Viernes, 19 de Febrero de 2010

Cómo explicar El grito sin ver El grito

Una exposición en París desvela los secretos dela obra de Munch

ANDRÉS PÉREZ ·19/02/2010 - 08:30h

Baiser sur les cheveux, de 1915. - ANDRÉS PÉREZ

El Antigrito es el extraño nombre que ha recibido la laberíntica exposición del pintor Edvard Munch que se inaugura hoy en la Pinacoteca de París, y que estará abierta los próximos meses. Si bien el visitante se queda con ganas de comprender el extraño título, los amantes de Munch o de la pintura de finales del XIX y primeros del XX quedarán saciados con la muestra: cuenta con cuadros de colecciones particulares rara vez expuestos, desvela las técnicas del artista, revela el pánico que le provocaban las mujeres y explica la distancia de Munch respecto a las corrientes de cada época.

El Grito no está presente en ese extraño museo enroscado en sí mismo que es la Pinacoteca de París, museo municipal de la Ciudad Luz. Pero sí se respira en la mayoría de las 110 obras expuestas la misma angustia, soledad, melancolía y desesperación que convirtieron aquel aullido en un clásico. Se explica su gestación, y las raíces y ramas que tiene en la mente y la vida del artista.

Su condición como precursor del expresionismo es una de las argumentaciones de las cinco salas a lo largo de las cuales se extiende toda la obra del creador. De 1880 a 1892, el joven pintor se esfuerza por demostrar el dominio de la figurativa e incluso del naturalismo, en cuadros de paisajes de su tierra, obras en las que ya empieza a utilizar panoramas como metáfora de la sensación de soledad.

Exposiciones y estancias en Berlín y París, entre 1892 y 1897, le dieron la ocasión de confrontarse al nacimiento del grafismo moderno, con obras polémicas por su aspecto inacabado. Es en la sala consagrada a Munch y la ruptura, de 1898 a 1908, donde se encuentra la clave del Grito. Obsesionado por la idea del niño enfermo, hizo una serie de litografías en la que contrapone mujeres plácidas semidesnudas a un niño monstruoso que ya tiene la boca abierta. Para los comisarios, es "la constatación de la vampirización del hombre embrujado por la mujer".

Menos interesantes son los dos períodos ulteriores, en los que un Munch ya consagrado se dedicó a experimentar con la foto y las imágenes cinéticas estampadas y pintadas. En ese momento, hacia 1940, el artista, siempre distanciado un paso de todas las vanguardias que había visto pasar, escribió: "Ahora llega el momento de las sombras. El realismo era una fachada". Estaba medio ciego y sujeto a alucinaciones provocadas por sus propios cuadros de juventud. Falleció en 1944.