Viernes, 7 de Mayo de 2010

Se avecinan reclamaciones en algunas zonas

Cientos de personas se quedan sin votar y la Comisión Electoral abre una investigación

DANIEL DEL PINO ·07/05/2010 - 01:29h

En la boca de Nick Clegg o David Cameron sonaba a veces vacía. De tanto repetirla, la palabra cambio se convirtió en la campaña electoral en un comodín que ahora parece inevitable. No sólo se trata de política. Reino Unido es uno de los países más modernos del mundo, pero también uno de los más tradicionales.

Y son esas tradiciones las que, amén del Gobierno, quieren cambiar los británicos. Esas que, como ayer, dejaron sin votar a cientos de personas porque, como se escuchó más de una vez anoche, "el país no puede siquiera asegurar que los ciudadanos ejerzan el derecho más fundamental de una democracia".

Los medios hablan de centenares. Pero es difícil hacer un cálculo exacto. En el Este y Sur de Londres, en Manchester, Newcastle, Liverpool, Birmingham, Sheffield y Surrey, hubo gente que no votó porque, después de estar horas esperando la cola, se cerraron las urnas.

Las leyes electorales, algunas con más de un siglo de antigüedad, dicen que los colegios deben cerrar a las 10 de la noche. Pero las personas que tengan en su mano la papeleta electoral deben votar pasada esa hora. En algunos sitios no se cumplió. Las grabaciones caseras de gente siendo desalojada de los colegios por la Policía, recorrieron programas especiales de televisión, webs y blogs.

"Es un escándalo que en un país civilizado como el nuestro pasen cosas así, sobre todo, porque la gente intentaba votar después de una dura jornada laboral", se lamentaba una mujer a la BBC.

Una ilusión óptica

Es la hora de que los políticos decidan si quieren afrontar todo tipo de cambios, hasta los más profundos de la democracia

La Comisión Electoral prometió abrir una investigación inmediata. Los políticos se disculpaban uno tras otro. Y algunos, como Harriet Harmann, la responsable de los laboristas en el Parlamento, reclamaban la cancelación de los resultados en las circunscripciones donde pueda haber algún tipo de duda.

En Reino Unido los ayuntamientos gestionan los recursos para afrontar el día de las elecciones. Con la crisis, el dinero escasea y por si fuera poco, algunas circunscripciones decidieron contar los votos por la mañana para no pagar horas extras a los funcionarios.

Una casa de sidra lanzó hace poco una nueva bebida de pera. En los anuncios de televisión, los trabajadores del lagar eran sometidos a terapia psicológica para que vieran que el cambio de la manzana a la pera no debía ser traumático.

Al final,  para engañar a los sidreros, el psicólogo les decía que lo que estaban viendo era una ilusión óptica: la representación de una manzana con forma de pera. Los que votaron ayer y los que no pudieron, demostraron que quieren cambiar. Ahora los políticos tienen la misión de hacer que eso no sea una ilusión óptica.

Acciones legales

¿Hubo colegios que se saltaron la ley electoral? Eso es lo que la Comisión tiene que investigar ahora. Ayer, su directora, Jenny Watson, dijo que “la ley es clara y si hubiera responsables de colegios que no la cumplieron, podrían enfrentarse a una serie de reclamaciones”.

Pero la cosa no parece tan sencilla. Cualquiera que quiera reclamar los resultados de su circunscripción porque no pudo votar debe pagar 5.000 libras para hacer oficial la petición. En caso de ser aceptada iría a los tribunales, con lo que habría que añadir los costes de un abogado.

El caso es muy grave en las denominadas circunscripciones marginales, porque un voto de más puede cambiar el resultado final.

“Si se demostrara que hay muchas circunscripciones así en las que se que se prohibió votar a un número considerable de personas, cualquier reclamación tendría éxito”, dijo Bob Watt, experto en la ley electoral de la Universidad de Essex.

Sin embargo, añadió, “la mayoría de las leyes datan del siglo XIX y los procedimientos para reclamar los resultados son muy largos y costosos”.

El abogado, Geoffrey Robertson, dijo a The Guardian que “las leyes europeas dan el derecho a los ciudadanos de denunciar estos hechos y si hubiera alguna posibilidad de que su voto pudiera haber cambiado el signo electoral, entonces el tribunal electoral tendría que actuar. Empezaría por anular la victoria, retirar el escaño y, finalmente, repetir las elecciones”.