Viernes, 26 de Febrero de 2010

El Valencia no mereció sufrir

El Brujas fuerza inmerecidamente la prórroga en Mestalla

SALVA TORRES ·26/02/2010 - 00:00h

Pablo Hernández celebra el segundo gol. - efe

Haberlas, haylas. Y si no que se lo digan al Valencia. Marcó prontísimo, pudo sentenciar y sufrió lo indecible. El Brujas, que entró dormido al partido, despertó y forzó la prórroga. No se llevaban ni 20 segundos cuando Mata abrió el marcador. La defensa belga hizo aguas y el pequeño extremo aprovechó el agujero para igualar la eliminatoria. Luego, suspense, tensión y nervios, hasta que Pablo despresurizó Mestalla.

Sorprendió de entrada Emery con una defensa de tres: Marchena escorado a la derecha, Albelda por el centro y Dealbert a la izquierda; Miguel salió prácticamente de interior zurdo. Pronto volvió a su posición natural de lateral derecho. Y César, tras la cantada de Moyá en la ida, ocupando la portería y coreado por sus dos intervenciones providenciales. También sorprendió la presencia de Baraja. El técnico valencianista apostó por la veteranía para remontar la eliminatoria. Fue a lo seguro, echando mano de la vieja guardia.

El Valencia acorraló al Brujas tras el gol y pudo sentenciar de no ser por la magnífica actuación de Stijner. Luego ocurrió lo contrario: el juego se fue reposando y los belgas, más fríos, entraron poco a poco en calor.

Baraja, con una tarjeta, fue sustituido tras el descanso. Y se acabaron los experimentos: Albelda volvió al centro del campo y Alexis, al lateral. El fogoso Valencia inicial perdió el pulso del partido, dejando que el Brujas se lo creyera. Zigic de cabeza y Villa en una brillante jugada personal pudieron cerrar los puntos suspensivos abiertos en el primer minuto. No fue así y continuó la tensión: cualquier jugada tonta y adiós Europa.

Lo más difícil se hizo, marcar pronto, pero al Valencia le cuesta horrores matar los encuentros que se ponen de cara. Es su cruz. Y con ella a las espaldas va tirando de genio, sudor y mucho sufrimiento. Todo quedó a expensas de un golpe de gracia. Emery se desgañitó pidiendo tranquilidad. Imposible: Mestalla era ya una olla a presión.

Stijnen, soberbio toda la noche, acrecentó el suspense. Y César imitó a su colega salvando al Valencia con sendas intervenciones coreadas por la grada. Al final, con los jugadores de Emery haciendo piña, Pablo despejó la creciente bruma de una noche embrujada.

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