Viernes, 19 de Febrero de 2010

Moyà complica al Valencia

Los valencianos pierden (1-0) con el Brujas

ALFREDO VARONA ·19/02/2010 - 00:30h

Kouemaha dispara a puerta en la acción del gol del Brujas. EFE

Hoefkens es un tipo con acero en los dientes y un físico imperial. Al lado de Silva, parece una muralla. Pero a los 54 minutos, en un córner en el área del Brujas, en el que los defensas sujetan a los delanteros, se cambiaron los papeles. Fue el diminuto Silva el que clavó los tacos a Hoefkens, a ese tipo con pinta de ogro que aceptó la patada sin rabia. Al contrario. Teatralizó todo lo posible y, mientras se rebajaba en el césped, logró lo que buscaba. Silva fue expulsado. De paso, el delantero aprendió una cosa más: al lado de este tipo de defensas que se las saben todas, el fútbol no sólo es talento. También es teatro.

Un minuto después, el Brujas viajó con rapidez al área de Moyà, un portero aplastado por el escudo. A Kouemaha le salió un disparo a medias. Pero Moyà, en su clásica penitencia, se lo tragó sin perdón. En realidad, el gol fue una mala broma, pero a la vez simplificó la diferencia de jugar con portero o sin él. Quizá Stijnen, el del Brujas, no sea de lo más reputado, pero anoche cumplió todo su deber. Gritó a sus defensas, pegó duró a la pelota e incluso, una vez en la que se sintió batido, la pelota le pegó en el pecho. Llegados a ese punto, los porteros se sienten dioses.

En el Brujas no hay nada. Su fútbol tiene un perfil físico, con gente que salta por encima de las olas como Kouemaha, que a la media hora pegó un larguero extraordinario. También en Akpala se advierte lo distinto. Pero, más allá de eso, no tiene a rompecorazones. La mayoría son gigantes, de lo más responsables con la pelota. Bajo una condición normal, deben perder por dos o tres goles frente al Valencia. Cuando la pelota baja al piso, la diferencia es brutal, pero anoche pudo más el teatro de Hoefkens o su corpulencia. Sacó a Silva del partido y, junto a Alcaraz, impuso sus deseos en el área. Hay mucha gente que se gana la vida así, y es una manera noble de hacerlo. Los futbolistas también son actores. Silva, desde anoche, jamás dirá que no.

Reacción valenciana

En la última parte, el Valencia atacó de veras. Al menos, esa intención profesó. Sus talentos llegaron a darse algún paseo en barca por la Venecia del Norte. Villa sacó un poste y Mata una volea que sonaba a gol. Pero una de dos, o faltó suerte o hubo portero. El caso es que al final, el Brujas se defendió sin gran angustia ante un Valencia, que pudoser más competitivo.

El partido lo arrancó a un ritmo infernal. A los cinco minutos, Mata, Villa y Marchena habían probado por tres veces a Stijnen. Parecía que le iba la vida. Pero después le faltó peso y futbolistas a concurso. Joaquín, hasta que se retiró, tuvo la misma trascendencia que el delegado del campo. Salió entonces Pablo Hernández y se animó todo, aunque en la desesperanza, el Valencia ya no encontró más opciones de gol.

El desastre pudo ser peor en el minuto final. Dealbert confundió la rapidez con las prisas y, al saque de un balón junto a su portería, entregó la pelota a Lestienne, que no supo qué hacer con ella. El portero Moyà lo agradeció, claro. Una penitencia menos para el viaje de vuelta, donde tocará remontar.