impacto, trabajo que se prolongó hasta la madrugada, con retoques en el discurso del presidente hasta poco antes de su intervención ante el pleno del Congreso.

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