Miércoles, 12 de Mayo de 2010

"Antes nos miraban con respeto; venían a ver si no les metíamos tres"

Cuatro protagonistas de las anteriores finales europeas del Atlético reivindican la grandeza histórica del club

A. L. MENÉNDEZ / H. JIMÉNEZ ·12/05/2010 - 08:10h

Una final es un duelo impío. Matas o mueres. En un torneo de barrio o en un Mundial, es la cita suprema. Una cima a la que sólo acceden con asiduidad los grandes. Es en las finales disputadas por el Atlético una Copa de Europa, tres Recopas, una Copa Intercontinental, 17 Copas, cuatro Supercopas y dos Copas de la Liga donde se ha forjado el verdadero espíritu rojiblanco, ese que algunos, incluso desde dentro, han procurado diluir durante los últimos años, olvidando que aquellos que le dieron gloria al club la fundieron para siempre en un escudo con 107 años de historia.

Hoy, el conjunto de Quique le discute al Fulham inglés el trono de la nueva Liga Europa en la quinta final continental colchonera. Peiró, Collar, Adelardo y Arteche, protagonistas en una o varias de las cuatro anteriores, reviven para Público sus recuerdos. En la victoria sólo una, la Recopa de 1962 y en las derrotas, un único sentimiento: "Pase lo que pase, el Atlético ha sido, es y será siempre un grande".

Peiró: "Sentíamos profundamente el club, nos remordía perder"

"¿Sufridores? Si nuestros rivales siempre han sido el Madrid y el Barcelona, ninguno más proclama Adelardo, excepcional centrocampista de los años sesenta y setenta. Esos dos nos miraban con respeto, y el resto, sobre todo cuando visitaba nuestro campo, venía a ver si no les metíamos tres".

"Éramos el tercer club, pero casi siempre nos colábamos entre el Madrid y el Barcelona. Eso era el Atleti. Y eso es lo que debe volver a ser", insiste Collar, temible extremo izquierdo de los sesenta y atlético de los de antes, sin complejos. "Cuando nos enfrentábamos al Madrid decíamos ¡vamos a por ellos!' y se les caían los pantalones, no como ahora".

Adelardo vivió dos decepciones continentales, la Recopa del 63 y la Copa de Europa del 74. Esta, por su prestigio y cómo se perdió, marcó a sus protagonistas y cambió la historia del club.

Arteche: "Nuestro equipo ilusionaba porque el 80% eran canteranos"

"Aquel trofeo parecía hecho para nosotros, formábamos un grupo de compañeros y amigos de muchos años que, además, jugábamos muy bien. Y la teníamos ganada (1-0 a un minuto del final de la prórroga), pero en el último suspiro el futbolista (Schwarzenbeck) que quizás menos figuraba en aquel gran Bayern cogió una pelota tonta y marcó un gol desde lejos que seguramente sería incapaz de repetir solo y sin portero. Dos días después, ellos debían tener mejores medicinas que las nuestras y en el desempate nos pasaron por encima (4-0).

Once años antes, en la final de la Recopa disputada en Rotterdam, el castigo fue idéntico (5-1 ante el Tottenham), pero quizás, por rápido, algo menos doloroso. "Sabíamos que era un muy buen equipo, pero no llegamos derrotados. Al contrario, estábamos convencidos de revalidar el título, pero a los ingleses les salió un partidazo y no hubo nada que hacer", relata Collar.

Título con suspense

El 5 de septiembre de 1962, el propio Collar, capitán del equipo, alza al cielo de Sttugtar la Recopa (3-0 a la Fiorentina). "Fue mi título más especial ganó 1 Liga y 3 Copas y el resultado de un fútbol espectacular que maravilló a Europa. Había mucho compañerismo, éramos un verdadero equipo".

El trofeo se hizo de rogar mucho. Concretamente, cuatro meses, los que pasaron desde el 10 de mayo, cuando españoles e italianos empataron a uno en Glasgow. Peiró, fino interior izquierdo que formaba junto a Collar la denominada ala infernal, recuerda que "la Fiorentina tenía varios internacionales italianos. Y estaba Hamrin, extremo sueco subcampeón del mundo, muy peligroso y que, de hecho, marcó el gol. Pero nosotros teníamos un equipazo. Aquel año Al Madrid le ganamos la Copa, aunque él nos ganó la Liga". "La Liga la compró", salta de inmediato Collar.

Arteche, sentado a su derecha, sonríe. El ex defensa representa al equipo que fue arrollado el 2 de mayo de 1986 por el Dinamo de Kiev en la final de la Recopa, última disputada por el Atlético hasta hoy. "Luis (entrenador) nos había dicho que los rusos eran muy fríos, cuadriculados y sin imaginación. Que éramos mejores, vamos. Salimos, nos marcaron el 1-0 en cinco minutos y en otros cinco nos crearon varias ocasiones claras de gol. Eran invencibles".

Pese a la derrota sin paliativos, el central nunca olvidará aquella tarde. "Salir al campo y ver 30.000 aficionados en las gradas tan lejos de Madrid impresiona. Teníamos un equipo que ilusionaba, principalmente porque el 80% del mismo se había formado en la cantera".

Elogio a la cantera

"Es que eso es fundamental. Y un orgullo. Lo digo yo, que como entrenador del Madrileño saqué a Mejías, Abel, Clemente, Marina, Julio Prieto, Rubio, Pedro Pablo o Mínguez, entre otros presume Peiró. Mira qué chavalitos extraordinarios tiene el Barça".

"Y nosotros replica Arteche. De Gea y Domínguez le han dado tal seguridad a la defensa, que juega bien hasta Perea. Y Antonio López, que hace un mes estaba horrible, hoy parece inexpugnable". "¿Tú eres del Madrid o de quién eres?", salta Collar, irónico pero siempre al quite para defender a los suyos.

"Desde infantiles yo siempre dije que De Gea sería el portero del Atleti, y ahí está", asegura Adelardo. "Me recuerda mucho a Iríbar por su talante y personalidad. Está muy atento y lo controla todo. En infantiles y juveniles, como sabía que desde lejos no llegan con el balón hasta la portería, jugaba mucho fuera del área".

"Esa seguridad, más la inspiración del Kun y Forlán, serán claves para ganar al Fulham analiza Peiró. El inglés es un equipo firme y no será fácil. Quique lo sabe porque ahora hay mucha información. Antes no sabíamos nada de los equipos contrarios, se les conocía sobre el terreno de juego o, como mucho, si tenías la suerte de haber jugado contra ellos en la selección".

"Eran otros tiempos. En la Liga cada equipo llevaba su balón y se elegía el que estaba en mejores condiciones prosigue Peiró, que como futbolista emigró al Inter en 1963 y era segundo entrenador rojiblanco en la final del 74 Ni siquiera calentábamos en el campo, lo hacíamos en el vestuario, que era una habitación muy pequeña".

"En una final, el entrenador no necesita motivar a los jugadores, sino quitarles presión e invitarles a divertirse" opina Arteche. "A divertirse, no; a ganar", rebate Peiró. Es lo que anhelan esta noche. "Necesitamos este título, es algo que queda para siempre. Como el sentimiento".