Lunes, 3 de Mayo de 2010

"Todas las familias son disfuncionales"

Las historias autobiográficas de adolescentes al borde de la crisis de identidad toman el Salón del Cómic de Barcelona

PEIO H. RIAÑO ·03/05/2010 - 08:20h

Cuando el dibujante David Small nació hace 65 años, su padre, médico en Detroit, le sometió a toda clase de pruebas para resolver un aparente problema en sus vías respiratorias. Entre ellas, la que terminó reproduciendo un cáncer en su garganta a los 14 años de edad, que le dejó prácticamente mudo. Le colocó delante de la máquina y le chutó: "En aquellos años le dábamos Rayos X a cualquier niño, de 200 a 400 rads. Yo te provoqué el cáncer", dibuja el autor en el cómic Stitches. Una infancia muda, publicado en España por Reservoir Books.

No, la infancia de Small no fue fácil, tal y como cuenta en el cómic. Si su padre experimentó con él, su madre demostró su falta de amor por sus dos hijos con un gesto de soberbia siempre a punto y un motivo para la represión.

Terapia artística

Por supuesto, David Small tuvo que dibujar muchos años después su historia en este dramático libro, con claros tintes cinematográficos para intensificar los peores momentos, para purgarse. "Fue un acto de auto psicoterapia. Entendí que había pasado más de medio siglo y que seguía siendo un muchacho de 14 años con problemas. Quise volver al psicoanálisis, pero no sirvió para nada. Comprendí que si quería vencer mis dificultades, debía hacerlo yo solo", reconoce David Small a Público.

El libro, finalista del National Book Award y fijo en todas las selecciones de lo mejor publicado en EEUU en 2009, se suma a una corriente autobiográfica en la que destaca David B (Nimes, 1959), con Epiléptico (Sins Entido). "Lloré mucho cuando pinté la primera página", confesaba a este periódico el autor galo al explicar lo difícil que fue para él hurgar en las tripas de su familia, condicionada por la enfermedad de su hermano. Y, por supuesto, tampoco hay que olvidar las experiencias tragicómicas plasmadas por el estadounidense Alison Brechdel (Pennsylvania, 1960) en Fun Home (Reservoir Books), nominado al premio National Book Critics Circle en 2007.

Small, ilustrador de cuentos infantiles, hizo un libro para ayudarse a entender a sus padres "como seres humanos y dejar de verles como monstruos. Es el único perdón que conseguirán de mí". Y le salió un libro con unos adultos realmente monstruosos. "Mi familia fue disfuncional, como todas las familias. Unas mejores, otras peores, pero todas disfuncionales", explica.

No se planteó otra estrategia más que la del autor por delante, porque buscaba una "historia real", con "personajes reales". "No puedo levantar una ficción donde los personajes hayan sido creados para demostrar algo. Una historia es verídica cuando quien la escribe tiene una estrecha relación con lo que está contando", resume. Además, en el caso de Stitches, dibuja el ambiente de los EEUU en los años cincuenta, "con su conformismo, su materialismo loco y el uso frívolo de la ciencia médica".

Autoficción

Para el joven autor alemán Sascha Hommer (Schwarzwald ,1979), la necesidad de la primera persona para darle credibilidad a la historia no era tan importante. Él prefiere hablar de autoficción en vez de autobiografía al referirse a su cómic Cuatro ojos (Sins Entido), donde revisa su paso por una adolescencia forrada de drogas y una identidad por definir.

"Desde luego, no buscan una identidad en las drogas. El único beneficio que tienen es la eliminación de una personalidad molesta, con la posibilidad de empezar un juego nuevo y mejor... Las drogas psicoactivas como el LSD proporcionan la identidad contraria, y pueden destruir tu vida", cuenta.

El propio Hommer, como su protagonista Sascha, se recuerda "tomando drogas para destruirse". "Cuando comencé a hacerlo, quería ser otro, tal vez alguien como Kurt Cobain o Syd Barrett. Me esforcé mucho. Después de todo espero que mi libro no sea didáctico. No quiero decir a nadie si debe o no tomar drogas", afirma.

En su libro se dibuja la adolescencia como una "competición sexual", en la que el protagonista sale perdiendo siempre. De ahí ese tono melancólico, que lo aplasta todo. Pero con todo, como reconoce su autor, jugando al gato y al ratón, "es difícil especular sobre una persona ficticia, que contiene todos estos aspectos autobiográficos", zanja.