Jueves, 6 de Mayo de 2010

Voluntarios y soldados de EEUU luchan contra el derrame

Reuters ·06/05/2010 - 10:42h

Trabajadores petroleros, voluntarios y el Ejército estadounidense se preparaban el jueves para otro día de duro trabajo en el Golfo de México, en un intento por contener un derrame de petróleo y proteger a la costa de una pesadilla ecológica.

Mientras, surgían interrogantes sobre la práctica de los reguladores de eximir de estudios de impacto ambiental a algunos proyectos de exploración petrolera vistos como de escaso riesgo, como ocurrió con la aprobación del accidentado pozo de BP.

Los políticos mantuvieron la presión sobre el gigante energético británico para limitar el daño ecológico y económico ocasionado por la fuga de crudo.

La exploradora Transocean dijo que el Departamento de Justicia de Estados Unidos le pidió que preserve los registros relativos a la perforación del pozo y la explosión mortal en su plataforma hace dos semanas.

El miércoles, BP comenzó a transportar un enorme aparato metálico diseñado para canalizar el flujo de petróleo desde el lecho marino hacia un buque en la superficie.

El artefacto tardará unas 12 horas en llegar al lugar donde está la fuga frente a las costas de Luisiana. Tras la instalación, podría comenzar el lunes a recoger crudo, dijo el jefe de operaciones de BP, Doug Suttles.

La estructura de 98 toneladas es considerada la mejor alternativa para contener la pérdida a corto plazo, pero Suttles advirtió de que no hay garantía de que funcione a 1,6 kilómetros de profundidad.

Los vientos han mantenido la gigantesca mancha negra en alta mar, dos semanas después de que la explosión de la plataforma Deepwater Horizon desencadenara la fuga, y por el momento apenas se movía.

"Si se mira la trayectoria para las próximas 72 horas, no se ve mucho movimiento con respecto adonde está ahora", dijo Charlie Henry, meteorólogo de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica.

El clima tranquilo permitió a los equipos realizar una serie de "quemas controladas" del derrame, el primero de estos intentos desde el 28 de abril, cuando una quema de 28 minutos de duración eliminó miles de galones de crudo.

Incluso la NASA se ha sumado a la lucha, usando naves equipadas con un escáner altamente especializado para proporcionar imágenes de alta resolución de la línea costera amenazada.

El miércoles surgió la preocupación sobre la decisión del Servicio de Administración de Minerales (MMS, por su sigla en inglés) de eximir a BP de una detallada revisión ambiental del proyecto.

Los organismos del Gobierno conceden las llamadas exclusiones categóricas a cierto tipo de proyectos que se han juzgado que no tendrán un impacto ambiental importante, o en casos donde la agencia tuvo experiencia anterior con proyectos similares.

Responsables del Gobierno del presidente Barack Obama dijeron que la práctica de emitir esas exclusiones está bajo revisión.

El Departamento del Interior de Estados Unidos indicó que la MMS sostuvo que realizó previamente evaluaciones detalladas de impacto en la región.

A lo largo de la costa del Golfo de México, las autoridades desplegaron miles de filómetros de barreras de contención para bloquear la marea negra y rociaban dispersores sobre la gruesa capa de petróleo antes de que alcance playas turísticas y ricas zonas pesqueras, amenazando con causar una catástrofe.

BP logró tapar una de las tres fugas de crudo del pozo dañado, pero el petróleo continuaba manando sin variación a razón de 5.000 barriles diarios (unos 795.000 litros).

La petrolera también ha comenzado a perforar un pozo de alivio, pero esta operación podría tardar de dos a tres meses en completarse.

Varios cientos de embarcaciones están aprovechando la calma en el mar para intensificar una operación que involucra a miles de militares y civiles.

En Venice (Luisiana) grupos de trabajadores cargaban largas barreras de protección en barcazas dentro del plan para proteger la vasta red de estuarios y canales que forman el delta del Misisipi.

Las autoridades están en alerta para la primera llegada a la costa de la mancha de petróleo, que se estima tendría al menos 208 por 112 kilómetros de extensión, y los científicos supervisaban el impacto en la vida marina y costera en la región.