Sábado, 15 de Mayo de 2010

Oliver Stone domestica a la Bruja Avería

Michael Douglas y el director estadounidense edulcoran el crac financiero en la nueva versión de 'Wall Street' 

CARLOS PRIETO ·15/05/2010 - 08:00h

efe - Vuelve Michael Douglas, vuelve Gordon Gekko. Pero esta vez está arruinado y es un ex presidiario.

Cocaína, alcohol y pastillas en cantidades industriales. No, no es que Oliver Stone y Michael Douglas se desmadraran anoche en una de las fiestas de los yates despampanantes aparcados (en doble y hasta en trile fila) en la playa de Cannes. El cineasta y el actor se limitaron a presentar Wall Street: el dinero nunca duerme, segunda parte de la mítica película de los años ochenta.

Se trata más bien de los ingredientes encontrados en la sangre del cadáver de Seth Tobias, mánager de un fondo de inversiones y rostro habitual de los programas económicos de la televisión estadounidense, en la que abogaba por dejar que el sabio mercado decidiera por nosotros (fácil de decir cuando uno vive en una villa en Palm Beach de cinco millones de euros, claro).

"Es la historia de un hombre que sale de la cárcel y que no tiene dinero"

Al bueno de Seth lo encontraron flotando en su piscina el 4 de septiembre de 2007, poco antes de que el sistema financiero se hundiera estrepitosamente. Pero lo importante es saber cómo llegó a ser un reputado analista de bolsa. Poco antes de morir, grabó una entrevista para los extras del DVD de Wall Street. "Cuando vi la película en 1987 me dije a mí mismo: eso es lo que yo quiero ser". Eso era Gordon Gekko, el bróker despiadado que sostenía que "la codicia es buena" y que proporcionó un Oscar a Michael Douglas.

De Gekko se afirmaba en ese profético filme sobre la época en la que Reagan y Thatcher propulsaron el neoliberalismo "que le habían extirpado la ética antes de nacer". Y pese a que lo que pretendía Stone era lanzar una andanada contra la codicia de los mercados, paradójicamente cientos de jovencitos siguieron el mismo camino que Tobias tras ver Wall Street.

Algo que dejó perplejos a Stone y Douglas, que interpreta ahora a un Gekko recién salido de la cárcel por sus fechorías económicas. Tan perplejos que, tras ver la segunda parte, ambientada en la actual crisis financiera, cualquiera diría que su principal objetivo ha sido impedir que esto volviera a ocurrir, renunciando a a escarbar de nuevo en el lado brutal del personaje.

Se esperaba a un Stone más cañero, sin discurso de tolerancia

Lo que es un problema bien grave: Gekko era la salsa de Wall Street, el mal en estado puro, el hombre que decía a las claras cómo funciona el capitalismo salvaje sin necesidad de refugiarse en los eufemismos de la incomprensible jerga económica. Nos gustaba Gordon Gekko por los mismos motivos por los que nos gustaba la Bruja Avería: porque llamaba a las cosas por su nombre. ¡Viva el mal! ¡Viva el capital!

Pero Wall Street: el dinero nunca duerme es otra cosa: "Se trata de una historia sobre padres e hijos y sobre maridos y esposas, gente que trata de equilibrar su necesidad de dinero y poder con su necesidad de amar", explicó ayer Stone. "Han pasado muchos años, durante su estancia en prisión perdió a su hijo y su hija lo abandonó, tuvo que empezar de cero No quisimos repetir la misma historia", añadió Douglas.

Actualidad que asusta

Y tanto. Al principio del filme parece como si Stone quisiera volver a radiografiar la situación de los mercados, como hizo en la primera Wall Street, de una actualidad que asusta. Pero tras un arranque en el que la trama familiar camina de la mano del crac financiero (con sus hipotecas basura, su rescate bancario y sus agentes de bolsa sin sentimientos) la cosa deriva en un inverosímil melodrama familiar.

Un perezoso Stone recurre a la simbología más gruesa para quitarse de encima el embolado de tratar de aclarar en una ficción comercial qué leches está pasando en los centros de poder económicos: las escenas de la pompa de jabón volando hacia el cielo neoyorquino para simbolizar la burbuja económica y la del broker pateando el cuadro Saturno devorando a sus hijos tras darse cuenta de que el sistema se lo va a llevar por delante son tan sutiles que podrían formar parte de un sketch de Los Morancos.

"Lo que ha cambiado ahora es que hablamos de un hombre derrotado, al que nadie espera cuando sale de la cárcel y que no tiene dinero... un tipo en lo más bajo de su existencia", dijo Stone. Alguien a quien, desde luego, no querría parecerse Seth Tobias. Y eso es un drama. Porque con la que está cayendo lo que queríamos es que Stone diera otro puñetazo encima de la mesa. Que rodara una película más punki. Más a saco. No está la cosa para que nos vendan una Bruja Avería con un discurso de tolerancia, ecología y buen rollo, sino para que nos cuenten la verdad. Aunque sea una salvajada.

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