Domingo, 21 de Febrero de 2010

Pitos para los reyes en Bilbao

Sólo unos pocos espectadores cercanos al palco les aplaudieron. El resto pitó y entonó gritos de "¡Fuera! antes del inicio de la final de Copa de baloncesto

MIGUEL ALBA ·21/02/2010 - 19:17h

EFE / PÚBLICO - Montaje en el que se puede ver al rey saludando a los aficionados mientras varios jóvenes le pitan y le hacen la peineta.

Esta vez no hizo falta un barrido en la señal de los móviles para anunciar la presencia de los reyes. Una intensa pitada acompañó a los jefes de Estado en su entrada y acomodo en el palco del Bizkaia Arena. Al igual que sucedió en la pasada Copa del Rey de fútbol en Mestalla, entre el Athletic y el Barcelona, el protocolo del himno nacional intensificó los silbidos. La megafonía intentó, sin éxito, silenciar la crítica. Cuánto más se elevó el volumen del himno nacional, mayor fue el esfuerzo de la grada del BEC por elevar el tono de sus pitidos ante la presencia de los reyes en el palco del palacio de congresos bilbaíno.

Los gritos de "fuera, fuera", coreados en las zonas donde se ubicaban los seguidores del Barcelona y Baskonia, se escucharon durante una versión especialmente corta del himno. En apenas un minuto, la grada del BEC, con la única excepción de la zona tomada por los aficionados del Real Madrid, expresó su disconformidad con la presencia real.

Una situación que TVE, que esta vez sí retransmitió la ceremonia en directo (en Mestalla cortó la señal), minimizó aumentando el audio del himno frente al sonido ambiente del pabellón bilbaíno.

Seguridad extrema

La llegada de los reyes estuvo precedida de unas intensas medidas de seguridad en un amplio perímetro alrededor del BEC. Incluso en la estación de metro de Gurutzeta-Cruces, parada anterior a la de Ansio, donde se sitúa el Bilbao Arena, agentes del ejército controlaban tanto los accesos, como el movimiento en los andenes, tres horas antes del inicio de la final.

Ya en el BEC, los exhaustivos controles produjeron largas esperas en los accesos. El protocolo de control a los aficionados fue tan exhaustivo que se obligaba al disparo de una instantánea de las máquinas fotográficas, para confirmar que, efectivamente se trataba de cámaras.

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