Miércoles, 17 de Febrero de 2010

Capturado en Pakistán el jefe militar de los talibanes

La CIA y los servicios secretos paquistaníes detuvieron al número dos talibán en Karachi y lo están interrogando. Es el arresto más importante desde el inicio de la guerra en Afganistán tras el 11-S

ELISA RECHE ·17/02/2010 - 00:45h

Fuerzas blindadas de Pakistán participan en unas maniobras militares en Muzaffargahr, cerca de Multan, en el centro del país. - EFE

Los líderes talibanes afganos ya no disponen de un santuario sagrado en Pakistán. El mulá Abdul Ghani Baradar, jefe militar de los insurgentes y segundo en la cadena de mando, fue capturado en la ciudad portuaria paquistaní de Karachi en una operación conjunta de los servicios secretos estadounidenses y paquistaníes, según desveló ayer el diario The New York Times y confirmaron más tarde otros medios estadounidenses.

La caída del mulá Baradar es el arresto más importante de un líder talibán desde que comenzara la guerra en Afganistán en 2001, tras el 11-S, y supone un balón de oxígeno para las fuerzas de la OTAN en plena ofensiva en la provincia sureña afgana de Helmand. Además, los analistas consideran que puede ser un punto de inflexión en la lucha contra la insurgencia afgana.

Los talibanes lo niegan

Como es habitual, los talibanes se han apresurado a negar la información. "No ha sido capturado. Quieren difundir un rumor para desviar la atención de sus derrotas en Mar-jah y confundir al público", dijo a Reuters el portavoz talibán Zabihulá Muyahid, en referencia a la campaña de las fuerzas aliadas en Helmand.

Por su parte, el ministro de Interior paquistaní, Rehman Maliki, ha calificado su arresto de "propaganda". Además, ha negado que la CIA desarrolleactividades secretas en suelo paquistaní, una afirmación poco creíble.

Estados Unidos confía en que la detención pueda conducir hasta su líder, el mulá Omar. Junto a él, Baradar fue uno de los cuatro fundadores del movimiento talibán, que estuvo en el poder en Afganistán entre 1996 y 2001.

El mulá Baradar dirigía la estrategia bélica, política y financiera rebelde

"Si hay alguien que pueda saber dónde están los líderes de Al Qaeda y de los talibanes, ése es Baradar", señaló ayer M. J. Gohel, director ejecutivo de la Asia-Pacific Foundation.

Baradar se encuentra bajo custodia paquistaní desde hace varios días y está siendo interrogado por la CIA y los servicios secretos paquistaníes (ISI), conocidos por sus métodos brutales.

Nacido en la provincia central afgana de Uruzgán, el mulá era el presidente del consejo directivo de los talibanes, conocido como la Shura de Quetta por la ciudad paquistaní, capital del Baluchistán, en la que se cree que se reúnen y desde donde se coordinan las acciones armadas en las provincias afganas fronterizas.

Baradar se encontraba al cargo de la estrategia militar y política de los insurgentes, así como de los aspectos financieros, lo que hace especialmente relevante su arresto. "Desde un punto de vista militar, es probablemente más importante que el mulá Omar, porque este último es más una figura religiosa que un comandante", declaró a la CNN el analista en seguridad Peter Bergen.

Lejos de las áreas tribales

Bergen resaltó además que Baradar haya sido capturado en Karachi, tan lejos de las áreas tribales paquistaníes donde la CIA ha situado en los últimos años a la cúpula talibán y de Al Qaeda. Ahora se cree que también otros líderes insurgentes se han dirigido a esta gran metrópoli paquistaní huyendo de los cada vez más frecuentes ataques de aviones no tripulados estadounidenses.

Baradar fue viceministro de Defensa durante el régimen talibán y se le considera favorable al diálogo. Tanto es así, que su nombre figuraba en las quinielas de las negociaciones secretas entre el Gobierno afgano y los insurgentes.

La fructífera colaboración entre los servicios de inteligencia paquistaníes y estadounidenses para arrestar a un líder talibán ha supuesto un giro drástico en la actitud de los primeros, quienes se habían mostrado reticentes a perseguir a los insurgentes afganos escondidos en el país.

El Ejército paquistaní y el ISI parecen haber cedido ante las presiones de Washington para que Pakistán deje de ser el escondite de la cúpula talibán y de Al Qaeda.