Sábado, 29 de Septiembre de 2007

La pizarra electoral de Zapatero: achique a la abstención y al PP

Eficacia económica, avance social y cohesión de España, ejes para consolidar la mayoría

GONZALO LÓPEZ ALBA / MADRID ·29/09/2007 - 13:39h

El presidente Zapatero, durante la reciente rueda de prensa con Vladimir Putin. AFP

Los socialistas se fueron en julio de vacaciones satisfechos y relajados, aunque con una cierta perplejidad porque el escenario era idóneo para un adelanto electoral al mes de octubre, que José Luis Rodríguez Zapatero descartó por completo. Al regreso, muchos dirigentes opinan: "Nos hemos complicado la vida innecesariamente". Aluden a iniciativas como la gratuidad de la asistencia bucodental hasta los quince años que, aunque se enmarca en el objetivo indiscutido de acentuar el perfil social del Gobierno, "ni es de primera necesidad ni había sido suficientemente consensuada en el seno del Gabinete", con lo que se acentuó la imagen de improvisación.

Los desajustes provocados por el desorden en el reinicio del curso político -que es también el tramo final de la legislatura- han tenido el efecto interno de propiciar una reflexión más serena sobre la estrategia para afrontar las próximas elecciones generales, ante las que el PSOE parte con ventaja, pero sólo con ventaja. Pese a la tentación de darlas ya por ganadas que se ha detectado en algunos círculos presidenciales, en la dirección del PSOE se reconoce que "la victoria habrá que pelearla".

La línea estratégica

Eficacia económica, bienestar social y cohesión de España serán los tres ejes visibles de la campaña de Zapatero, enmarcados en la idea global de "futuro", que tendrá su soporte en un programa electoral con cuatro pilares básicos: pleno empleo, salto cualitativo en el Estado del Bienestar, modernización de los servicios públicos y protección del medio ambiente. Pero la línea estratégica de fondo, según las fuentes consultadas por Público, será achicar espacios al Partido Popular para ocupar "la centralidad" política, sin que ello implique en absoluto renunciar a una oferta programática de contenido "claramente progresista".

Será así no sólo porque ahí se autoubican los votantes que cambian las mayorías, sino porque el fuerte impacto de medidas como la legalización de los matrimonios homosexuales, la ley de Igualdad o las reformas de los Estatutos de Autonomía han instalado la percepción social de que Zapatero ha gobernado para minorías (sociales y/o políticas), sin que se haya conseguido que la suma proyecte la visión de que se ha actuado en beneficio de la mayoría y con el inconveniente añadido de que se han difuminado las reformas que afectan al conjunto de la ciudadanía.

Este análisis anticipa como remota la posibilidad de que el PSOE incluya en su programa electoral, como un compromiso concreto y con plazo fijo, medidas polémicas como la legalización de la eutanasia."Tenemos un balance netamente favorable en todas las políticas, pero no en la política", argumenta un dirigente del sector tradicionalista del PSOE, que identifica "la política" con la "visualización de un proyecto de país" y específicamente con los dos asuntos que han polarizado la mayor parte de la legislatura: la negociación con ETA y la reforma territorial.

Pese a ello, el análisis interno es que el riesgo electoral derivado de ambas políticas está básicamente neutralizado. La fuerza de los hechos (ETA es una banda de criminales fanáticos) ha resituado al Gobierno en la lógica de la derrota del terrorismo, lo que -unido a la renuncia a gobernar Navarra con los nacionalistas escindidos de Batasuna- no sólo ha devuelto el sosiego social, sino que ha privado al PP del principal ariete de su oposición.

En cuanto a las controvertidas reformas de los estatutos de autonomía, aunque la cercanía de las elecciones está propiciando una "reactivación del nacionalismo soberanista" (los tradicionalistas del PSOE observan con preocupación "señales alarmantes" procedentes de Cataluña), el Gobierno confía en que la distribución territorial de inversiones que contienen los presupuestos para 2008 (con importantes inversiones en feudos del PP como Valencia o Castilla y León) neutralice la imagen de favoritismo partidista -para los propios socialistas o para sus aliados nacionalistas- y en que, al mismo tiempo, revitalice a su electorado en graneros decisivos como Cataluña­­.

Además, la previsión gubernamental es que -aunque el PP seguirá presionando para que no sea así- el Tribunal Constitucional no se pronunciará sobre el nuevo Estatuto de Cataluña hasta después de las elecciones, si bien la última maniobra del sector conservador, que ha logrado arrinconar a la presidenta, María Emilia Casas, pone esta previsión cuando menos en cuarentena.

El PP cambia de arietes

Este análisis coincide con el hecho de que el PP ya ha buscado recambio a las que han sido sus dos principales líneas de oposición durante la legislatura: la negociación con ETA y la reforma territorial han sido sustituidas por la guerra de las banderas y el vaticinio de recesión económica.

El primero de estos asuntos tiene un claro componente simbólico y, en cuanto tal, emocional, por lo que sirve al objetivo político de mantener prietas las filas propias. Con el segundo, los populares intentan generar un estado de opinión pública de incertidumbre a partir de datos como la subida de los tipos de interés, la crisis de las hipotecas en EEUU o el mal índice de empleo en agosto.

Esta última vía preocupa más en el PSOE por cuanto, si bien cree que esos datos son coyunturales y que el crecimiento económico de España seguirá por encima de la media de la Unión Europea, aunque se vea ralentizado, cabe que el nerviosismo que intenta generar el PP cale en los ciudadanos y provoque que, por ejemplo, se reduzca el consumo interno de forma que aminore más el crecimiento.En el capítulo de los escenarios favorables ocupa lugar destacado la próxima sentencia sobre el 11-M que, según todas las previsiones, desmontará definitivamente la teoría de la conspiración alentada o sustentada por el PP.

La expectativa de la cosecha

Así las cosas, en el PSOE se cree que el principal adversario ante las elecciones de 2008 no será tanto el PP como la abstención (la franja de tranquilidad se sitúa en un nivel de participación superior al 70 %). Para enfrentarse a este enemigo declarado, el PSOE confía en que el PP tense mucho la campaña electoral y una vez más recurrirá a las pautas tradicionales de plantear la elección en términos de izquierda/derecha y pasado/modernidad, con una dosis de optimismo y talante. Pero no sólo eso.

Zapatero hará hincapié en que en esta legislatura se han logrado grandes avances, pero sobre todo "se ha sembrado" y son necesarios al menos cuatro años más para "recoger los frutos" de reformas como las leyes de ayuda a la dependencia, de Igualdad o de impulso a los autónomos, así como de las medidas que afectan al modelo productivo, que globalmente "supondrán un salto de modernidad". Y también en que es a través de medidas de este carácter y de otras, como las inversiones en infraestructuras o la creación de la Unidad Militar de Emergencias, como se cohesiona realmente España.

Pulso partidista

En esta línea y al margen de las nuevas iniciativas que están aflorando en paralelo a la confección del programa electoral, buena parte de los esfuerzos del Gobierno en los escasos meses que quedan de legislatura se dedicarán a procurar que el ciudadano note en su bolsillo y en su calidad de vida el beneficio de esas reformas. Preocupa especialmente en este sentido el retraso en la ejecución de las ayudas por dependencia, que aún no han sido percibidas por nadie.

Puesto que su gestión corresponde a las comunidades autónomas, se barrunta que serán objeto importante de la pelea electoral. El PSOE ha pedido a sus gobiernos autonómicos que agilicen el pago de las ayudas prometidas, mientras que denuncia ya una voluntad de ralentización en territorios gobernados por el PP, como Madrid y la Comunidad Valenciana.