Viernes, 14 de Mayo de 2010

La Antártida es más sensible por el frío y los vientos

Las temperaturas más extremas de la Tierra y el cinturón' de aire agravan el problema

J. P. ·14/05/2010 - 08:20h

Al final del invierno del hemisferio sur, la radiación solar vuelve a la Antártida después de seis meses a oscuras. En ese momento, las temperaturas en el interior del continente llegan a alcanzar los 80ºC bajo cero por la ausencia de luz, pero también por el régimen de vientos que sopla alrededor, un flujo continuo de vientos del oeste que rodea y aísla el continente y que evita la mezcla con otras masas de aire menos frías.

Este panorama facilita la formación de nubes compuestas por cristales de hielo en la estratosfera, a la misma altitud a la que se encuentra la capa de ozono. Estas nubes son la clave y el soporte del proceso destructivo, puesto que sobre ellas se produce la reacción química en la que las moléculas de ozono, formadas por tres átomos de oxígeno, se combinan con las de cloro y bromuro que aportan los CFC y los halones, lo que causa su destrucción.

El agujero de ozono no se produce en el hemisferio norte porque el Ártico no registra fríos tan intensos, al no existir un cinturón de vientos tan potente y aislante como el del hemisferio sur. De esta forma, las nubes estratosféricas son mucho más escasas, aunque las mediciones de los científicos también muestran un debilitamiento de la capa de ozono sobre el hemisferio septentrional.