Viernes, 14 de Mayo de 2010

Cameron enarbola la maltrecha bandera tory en Escocia

Promete estudiar la ampliación de competencias del Gobierno nacionalista

IÑIGO SÁENZ DE UGARTE ·14/05/2010 - 20:06h

David Cameron se adentró ayer en territorio enemigo. Viajó a Escocia donde los conservadores no son bien recibidos desde los tiempos de Margaret Thatcher. En las últimas elecciones, los tories sacaron un diputado sobre 59 posibles.

El primer ministro prometió mantener una relación de “respeto” con el Gobierno que preside el nacionalista Alex Salmond. Dijo que está dispuesto a comparecer una vez al año ante el Parlamento autonómico y que los ministros escoceses puedan intervenir en ocasiones en las comisiones de la Cámara de los Comunes.

“Nunca cederé en mi compromiso por mantener unido al Reino Unido, pero quiero intentar que la relación funcione mejor”, dijo.

No hay aparentemente segundas intenciones ni planes secretos. A los conservadores les vendría muy bien electoralmente la separación de Escocia de Inglaterra, y dejar a los laboristas sin su baluarte del norte.

Pero aunque muchos conservadores se quejan de que los escoceses siempre están pidiendo dinero, la vocación unionista del partido sigue siendo muy fuerte.

Salmond quiere que en esta legislatura se vote su propuesta de referéndum de independencia. Al no tener mayoría en la Cámara –cuenta con 47 diputados sobre 129– y carecer del apoyo de los demás partidos, tiene la derrota asegurada. Al menos, habrá conseguido situar la cuestión de la independencia en el centro del debate político.

A corto plazo, las cuestiones económicas tienen prioridad. Escocia vuelve a las urnas dentro de un año y Salmond sabe que le será difícil contener el previsible ascenso laborista, que ya se puso de manifiesto en las elecciones de la semana pasada. Los nacionalistas sólo pudieron enviar a seis diputados a Westminster.

Ayer no se tomó ninguna decisión. Salmond sí escuchó a Cameron decir que tiene la intención de poner en práctica varias de las conclusiones de la Comisión Calman, que recomendó ampliar las competencias que Londres puede enviar a Escocia.

Edimburgo reclama el derecho a recaudar más impuestos directos y a endeudarse en los mercados financieros.

Además, Salmond reclamó 700 millones de libras para que la economía escocesa salga del estancamiento, la mitad procedente de futuros presupuestos. Su Gobierno cree que tiene derecho a una compensación por el dinero que Londres se va a gastar en sus Juegos Olímpicos.

Salmond sostiene que Escocia siempre debe recibir parte del dinero que el Reino Unido destine a luchar contra la pobreza, terriblemente extendida en la zona de Glasgow.

Cameron prometió estudiar estas necesidades, pero de momento no se pronunció. En una época en la que su Gobierno se prepara para aplicar un fuerte recorte del gasto público, es probable que muchas de ellas no sean atendidas.

Salmond tendrá pocos aliados en el Parlamento de Edimburgo. Los conservadores escoceses le acusaron de “vivir en un mundo de fantasías”. Los laboristas calificaron sus peticiones de “intento desesperado de ocultar la pérdida de 1.200 empleos en la sanidad pública de Glasgow”.