Sábado, 1 de Mayo de 2010

Vuelta al mundo sin salir de Shangai

Las colas interminables y un calor intenso no agotaron la paciencia de las más de 300.000 personas que llenaron el recinto de la Exposición Universal de Shangai pocas horas de que ésta abriera las puertas al público

ANDREA RODÉS ·01/05/2010 - 16:57h

Las colas interminables y un calor intenso no agotaron la paciencia de las más de 300.000 personas que llenaron el recinto de la Exposición Universal de Shangai pocas horas de que ésta abriera ayer las puertas al público. Descrita como la Expo más grande de la historia, el recinto ferial ocupa una extensión de más de 5,25 hectáreas junto al río HuangPu y alberga los pabellones de 192 países que se pelearán por atraer a los visitantes chinos durante los seis meses que dura el evento.

La zona más concurrida era la destinada a Asia, presidida por el pabellón de China, una colosal pirámide invertida de color rojo que domina todo el recinto. Para poder entrar hay que reservar con antelación, igual que con otros pabellones muy populares como el de Alemania o el de Dinamarca, donde los visitantes son invitados a circular en bicicleta.

La Expo de Shangai se ha convertido en una ocasión única para que diferentes países y entidades políticas "hagan la corte" al gigante asiático, que pronto se convertirá en la segunda potencia mundial. También para que se den a conocer entre la población china. Los organizadores prevén recibir entre 70 y 90 millones de visitantes, el 95% locales, durante los seis meses que dura el evento. El público de ayer estaba formado sobre todo por familias y grupos de turistas llegados de todo el país que aprovechan las vacaciones del 1 de mayo, fiesta nacional en China. El respeto por las normas de conducta cívica fue ejemplar: era difícil ver a gente escupiendo o fumando, ya que los mecheros eran requisados en el control de seguridad de la entrada. Una de las estampas de esta Expo es ver a un fumador alegrarse de encontrar a otro con un cigarrillo encendido para poder encenderse el suyo.

Todos quieren a Miguelín

España ha invertido un total de 55 millones de euros en la construcción y los contenidos de su pabellón, obra de la arquitecta italiana afincada en Barcelona, Benedetta Tagliabue. El edificio está formado por una estructura ondulante de vigas de acero recubierta de paneles de mimbre, ganándose el apodo de "cesto español". Pero el verdadero "gancho" del pabellón español es Miguelín, un bebé gigante de 6.5 metros de altura concebido por la cineasta catalana Isbael Coixet. Miguelín pestañea, abre la boca y sonríe, provocando gritos de entusiasmo entre los espectadores, que lo fotografían sin parar. Otros aplauden porque creen que con el ruido de las palmas Miguelín se moverá otra vez, aunque no sea cierto.

El niño gigante de Coixet es la parte final de un montaje audiovisual en el que también han participado los directores de cine Bigas Luna y Basilio Martin Patino. A Bigas Luna le corresponde contar los "orígenes" de nuestro país. Para ello ha reproducido una cueva de la prehistoria en la que proyecta imágenes tópicas como el flamenco, la mezquita de Córdoba, los Sanfermines o el fútbol. En la sala siguiente, Martin Patino ha colocado cinco pantallas que pasan imágenes representativas de la evolución de España en los últimos 30 años, desde los primeros anuncios de Gallina Blanca a los viejos astilleros de Bilbao, el nuevo Guggenheim y a los atentados del 11-M. "No me gusta que haya tantas imágenes, prefiero los pabellones que enseñaran algo más real, o que se puede interactuar", se queja Wang Yikei, un joven de 20 años que visitó ayer el pabellón español con su familia.

La presencia española en la Expo de Shangai también cuenta con la compañía teatral catalana la Fura del Baus, seleccionada para realizar un musical en uno de los pabellones temáticos del recinto tres veces al día. "Aunque nos han pagado la mitad de lo que pedimos, aceptamos porque era una buena oportunidad para darnos a conocer en el mercado chino", explica Alex Ollé, responsable de la Fura. Ollé estima que verán el espectáculo al menos un millón y medio de personas. "No hemos querido hacer nada transgresor para que gustara al gran público", añade Ollé, que llegó a Shangai en febrero. Sin embargo, el montaje técnico es extremadamente complejo y "aún estamos sorprendidos de que hayan podido terminarlo en tres meses", añade el directivo de la Fura. También asegura que en España el proyecto hubiera sido inviable, porque el presupuesto del montaje hubiese alcanzado el millón de euros. La Fura sólo se ha encargado de la parte creativa y la actuación va a cargo de unos 60 artistas locales.

Vecinos y aliados

Haciendo gala de la infinita curiosidad que caracteriza a los chinos, muchos visitantes hacían cola incluso para visitar pabellones de países que difícilmente sabrían ubicar en un mapa, como los Emiratos Árabes (UAE), Sri Lanka o Turkmenistán. En este último podían hacerse fotos encima de una alfombra artesanal, junto a un grupo de abuelas vestidas con trajes tradicionales. Afganistán ha optado por convertir su pabellón en un bazar, donde pueden comprarse pantuflas, esteras y joyas. Pakistán ha levantado una reproducción barata de una fortaleza antigua y un guarda disfrazado de soldado vigila en la entrada que nadie se cuele. Una placa recuerda que la construcción de la fortaleza ha sido realizada por el Instituto de Ingeniería Nuclear de Shangai. El detalle suena algo surrealista si uno desconoce que China es el principal proveedor de plantas nucleares a Pakistán.

No muy lejos está el pabellón de Corea del Norte, aliado político y comercial de Pekín, y uno de los regímenes más cerrados y pobres del mundo. Es la primera vez que el régimen norcoreano participa en una Expo universal con un pabellón propio. En sintonía con el tema de Shangai 2010, "Mejor ciudad, mejor vida", el espacio está dedicado a la ciudad de Pyongyang, la capital de Corea del Norte, descrita como un "paraíso para las personas". El lema suena a broma pesada teniendo en cuenta la extrema pobreza y la falta de libertades políticas en el régimen comunista norcoreano. En el interior del pabellón un grupo de jóvenes de Shangai se fotografiaba alzando el puño en el aire, imitando las imágenes de los antiguos posters comunistas. "Corea del Norte debe ser hoy lo que era China hace más de 30 años", dice una de las jóvenes. Después quiere visitar el pabellón de Irán. Irónicamente, los organizadores han tenido el detalle de colocarlo junto al de Corea del Norte. Ambos países son temidos por sus programas de rearmamento nuclear.

El nivel arquitectónico de los pabellones se dispara al llegar a la zona de países europeos, que han decidido apostar por la Expo de Shangai para promocionarse a lo grande entre el público chino. Algunos han presentado espacios muy innovadores, como el de Suiza, que se visita montado en un telesilla, y el de Alemania, cubierto de una membrana metálica, de líneas muy futuristas.

En la orilla opuesta del Huangpu, Puxi, se ha destinado un espacio a las "mejores prácticas urbanas", en el que se ha invitado a las ciudades a participar por primera vez en una Expo. Se trata de la única zona realmente en consonancia con el lema de la Expo, "mejor ciudad, mejor vida", y también la menos concurrida. De nuestro país participan Bilbao, Barcelona y Madrid - la única con un pabellón propio- que presenta una reproducción de "la casa de bambú de Carabanchel", del arquitecto Alejandro Zaera, como un modelo de urbanismo sostenible.