Viernes, 7 de Mayo de 2010

Colgados de la brocha

ERNESTO EKAIZER ·07/05/2010 - 08:20h

La mano invisible de Adam Smith siempre funciona, pero a veces lo hace por estrangulación", escribió la gran economista inglesa Joan Robinson, miembro del Cambridge Circus animada por John May-nard Keynes. Esa estrangulación es la que está desarrollándose en los eslabones más débiles de la cadena de países del euro. Y las instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Central Europeo (BCE), el G-20 y los países centrales de la moneda única, han cambiado radicalmente sus exigencias, al ritmo de la música de los mercados.

La idea de preparar una salida gradual de los planes de estímulo fiscal para evitar un double dip, o una recaída en la recesión, ha sido abandonada. Grecia ha sido el conejillo de indias. Y ahora siguen en la lista los otros países más vulnerables por la dependencia del endeudamiento privado y público acumulado con el exterior en estos años.

Hay dos momentos de los últimos días en los cuales Zapatero confirmaba que, según suele decirse, está detrás de la curva. El primero es en la rueda de prensa celebrada bajo la presión de los rumores en Bruselas el pasado martes, cuando dijo: "No doy crédito". Y el segundo después de la reunión con Mariano Rajoy, el pasado miércoles, al afirmar: "Reducir el déficit sí; drástico, no".

Lo que está pasando con Grecia, España y Portugal, ya ocurrió en 2008 con el sistema financiero de Estados Unidos. Los protagonistas son los mismos, agencias de rating mediante. Los mercados, que tumbaron a los grandes colosos y obligaron a salvarles con dinero público, son los que ahora se llevan por delante a los países que jugaron a ser nuevos ricos por el mero hecho de utilizar una moneda teóricamente poderosa, el euro.

Es muy difícil que el plan vaya a funcionar en Grecia. Muerto el perro no se acabó la rabia. Aun cuando Grecia tendrá dinero para dos años sin necesidad de acudir a los mercados, estos le están cargando tipos de interés más altos. No va a funcionar. Porque cualquier ajuste de caballo de las finanzas públicas requiere, además, una estrategia para crear empleo y recolectar impuestos, incentivos que brillan por su ausencia.