Miércoles, 5 de Mayo de 2010

Son lentejas...

ERNESTO EKAIZER ·05/05/2010 - 01:20h

Federico Trillo confía en que la estufa del cónclave del Constitucional pueda enviar próximamente la fumata blanca sobre el recurso del PP contra el Estatut. Y esperaba el portavoz de Justicia en el Congreso alguna noticia para este jueves 6 de mayo, es decir, para mañana, día en el que el president José Montilla recibirá en el Palau Sant Jordi a Mariano Rajoy con el fin de exponerle su idea de renovación del tribunal. Trillo tiene una información de calidad, habida cuenta del peso que el PP está ganando en las instituciones, y mantiene su pasión por la literatura, requisitos necesarios para llevarlo a emular en el mercado nacional a John Grisham, el ex abogado y escritor de novelas sobre conspiraciones judiciales en EEUU.

Pero la confianza de Trillo tiene un punto. Y es que las cosas, como ya era evidente con la fumata negra que el cónclave dio al quinto borrador de sentencia, elaborado por Elisa Pérez Vera, iban a ir deprisa. El nuevo ponente, Guillermo Jiménez, y la autoridad intelectual que lo apadrina, representada por Manuel Aragón, no tenía más que cortar y pegar y ¡eureka! He aquí un sexto borrador que en realidad es algo más: un abanico de ofertas para persuadir al llamado sector progresista, de capa caída después de la quinta derrota. Todas tienen en común acabar con las veleidades del Estatut y una tolerancia cero con las ambigüedades calculadas. Y si, para ello, como ya sostenía Aragón antes de someterse la última versión al voto, se hace necesario llevar al fallo alguna de las conclusiones, como el caso de la definición del término nación, pues a hacerlo.

Lo que ocurre es que ese sector progresista machacado tiene capacidad para interpretar, por más desmoralizado que se encuentre, lo que la oferta de verdad es: "Son lentejas, o las tomas o las dejas". Pero, ¿qué van a hacer, por ejemplo, Eugeni Gay o Pascual Sala? ¿Van a dimitir y crear el caos porque crean en su intimidad que el bloque conservador moderado (Guillermo Jiménez y Ramón Rodríguez Arribas, con el respaldo de Manuel Aragón) no sólo no quiere dar un paso adelante sino que está empeñado en retroceder a una concepción finisecular, pero no de este siglo pasado sino del anterior? Difícil, aunque se les haya pasado por la cabeza en algún momento. Y si los progres no tragan, el trío de la Maestranza puede hacer vista a la derecha, hacia Delgado, Conde y Rodríguez Zapata y buscar el 6 a 4.

Entre estos magistrados ha arraigado la idea de que Zapatero ha tirado la toalla después de haber apostado erróneamente por Aragón. Algo de esto hay. El presidente considera, según fuentes fidedignas, que sin su esfuerzo personal, que diría Miquel Iceta, nada de lo que ya se ha conseguido hubiera sido posible. Y más ya no puede hacerse.

¿De lo que se ha conseguido? La gente olvida que la primera gran rebelión, para usar palabras propias de Esperanza Aguirre, contra el Estatut fue la movilización contra el nuevo sistema de financiación incluido en él. Y este sistema es una realidad para Catalunya y para todas las comunidades desde julio de 2009, aprobado con la abstención, que no rechazo, impuesta por Rajoy a los barones del PP. Alguien diría, Zapatero por ejemplo, que, hablando en plata, los catalanes no arriesgan lo fundamental, ya que el sistema de financiación, uno de los meollos del Estatut, sale intacto.

El president Montilla ha comprendido que el Estatut será el tema estrella de la campaña de las elecciones autonómicas de octubre próximo. Sabe que las posibilidades de una sentencia se han incrementado en las últimas semanas. Por eso ha comenzado muy anticipadamente la campaña con dos etapas: contra la orientación del tribunal a dictar sentencia y, si esta se produce, como Trillo confía y fuentes gubernamentales ya descuentan, contra el contenido de la misma.

Rajoy quiere la victoria política y no cree que ella sea una losa para la estrategia de convertir al PP de Alicia Sánchez-Camacho en lo que es el PP de Antonio Basagoiti en Euskadi, un partido decisivo a la hora de formar Gobierno. ¿Morir de éxito?