Miércoles, 5 de Mayo de 2010

Un 'Pavón' que asoma la cabeza

El canterano blanco triunfa en Palma

LADISLAO J. MOÑINO ·05/05/2010 - 08:25h

Rubén, felicitado por Valero y Nunes. - efe

Rubén todavía recuerda aquel fatídico 9 de noviembre del 2003 en el Sánchez Piz-juán. La noche en la que Wenger decidió que Reyes valía 36 millones de euros. El utrerano bailó a la defensa del Madrid, que antes de la media hora ya perdía 3-0. Aquella fue la noche en la que Queiroz, el de la gomina y el libreto moderno que no gastaba Del Bosque, quemó a Rubén. A los 25 minutos de juego, decidió sustituirle. El chico se fue hundido. Sus lágrimas en el banquillo dieron la vuelta al mundo y fueron la imagen de aquel lema de Zidanes y Pavones que quiso aplicar Florentino en su primera etapa. "Claro que me acuerdo de aquello de Sevilla. Fue duro, pero me sirvió para fortalecerme, para aprender que hay que controlar las emociones porque pueden ser utilizadas en tu contra", advierte.

"Nadie del Madrid tuvo en cuenta nuestra juventud y condiciones"

Rubén también recuerda el día de la dimisión de Florentino tras caer el Madrid, precisamente en Mallorca: "Fue una cosa muy rara e inesperada. Ahora ha vuelto e intenta hacer del Madrid el mejor equipo del mundo. No estoy dentro ahora, aunque sí tiene cierto parecido con el de entonces por el tema de los fichajes millonarios. Pero el juego y los resultados no tienen por qué ser iguales".

A los 16 años, el central gallego fue campeón de Europa sub-16 con España. En aquella hornada, también estaban Reina y Arteta. Él apuntaba a cacique. No le importó enfrentarse al volcánico Caneda, presidente del Compostela, para irse a la cantera del Madrid. Rozaba el 1,90, tenía buena patada larga y era contundente por arriba y por abajo. Con 19 años, Valdano decidió que formaría parte del grupo de los Pavones. Aquellos canteranos a los que se les subió al primer equipo para suplir a la clase media (Solari, Makelele ) que Florentino no podía mantener entre tanto balón de oro a granel. "Aquello nos perjudicó. Era como si no formáramos parte del Real Madrid. El club había creído en nosotros, pero al final de la temporada sólo habían jugado 14 o 15 jugadores. Eso fue clave para que perdiéramos todos los títulos al final", analiza Rubén "Además, nos pedían que si faltaba Zidane, el que le sustituía fuera como él. Nadie tuvo en cuenta nuestras cualidades ni nuestra juventud. Era imposible que cumpliéramos lo que se nos pedía. Aquello de los Zidanes ya no valía. De hecho, el lema aún sigue coleando".

Epitafio en el Madrid

"Mi experiencia con Queiroz fue dura, pero me sirvió para fortalecerme"

Con apenas 20 años, Rubén supo que aquella frase era su epitafio en el Madrid. Llegó a creer que el destino le guardaba el trono de Hierro. Incluso llegó a lucir el 4 en los pocos partidos que pudo disputar. Se fue al Albacete, al Borussia Moenchengladbach, al Racing, al Albacete, al Celta y, ahora, al Mallorca: "No me puedo quejar, he podido ganarme la vida con el fútbol. No todos los que empezaron conmigo lo han conseguido. Como todos los trabajadores, se necesita un poco de suerte".

"Tiene unas cualidades muy buenas y ahora dispone de la oportunidad de volver a ser lo que prometía", dice de él Manzano, su técnico en el Mallorca. Rubén aún no sabe si será titular hoy. Le avalan 17 partidos, tres goles de cabeza y sólo dos tarjetas. "Ya soy más tranquilo. Con el tiempo, te vas tranquilizando; reconozco que siempre me ha gustado rebatir las decisiones de los colegiados, pero ya no protesto tanto", dice. Esos aires de machaca le vienen de aquellos partidos enfrente de la iglesia de su Conxo (Santiago de Compostela) natal. Allí había una pista de fútbol sala. "Había mucho pique. Digamos que eran partidos muy reñidos", concluye este Pavón que asoma la cabeza.

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