Domingo, 2 de Mayo de 2010

La tierra es cosa de uno

Nadal derrota en la final a Ferrer (7-5, 6-2) entre aplazamientos por la lluvia

GONZALO CABEZA ·02/05/2010 - 20:53h

AFP - Rafael Nadal, con el trofeo que le acredita como ganador del Masters 1000 de Roma.

La lluvia alargó lo que era un final anunciado desde que empezó el torneo. Si Nadal está bien, en tierra gana siempre. Cuando está regular, también. En los días malos hay alguna posibilidad de que pierda. La distancia con el resto del mundo es enorme. Nadie le molesta, sólo compite consigo mismo. Si de evaluarle se trata, en Montecarlo vivió uno de esos momentos de perfección. Todo le salía bien y el balear estaba en paz absoluta. Roma ha sido diferente, los gestos han cambiado, las miradas no reflejaban alegría sino cierto grado de preocupación. La nota esta vez es mucho más baja.

El resultado es el mismo, Nadal es campeón del torneo y se mantiene sin problemas en su lucha por la historia. El de ayer fue su quinto título en Roma, 38 en total, 17 Masters 1.000 -récord absoluto que ayer igualó a Agassi-y así hasta el fin de una catarata de números que le corroboran como un grande en la historia. El último paso en su abrumadora carrera fue casi un paso en falso, aunque le diese una victoria.

El partido, que se eternizó por los parones causados por la lluvia, siempre fue trabado, con un Ferrer luchador pero de tenis insuficiente y un Nadal ofuscado en sus errores. Curiosamente fue el saque lo que salvó al balear en las dificultades, le dio algún punto extra que le sirvió para terminar ganando. Su juego era el de siempre, martilleando el revés de Ferrer, buscando los agujeros que dejaba su rival, subiendo poco a la red pero siempre con cabeza. Intentó dar un paso adelante y meterse en la pista, algo que no consiguió contra Gulbis, aunque tampoco dio la talla como jugador ofensivo.

Puntos eternos

Los juegos eran largos, los puntos eternos, el partido interminable... no sólo por la lluvia. Ferrer, a diferencia de lo visto en las semifinales de Montecarlo, sí le hizo juego, le hizo pensar y le extendió el partido, pero al final todo quedó como siempre: Nadal gana. Tras el segundo parón por la lluvia ni siquiera opuso resistencia.

Ferrer tampoco hizo un gran partido y no supo aprovechar algunas opciones que le dio el balear en el primer set, pero es difícil exigirle más en su primera final de Masters 1.000 contra el dominador absoluto sobre arcilla.

Las enseñanzas que deja Roma son claras. Nadal a medias es más que cualquiera, sobre todo si sus principales rivales están desaparecidos en combate. Murray no sabe jugar en tierra, Djokovic pierde contra cualquiera, Federer espera a Roland Garros para volver a ser un tenista. Sólo los españoles parecen a tono. Y ellos contra Nadal salen con el partido ya casi entregado.